Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma. no vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu Amor, pero no tus pensamientos, pues Ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus Almas, porque Ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en Sueños. Puedes esforzarte en ser como Ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no se detiene en el ayer. Tú eres arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la Felicidad.

Khalil Gibran

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domingo, 20 de septiembre de 2015

Mi 33 cumpleaños ya llegó... Ya pasó...

Hoy es mi cumpleaños...
Un día especial, un día doblemente especial desde hace 5 años ya.

Poco a poco la celebración de este día ha ido cambiando. Hoy ya no tengo tanto protagonismo exterior, aunque yo cada año me siento cerca de ese momento que estaba viviendo, de mi propio nacimiento. Qué hacía mi madre? Cómo estaba yo? Cómo sintieron el que nos separaran? Tantas cosas pasan durante el día por mi mente... 

Pues hoy me desperté temprano, y esperé tumbada en la cama, al lado de mi familia, a que ellos también despertaran.
Mi niño hermoso se despertó acariciándome. Abrió un ojito y me miró con ternura.
Estuvimos hablando del día que era hoy, de los años que cumplo, y de que justo mañana hará 5 años que nació... 5 años!

Y ahí es donde llega esa maravillosa coincidencia de la vida. Mi niño mandó las primeras señales para nacer en el día de mi aniversario de nacimiento. Sanando heridas, dejándome vivir intensamente otra nueva historia.
El 20 de septiembre de 2010 Raúl decidió que era su momento, y a las 22,20 de la noche me dijo que estaba listo con la primera contracción de un no parar ya hasta que nació. Qué REGALO. La hora exacta de mi nacimiento... 💗

Gracias gracias gracias por haber venido con tantas cosas bajo el brazo. Te amamos infinito.


jueves, 26 de septiembre de 2013

Y llegaste tú...

Con toda esa fuerza, con toda esa magia, con toda esa belleza y sobre todo, con todo ese AMOR. 

Tu olor...
Tu sabor... 
Tu calor...
Tu humedad...

Nada de todo eso podrá borrarse de mi ser.

Hoy hace un año estaba danzando contigo, deseando mirarte a los ojos, esos ojos que se me hacían esquivos las últimas semanas de embarazo, en que parecía que sí pero no... Ayyyy cuánto agradezco ese viaje que nos diste! Más de 3 semanas de pulsiones suaves y maravillosas que nos unían en esos ratos de divino Placer, más de 3 semanas de infinita Conexión, de respiraciones compartidas, de abrir, de VIVIR!! Más de 3 semanas acercándonos, más de 3 semanas de parto con un final apoteósico.

Eres pasión, eres una bala, eres un Regalo. 

Siento aún cada sensación, cierro mis ojos y me sumerjo en ese planeta parto que nunca pude imaginar mejor. En que el dolor no era tal, en que transformaba en placer cada sensación. Esa suavidad de tu cabecita abriendo paso. Yo respirando para ti, para regalarte ese momento tranquilo y acompañado.

No puedo dejar de agradecer, cada uno de vosotros sabéis que estáis en mi corazón! Cada uno. 

Iara, pequeña mía, deseo que disfrutaras tanto como yo de ese momento, que esté grabado en tus células como lo está en las mías. 
Hoy, un año después, a unas horas de rememorar física y emocionalmente ese momento culmen lleno de Magia, me dejo llevar y revivo, para llenarme de la hormona del Amor y seguir acompañándote.

TE AMO. Gracias por hacer de mí una Mujer tan poderosa. Gracias por Abrir, gracias por Nacer, gracias por Ser.






miércoles, 14 de noviembre de 2012

Los regalos de Iara (I). El empoderamiento

Hay muchas cosas que me gustaría recordar sobre el nacimiento de Iara, cosas que me decían tanto... por eso he decidido escribir una entrada sobre ello, porque ¿qué es un blog al final si no un diario? Así podré recordar siempre esas cositas que me rondan estos días, que con la cabeza que tengo...

