Estoy aquí sentada, en el suelo del lugar donde se dieron los últimos minutos de este embarazo, con el vello de punta, recordando sensaciones y emociones, observando las marcas físicas que aún quedan y nos nos atrevemos a borrar por el momento. Empezando a contar ese precioso Viaje que la gran Iara nos ha regalado...
Lo iniciamos sin yo ser consciente del todo, empezó unas tres semanas antes de pasar ese rato en esta habitación desde la que escribo. (Ay, si me concentro aún siento el olor de la Vida aquí...) Las pulsiones llegaron pronto, pero no se quedaban conmigo, me acompañaban un rato, unas horas, y pasaban de largo. Faltaban algunos días para la fecha prevista, y el que llegaran tan pronto me daba ánimos, me hacía creer que no tendría que pasar por el hospital hasta que llegara el final. Pero no fue así, por eso llegué a dudar, por eso me planteaba si debía alargar el proceso o simplemente dejarme llevar por "matrix" e inducir cuando decían que tocaba...
Hubo al menos dos ocasiones en las que sentí que estaba de parto (porque realmente lo estaba, ahora lo sé) y al final volvía a dormirme sin llegar a más. Pasábamos unas horas entre contracciones, ella y yo solas, disfrutando del momento, gozando enormemente, unidas, conectadas, vibrando, respirando... y después se iban espaciando hasta que cedían. Yo sentía que con ello estábamos haciendo un trabajo, que algo tenía que estar abriendo para que ella iniciara su camino a través de mí, pero hubo momentos de duda que me velaron la mirada hacia adentro, hacia mi pequeña.
Así llegamos a la fecha probable de parto con Iara aún en mi vientre y decidí no acudir a la primera cita de monitores creyendo que pariría sin tener que pasar por allí. Pero pasaron los días y concerté una cita, porque en el día de mi cumpleaños me desperté nerviosa, agitada, sintiendo que la cosa no marchaba, que había vuelto a tener contracciones un poco más intensas pero que habían vuelto a abandonarme, así que sentí que tenía que acudir. Todo estaba bien y tenía que volver tres días después. Nada pasó el fin de semana, parecía que todo se había parado, pero yo tenía claro que quería que fuera mi hija la que dijera cuando deseaba nacer, así que cuando me dijeron de inducir el día que cumplíamos 41 + 3, les dije que preferíamos esperar al menos hasta la semana 42. No hubo ningún tacto porque no era mi deseo, así que tampoco sabían si había algún cambio en mi útero, aunque como digo, internamente sentía que sí, pero las dudas me hicieron sentir inseguridades y miedos los últimos días.
Volvía a sentirme empujada hacia la inducción, como con Raúl, ¡¡mi miedo!! Quedaban tres días para volver y decidir si inducir o esperar... ya no sabía lo que quería, lo hablaba con Paula y ella me infundía confianza, pero yo no era capaz de sentirla del todo. ¿Y si mi niña necesitaba que fuera una inducción? ¿Y si yo lo necesitaba por algún motivo? No sabía qué sentir. Estaba triste y enfadada, me sentía desconectada profundamente de la pequeña, no la entendía, no sabía por qué esas contracciones no ponían en marcha el parto de verdad, ¿y si se debía a que yo lo frenaba por algo emocional, o lo que fuera? ¿Y si lo estaba bloqueando? Ufff, qué difícil, qué de llantos...
La última noche con Iara en mi vientre la pasé llorando, me desperté llorando el día 26, sintiéndome menos mujer porque no era capaz de escuchar a mi cuerpo y a mi bebé... Pero ese día algo cambió. "¡¡Hoy es mi renacimiento!!" ,me dije cuando mi ángel me despertó, ¡gracias! Y de repente algo hizo click. Unas contracciones muy suaves se iniciaron de nuevo hacia las 10 y media de la mañana, contracciones que me permitían seguir con mi rutina habitual, más suaves que las que había sentido días anteriores.
Por la tarde llegaron Paula y su familia para cuidar del peque, ya que yo iba a hacer mi segunda sesión de moxibustión con mi amiga Eva, a ver si le dábamos un empujoncito a Iara. Decidí no ir conduciendo, Luis me traería después y listo. Las contracciones no se habían esfumado, llevaba unas 7 horas, pero se habían ido espaciando. Cuando entré en la consulta volvían a ser más intensas y seguidas y a medida que pasaba el tiempo se hicieron más potentes, pero podía mantener mi conversación con ella y mantenerme tumbada en la camilla sin más problemas. Al salir ya fue otro cantar. Me levanté y algo cambió de nuevo.
