Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma. no vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu Amor, pero no tus pensamientos, pues Ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus Almas, porque Ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en Sueños. Puedes esforzarte en ser como Ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no se detiene en el ayer. Tú eres arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la Felicidad.

Khalil Gibran

jueves, 7 de abril de 2011

Reflexiones sobre el nacimiento de Raúl

Después de algo más de seis meses me he decidido a empezar a contar la historia que aún no expliqué, la historia de mi parto y a la vez el nacimiento de Raúl. Pero antes, algunos sentimientos y pensamientos escondidos.

Hay tantas cosas dando vueltas en mi cabeza...no me atrevía a dejarlas ir de forma libre, a pesar de que las siento dentro pujando por salir.

A veces siento que debí hacerlo antes. Miro a mi bebé y me siento feliz, pero al leer en la red cosas que me interesan sobre el embarazo, el parto y la crianza, al escuchar las experiencias de mis compañeras del grupo de lactancia... siento un poquito de pena, noto esa espinita que se clava un poquito para recordarme que aún sigue ahí, que no hemos conseguido desenquistarla a pesar de haberme repetido en infinidad de ocasiones que la experiencia tuvo que ser de aquella manera, que lo hice lo mejor que supe dentro de las circunstancias hospitalarias, que me anularon de alguna manera.

Si hubiera escrito antes esta historia, puede que hubiera sido muy distinta a lo que ahora plasmaré, porque a pesar de que tras el parto sentí un poco que había fallado, que no había sido lo que yo quería que fuera para él, me convencí en las horas y días posteriores que había sido valiente, que me tenía que sentir orgullosa de haber pasado tantas horas en casa antes de acudir al hospital, sintiendo a mi bebé sin miedos, sabiendo que estábamos haciéndolo bien los dos. Bueno...las cosas a veces son distintas en función de desde qué perspectiva las mires.

Cada vez me doy más cuenta de que el nacimiento de Raúl no fue ni de lejos lo que quería, el acto de amor que deseaba, y tengo una herida que escuece, aunque no sangra. ¿Por qué? No me di cuenta y me da rabia, porque pude parar la cadena, creo que pude, y quizá el miedo me frenó, o el cansancio, o el dolor, no lo sé. ¿Fue de manera inconsciente, o no? Pero así fue. ¿Mi bebé nació cómo quiso? ¿Por qué no pude dejar salir a la Mamá Leona, al instinto enorme que sé que crece dentro de mí? Necesitaría haberme escondido en una madriguera pequeñita que no supe crear dentro de mí, porque desde luego el hospital definitivamente, no es el lugar para parir.

Quizás me hacía falta la experiencia, la apertura del camino, para acercarme más al mundo que quiero para él, para mí, para nosotros. Quizá mi cuerpo necesitó ese empujón que Raúl me dio para sentir de verdad, desde ese momento. Nunca pensé llegar a ser quién soy hoy, pero sé que todo lo que ahora hago estaba dentro de mí y quizá Raúl lo ha ayudado a salir mediante su nacimiento y mi parto. Finalmente, mi cuerpo se abrió, a pesar de todo, a pesar de lo medicalizado que fue. ¿Mi bebé me ha enseñado que puedo parir? ¿De alguna manera yo no sabía que puedo parir y por eso me dejé llevar por todo ese ambiente? Las experiencias de mi propio nacimiento se impregnaron en mí, y tal vez por fin las he abrazado y aceptado.

Desde luego, a pesar de todo, mi parto fue un acto de amor, con dificultades que superamos, los dos juntos. Dándole finalmente ese abrazo que solo se puede dar pariendo, el abrazo primigenio del canal del parto.

(Si quieres seguir leyendo sobre el nacimiento de Raúl y mi parto, pincha aquí).

2 comentarios:

  1. Era normal que tuvieras miedo, y que en este mundo tan desnaturalizado nos olvidemos de que podemos parir. Yo, por ejemplo, aún creo que no puedo. Creo que no tendré la fuerza, ni la entereza ni el aguante que hace falta para llevar a cabo un trabajo tan difícil. Tampoco creo que sería una buena madre. Carezco de la capacidad de cuidar a nadie porque aún apenas sé cuidar de mi misma. Quizás tanto amor me da miedo porque da miedo perder algo a lo que amas tanto. Ese propio miedo me llenaría de ansiedad y preocupación innecesarias y ahogaría a ese bebé en mi anhelo de protegerlo, de que fuera siempre mio. Por ello, tal vez yo nunca sea madre. Por ello tal vez, tenga que conformarme con ver la imagen de familia feliz de mi gente cercana sin tener jamás la mia propia.
    Es muy bonita tu preocupación por si lo hiciste bien en tu parto, y lo hiciste perfecto. De hecho, el que te hayas parado a reflexionar sobre ello ya demuestra que lo hiciste muy bien.
    Besos

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu comentario. La verdad es que la sociedad civilizada en la que vivimos nos hace olvidarnos de lo más natural que tenemos, pero ahí está, dentro de nosotras, siempre. Yo no recuerdo miedo al parto, ni miedo al dolor, al menos al principio, lo que sí me ha quedado grabado es el hecho de que me repitieran tantas veces que si no hacíamos esto o aquello igual acabábamos en cesárea... me hacían sentir miedo, porque tal vez no iba a ser capaz de parir. Por eso opino que lo mejor es dejarse llevar por una misma, porque está en nuestros genes, aunque no lo recordemos. Somos valientes, somos mujeres!

    ResponderEliminar

Busca, busca...

Lilypie Breastfeeding tickers

Acompañantes en mi maternidad