El parto de Iara fue belleza en sí mismo, pura esencia de Vida. Nosotros no lo habíamos planeado, así pues, esta puede ser la primera entrada de una serie denominada "Los regalos de Iara".

Fue tan rápido que creía que aún estaba en la dilatación cuando se presentó su cabecita pujando por conocer la cara de su mamá, así que sin más, la pequeña decidió que nacería en casa, ¿qué mejor lugar? 

Cuento esto porque durante el embarazo, planeando ese día, muchas cosas iban apuntando hacia lo que pasaría, pero cosas que pasan, una no es capaz de Escuchar y Ver todo lo que ocurre a su alrededor... 

He tenido una Doula maravillosa, que es mi Hermana, que es la Madrina de Iara desde luego, que nos ha acompañado durante este tiempo de crecimiento. Una de las cosas que hoy regresa a mí es un sueño que ella tuvo sobre el nacimiento de la pequeña, en ese sueño había una frase que se suponía que los profesionales decían en un hospital tras haber parido, algo así como "¡Ha sido un parto domiciliario!", perdona no recordarlo mejor... y era como una señal... Pero es que hubo otro sueño, en este caso mío, en que paría en casa de mis padres, en el baño, junto a mi madre. Nunca o casi nunca recuerdo los sueños, así que recordar este, además con mil detalles, me pareció curioso en su momento, y me parece hoy que ella me enviaba señales de alguna manera.

Otra cosilla que recuerdo hoy, es que siempre que hablaba de mi parto con alguien cercano, alguien que sabía que no pariría en casa a pesar de quererlo intensamente (porque mi chico no sentía lo mismo que yo), le decía que yo llegaría al hospital con mi niña en brazos, porque pensaba esperar hasta el último momento, ¡si hacía falta nacería en el coche! Todo esto lo contaba en tono de broma, nunca pensaba que eso se daría, creía que llegaría avanzada la dilatación, no como con el primer parto, que ingresé de 2 cm quedándome aún muchas horas por delante. Pues entrando a urgencias tumbadas ambas en la camilla de la ambulancia, no podía dejar de pensar en ello, que al final lo que decía se cumplió, ¡vaya tela! Eso deben pensar ahora los que me escuchaban en aquellos días...

Más cosas, más recuerdos, más pistas. Por ejemplo, como estuve tres semanas más o menos sintiendo contracciones, y digo más, contracciones de parto, hablábamos a menudo (con nuestra doula) sobre qué podía estar pasando. No lo sabíamos, yo ya estaba con la cabeza loca y no entendía nada, pero sí es cierto que notaba que algo debía estar trabajando, avanzando. Un día le dije a Paula, aún embarazada, que si podía contarle a la gente que mi parto había durado 5 semanas, entre risas. Porque al final era lo que parecía, no eran días completos de contracciones, pero yo sentía que estaba de parto en esos momentos, así que mi cuerpo no podía estar engañándome tanto ¿no? Aunque dudé, lo reconozco, disfrutaba de cada rato, pero cuando terminaba me sentía descorazonada, como "jo, otra vez no". Mi doulita nos dijo que creía que el parto iba a ser muy rápido porque con todas esas contracciones estábamos preparándonos, acercándonos, yo le dije, "sí, parto express", y me reía, Hoy me río de nuevo de esa conversación.

Algo más que me ha quedado marcado, aunque no es exactamente lo mismo que lo que he contado antes, está relacionado con las afirmaciones que preparé para el parto. Durante el embarazo estuve trabajando en ello, frases que me dijeran algo para ese momento, frases que me ayudaran y me acompañaran, que nos acompañaran a las dos. Cuatro afirmaciones llegaron a mí. Las escribí y las colgué en distintas partes de la casa, pensando o sintiendo dónde deberían estar... Pues pasé parte de las contracciones en el salón, dónde había varias de ellas, pero una me llegaba bien fuerte, Yo, Carol, Siento que Respirar es Amar. Y con cada contracción respiraba amándome a mí misma y a mi cuerpo, amándonos a las dos.