Luis me recogió, yo no sabía cómo ir en el coche, me quité el cinturón porque no podía moverme... al llegar a casa casi no saludé ni a mi niño, ¡necesitaba llegar ya! Empecé a vibrar con las contracciones, no podía dejar de moverme. Ahí empezó todo para mí. Eran las 7 y media de la tarde.
Iara y yo volábamos como una pluma con cada contracción, éramos suaves como ella, sutiles, nos manteníamos firmes en el aire gracias a mi respiración, no podíamos caer. Éramos una pluma blanca que flotaba libre y ligera, que bailaba, sin peso, sin miedo, sin límites. Y así pasaba una contracción tras otra, así vivimos las pulsiones de Vida. Yo me dejaba llevar, ella se dejaba llevar, todo fluía, mi respiración nos elevaba.
Cada vez eran más seguidas, intentaba sentarme a descansar entre unas y otras pero era imposible, antes de caer en el sofá tenía que volverme a levantar para moverme al son de la música que sólo nosotras escuchábamos, apoyada en la barandilla de la escalera mientras mi chico me ponía calorcito en el sacro. Paula apagó todas las luces y dejó todo en semipenumbra, me trajo agua, sacó a los peques, llenó la bañera cuando la pedí... estaba en todas partes para lo que hiciera falta, y en realidad parecía que no estaba. Y mi chico... mi chico era el sostén más fuerte que pueda existir, siempre ahí para mí/nosotras.
Subimos al baño para meterme en la bañera y ahí me relajé por un segundo, pensando que ahora podría descansar, pero de nuevo contracción, contracción, contracción... yo no sabía porqué iba tan rápido, pensaba que estaba en el principio, el dolor era similar a las primeras pulsiones del parto de Raúl, muy manejable, incluso lo agradecía, era el inicio del viaje para ver a Iara por fin. Ni siquiera puedo llamarle dolor, hasta que llegó una contracción en que perdí el rumbo, no podía respirar bien, mis pensamientos iban hacia el hospital y la epidural, quería que me llevaran para dejar de sentir ese dolor. Cesó y me di cuenta de algo, vi gotas de sangre caer al suelo y dije: Iara ya está aquí. Mis recuerdos me dicen que miré a Paula para decírselo, pero no sé si fue así o es lo que mi mente ha guardado... Quise ir al baño pero supe entonces qué era realmente lo que empujaba por salir, así que toqué mi vulva y me di cuenta de que la cabeza de mi niña ya estaba allí y no lo pude creer. Estábamos preparados para pasar la dilatación en casa y acudir al hospital cuando las cosas estuvieran más avanzadas, pero Iara ya estaba allí. No tuve tiempo de pensar en ello, solo me dejaba llevar...
De repente tuve ganas de pujar, les dije sorprendida aún: "¡¡Tengo ganas de empujar!! ¡¡No puede ser!! ¡¡No puede ser!!" A lo que Luis me dijo muy suave y tranquilo: "Empuja" Y me colgué de él y me abrí, sin dolor, transformando esa sensación en placer. Al primer pujo sentí que la cabeza bajaba pero aún no salía, no sé si rompí la bolsa aquí o antes... Al siguiente sentí la intensidad de mi periné estirando al máximo, y de repente el placer del paso de la cabecita de la pequeña Iara, y la toqué por instinto, blandita, mojadita, calentita... Llené todo de sangre desde entonces, mi cara, la de Luis, el mueble, su ropa... Todo se llenó de olor a Vida.
Paula estaba detrás de mí, agachada, con Edén en el fular, me preguntó si quería recibirla, le dije que no podía, que estaba colgada de Luis y necesitaba seguir así, Luis también dijo que no, y le hizo un gesto para que fuera ella la que la sostuviera para darle la bienvenida. Y al siguiente pujo la tenía en sus manos, sosteniéndola escasos momentos antes de pasarla bajo mis piernas para que pudiera saborearla por fin.
Todo se dio rapidísimo, me llené de emoción en ese instante en que nuestras pieles se tocaron, me tumbé en el suelo con ella sobre mi vientre, sintiendo su calor, su humedad, su olor, esa dulzura que me regalaba. No había lágrimas, me sentía explotar por dentro... ¿cómo era posible sentir tanto Amor? Pasamos minutos tiradas en el suelo, entre toallas, mirándonos, abrazándonos, sonriendo y Sintiendo. Estaba en un estado de hiperconsciencia, ¡¡¡estaba repleta de la hormona del Amor!!! La verdad, no pensé en Raúl, pero de repente Paula lo trajo consigo, y era justo lo que quería en ese momento, qué maravilla que te anticiparas a mis pensamientos... Nos miró y aunque algo asustado, por la situación, la sangre, su madre hiperamorosa, siento que recibió a su hermana con Amor.
Tras ese rato de gozo llamamos a la ambulancia y todo siguió fluyendo fácilmente, fuimos al hospital sabiendo que volveríamos a casa en un rato, y allí todo fue sencillo, nos vieron a las dos, todo estaba bien y regresamos a casa felices para pasar nuestra primera noche en familia, otra vez.
Y sí, aunque aún hoy me resulte increíble, Iara nació en el baño de nuestra casa, sin haberlo preparado, en un ambiente cálido, acogedor, a la luz de las velas, tranquilas, rodeadas de la gente a la que queremos... fue PERFECTO. Nunca sentí que estuviera tan cerca, pero Iara lo tenía muy claro, ya me había mostrado que era una bala antes...
Fue un parto intenso, hermoso, bello, íntimo, rodeada de Amor. Fue Mágico. Era el nacimiento que ella ansiaba y me regaló el parto que yo necesitaba. Siento que fueron tres semanas de Viaje, aunque el final se dio en apenas 45 minutos. Disfruté enormemente del parto, desde el principio hasta el fin, lo sentí, ella me guió y yo fui su canal. Nunca pude imaginar un parto tan perfecto, con tanta conexión. Mi cuerpo se abrió con la sabiduría que está escrita en sus células, confié, estuve inmersa en el planeta parto...
Gracias mi pequeña belleza, por haberme regalado taaaaaaanto.
Gracias a mi pequeño monito, por ser tú, por abrir caminos.
Gracias mi Amor, por haber sido ese pilar, por tu entrega, por tu tranquilidad.
Gracias Paula, por haber estado sin estar, por haber hecho que todo terminara de girar, por haber recibido a nuestra hija en tus amorosas manos.
Gracias a la familia de Paula, por habernos acompañado también, por haber cuidado tan bien de nuestro pequeño en esos momentos.
Gracias a mis amigas, a mis "ángeles", por haberme acompañado en la distancia, por haber estado con nosotras de esa forma tan especial, por habernos insuflado Confianza y Fuerza, y sobre todo, Amor.
Doy gracias a la Vida...


Tras ese rato de gozo llamamos a la ambulancia y todo siguió fluyendo fácilmente, fuimos al hospital sabiendo que volveríamos a casa en un rato, y allí todo fue sencillo, nos vieron a las dos, todo estaba bien y regresamos a casa felices para pasar nuestra primera noche en familia, otra vez.
Y sí, aunque aún hoy me resulte increíble, Iara nació en el baño de nuestra casa, sin haberlo preparado, en un ambiente cálido, acogedor, a la luz de las velas, tranquilas, rodeadas de la gente a la que queremos... fue PERFECTO. Nunca sentí que estuviera tan cerca, pero Iara lo tenía muy claro, ya me había mostrado que era una bala antes...
Fue un parto intenso, hermoso, bello, íntimo, rodeada de Amor. Fue Mágico. Era el nacimiento que ella ansiaba y me regaló el parto que yo necesitaba. Siento que fueron tres semanas de Viaje, aunque el final se dio en apenas 45 minutos. Disfruté enormemente del parto, desde el principio hasta el fin, lo sentí, ella me guió y yo fui su canal. Nunca pude imaginar un parto tan perfecto, con tanta conexión. Mi cuerpo se abrió con la sabiduría que está escrita en sus células, confié, estuve inmersa en el planeta parto...
Gracias mi pequeña belleza, por haberme regalado taaaaaaanto.
Gracias a mi pequeño monito, por ser tú, por abrir caminos.
Gracias mi Amor, por haber sido ese pilar, por tu entrega, por tu tranquilidad.
Gracias Paula, por haber estado sin estar, por haber hecho que todo terminara de girar, por haber recibido a nuestra hija en tus amorosas manos.
Gracias a la familia de Paula, por habernos acompañado también, por haber cuidado tan bien de nuestro pequeño en esos momentos.
Gracias a mis amigas, a mis "ángeles", por haberme acompañado en la distancia, por haber estado con nosotras de esa forma tan especial, por habernos insuflado Confianza y Fuerza, y sobre todo, Amor.
Doy gracias a la Vida...





Preciosa.... Me has hecho estremecer ...me has llevado contigo a ese momento mágico ...gracias por este precioso relato. Gracias Iara ...