Y donde Iara nació, en el baño, ahí había otra afirmación que me llena de emoción, porque justo tenía que ser esa... La Fuerza y el Poder están en mí y en Iara. Mi chico me decía que parecía una afirmación de las guerra de las galaxias, pero era justo la que necesitaba en ese momento, porque Iara y yo fuimos fuertes, Iara y yo pudimos. Todo estaba en nosotras, en nuestros cuerpos, en nuestros corazones. Se me eriza el vello al volver a recordarlo...

El otro día escribí a mi bella Cayetana, porque recuerdo muy claramente el día que la encontré buceando por la red, los días que pasé leyéndome su blog de cabo a rabo, y sobre todo, la emoción que sentí al leer el relato sobre el nacimiento de Carlota, su segunda hija. En ese momento deseé con todas mis fuerzas haber podido vivir un parto tan intenso, darle la bienvenida a mi hijo de forma tan bella y amorosa... Ni siquiera sé explicarlo, me faltan las palabras para contar que en aquel momento algo en mi interior se encendió, para permanecer ahí latente hasta resurgir el día en que supe que Iara había anidado en mí. Cuando nació mi pequeña Edén, mi ahijadita, volví a sentir lo mismo, las ganas de vivir el parto como algo sagrado, rodeada de amor, sin más. Ya es casualidad que las dos parieran a sus hijas en casa, solas (sin asistencia sanitaria), como mamíferas, puro instinto, y en el baño.

Quise parir en casa pero somos dos en esta historia, y como tendría que ser en el hospital, escribía un día una entrada sobre mi parto respetado. El otro día lo leía de nuevo, es tan emocionante haber vivido justo eso... Hoy no sé si fui yo la que lo pedía o era Iara la que se expresaba a través de mí, incluso mucho antes del embarazo.

Ella lo tenía bien claro. La pequeña Iara, nacida en casa, junto a su familia, en un rinconcito tenuemente iluminado, nuestro baño, demostrándonos a ambas el poder que tenemos.


sábado, 6 de octubre de 2012

Bienvenida Iara

A punto estuve de decaer, casi me dejo llevar hacia la espiral... Cada vez que te miro agradezco tu Regalo. Tú lo eres mi Amor, pero nos has traído mucho más que eso. 

Las pulsiones llegaron suavemente a mí, ahora lo entiendo todo, ahora puedo comprender el porqué de todos esos días de acercamiento, poco a poco, con la delicadeza de una pluma... Eres delicada y sutil, pero a la vez eres fuerte y entregada... Mi Amor, la Fuerza y el Poder están en nosotras, qué claro estaba y qué difícil se me hacía verlo los últimos días. Qué cúmulo de emociones he vivido gracias a ti, qué maravilla haberte sentido así, qué Feliz me has hecho.

Cuando llegaste, Paula me miró y me dijo "¿a que ahora lo entiendes todo?" , y sí, había comprendido. Esas últimas semanas había llegado a dudar de mí misma, de lo que tú querías para tu nacimiento, de nuestra conexión... Y en ese momento mágico en que te tenía calentita y ensangrentada sobre mi pecho, en ese ambiente mágico bañado por la luz de las velas, lo había entendido todo.

A pesar de que las contracciones de esa tarde maravillosa empezaron escasamente 45 minutos antes de ese momento, nosotras ya habíamos iniciado El Viaje muchos días antes... aunque yo no estuviera segura. Tú sabías cuál era el camino, y sin darme cuenta, yo te seguía...

Brotan las lágrimas de mis ojos pensando en esos días de compartir el Placer de sentir como la Vida se abría paso a través de mí, esas noches en que danzábamos juntas mientras la luna y las estrellas nos alumbraban, esas tardes en que vivíamos eso mismo mientras eran tu padre y tu hermano quienes nos acompañaban... qué delicia de paseo me has regalado...

Vivía cada contracción de aquellos días que parecen ahora lejanos regalándote Amor a través de mi respiración y mis movimientos, te sentía profundamente y me dejaba llevar por la danza más pura. Y aunque llegué a no entender, a perderme entre pensamientos y razones que nada tendrían que valer en estos casos, sé que sabes que disfruté de cada día, de cada hora, de cada minuto meciéndonos al son de las pulsiones de Vida que me enviabas y yo recibía amorosamente.