ResponderEliminarQué os voy a contar a vosotras... Gracias por estar con nosotras. Os quiero!!
EliminarPreciosa.... Me has hecho estremecer ...me has llevado contigo a ese momento mágico ...gracias por este precioso relato. Gracias Iara ...
ResponderEliminarQue emocionante! Me ha encantado leerte, cuánta Vida y cúanto Amor!
ResponderEliminarFelicidades!
Un abrazo!
Poniéndome al día estoy... ahora el tiempo empieza a escasear de verdad! Gracias, gracias, cada vez que lo recuerdo... se me eriza el vello...
EliminarGracias por pasar a compartir este maravilloso momento de nuestras vidas. Un abrazo. ^
Por cierto, voy mirando tu blog, que me encanta!! Cuántas ideas!!
ufffffffff, qué emociones más bonitas me has hecho sentir, mil gracias! Enhorabuena por esa preciosidad que ya está contigo y por todos los seres queridos que tienes alrededor.
ResponderEliminarGracias Inma, os leo, pero no tengo tiempo ni de contestar a los comentarios... Me encanta compartir con vosotras cosas tan bonitas!
EliminarEnhorabuena por todo, por tu parto, por tu niña, por tu marido, por la compañía tan acertada ese día, por tu hijo mayor (q tal suena?). Me ha encantado saber que fue así, como lo describes. Me alegra mucho, de verdad.
ResponderEliminarGracias cielo. Gracias de veras. Nunca pudimos imaginar que todo saliera de esa manera taaaaan perfecta para todos!
EliminarCarol, preciosa, enhorabuena!! Qué regalo más inmenso nos haces al compartir esta experiencia, estas fotos!! Estás radiante, estás bellísima, eres una DIOSA!! Te quiero, pequeña, te quiero mucho!! Estoy muy emocionada!!! Qué grandes sois!!
ResponderEliminarLo que le decía a Cata, aunque tarde, contesto, OS QUIEROOOOOO. Gracias por vuestra compañía.
EliminarGuau, impresionante Carol, que maravilla, muchisimas gracias por compartirlo con nosotros, felicidades preciosa. Un besazo
ResponderEliminarGracias por pasar, estoy aún en una nube, maravilloso es poco para describir ese momento... mmmmmm, qué bonito es recordarlo una y otra vez.
EliminarQué momentos tan emocionantes y preciosos. Me alegro mucho de que todo haya salido como tenía que salir. Has sido muy valiente.
ResponderEliminarEnhorabuena!!
Gracias guapa! Justo eso, todo fue como tenía que ser, perfecto! No fue valentía, jeje, repito lo que dijo Marta hace unos días, fue puro instinto...
EliminarTe he leído emocionandome a cada palabra tuya, con mi pequeña durmiendo tranquila en mis brazos, esa pequeña que me hizo vivir hace mes y medio las mismas sensaciones, el AMOR en mayúsculas. Enhorabuena!
ResponderEliminarQué emocionante compartir esos sentimientos!! Gracias!!
EliminarNo siempre me emociona ya leer relatos de parto... Hoy el tuyo lo ha logrado! Creo que me emociona apreciar cómo las mujeres se dejan sorprender por su propia sabiduría... admirable! TE FELICITO!
ResponderEliminarFelicidades para toda la familia! ♥
(y yo que venía por algo que decías en un comentario viejo en mi blog.... me alegré de andar atrasadísima! jajajaaaa!)
Me alegra que te hayas emocionado, yo lo cuento y lo leo emocionada cada vez... ♥♥
EliminarGracias, justo es eso, dejarse llevar, mi cuerpo es sabio, y el de mi hija, y nos hemos sentido guiadas por esa sabiduría. Ha sido una bella sorpresa muy muy agradable vivirlo así.
Gracias por pasarte!!
La emoción me deja sin palabras. Te leo una y otra vez y vuelo... me inundan las sensaciones, el olor a Vida, las miradas...en fin TODO!
ResponderEliminarSabes todo lo que siento/ sentimos, por eso sé que aunque esta emoción no me permita encontrar palabras tan grandes para describir, me siento profundamente Agradecida y Afortunada...
Os Amo FAMILIA!
Y nosotros te amamos a ti, a vosotros.
EliminarAy, Carol, no sé cómo me había perdido este post. Cómo me he emocionado leyéndolo y recordando nuestras conversaciones de esos días. Desde luego fue un parto increíble y las fotos son preciosas. Y lo has descrito todo de un modo maravilloso, será un regalo precioso para Iara. Te quiero guapa
ResponderEliminar