El Viaje ha sido un Placer para mí, espero que para ti también, a pesar de las emociones negativas que hayan surgido en algún momento debido a mis miedos, a la necesidad de control que nos hace meter a la mente en todo, a las ganas de verte por fin...

Cada minuto ha quedado grabado en mi piel, en mi corazón, en mis entrañas, para siempre.

BIENVENIDA IARA, A NUESTRO HOGAR.

(Nuestra pequeña nació la tarde del día 26 de septiembre en un parto soñado que contaré más adelante con detalle, cuando tenga tiempo ;) ).

martes, 28 de agosto de 2012

Corazón emocionado

Ya están llegando las primeras... ya estamos disfrutándolas... GRACIAS DE CORAZÓN. Mi Alma se llena de colores al pensar en ese acompañamiento tan hermoso que estáis haciéndonos a mi pequeña y a mí. Las lágrimas brotan al leeros y sentiros, porque os Siento mucho. Gracias, gracias, gracias, por colmarnos de Amor, por hacer crecer la Fuerza y la Confianza, por llenarnos de caricias, besos y abrazos, gracias por hacernos sentir tan bellas. 

Estaréis a nuestro lado de manera tangible y me encanta sentir en mis manos vuestros corazones en forma de cuentas. Nos habéis regalado algo Mágico... Si es que esto es lo que tiene la Magia, que no nos hemos tocado nunca y ya me tocáis el corazón en lo más profundo. 

Estoy repleta de emoción, y la pequeña Diosa que llevo dentro también la siente. 

Gracias por este acompañamiento tan bello que nos regaláis ya hoy, y por supuesto, vamos a disfrutar de vuestra Energía a nuestro lado el día en que de otra manera ya, mi pequeña y yo nos volvamos a fundir en un solo ser.

OS QUIERO.


jueves, 23 de agosto de 2012

Todo será perfecto

Hoy me dirijo a ti más que nunca, pequeña. Esta noche he estado pensando en ti, bueno, más bien al amanecer, nuestro momento de paz y armonía. Hemos estado respirándonos, sintiéndonos como hemos aprendido a hacerlo en las últimas semanas; a veces pienso que quizás todo lo que vino antes, todo ese removimiento emocional, ha sido para conectarnos tan fuertemente ahora, quizás con algún otro fin, eso aún no lo sé... La vida nos irá mostrando.

Pues esta madrugada he sentido miedo, es la primera vez que me pasa pensando en tu nacimiento... Hasta ahora me he dejado llevar mucho, casi no he pensado en ello hasta hace unas semanas, en que ya lo veía mucho más cerca, y la verdad es que sentía que lo único que tengo que hacer es dejarme fluir, como siempre mi amor, como me habéis enseñado, porque todo es más fácil. Hablando con Paula sobre lo que sentía, sobre lo que necesitaba para ese momento, sobre las cosas que me gustaría que me mostrara, siempre he sentido muy adentro que no me hacía falta mucho, solo el acompañamiento y un ambiente relajado en casa... Me ha mostrado muchas cosas que me han hecho conectar muchísimo, y seguro que durante esas horas todo lo que hemos ido viendo con tanto amor nos vendrá bien, pero seguía sintiendo que todo iba a fluir, que eso era lo fácil. Y aunque me siento así, no puedo evitar sentir un miedo muy concreto, aunque suave, no es un miedo limitante y paralizador. 

Tengo miedo a que de nuevo nos encontremos en la situación que vivió tu hermano, la presión por parte del hospital para que naciera. Él decidió esperar hasta el último día que nos "daban", y para mí fue muy angustiante. Ahora siento de nuevo un poco de angustia, mañana entramos en la semana 37 y parece que empieza una especie de cuenta atrás... Yo deseo que nazcas cuando decidas, sin presiones, sin miedos, sin conflictos... Y después de escribir esto me doy cuenta de que ese es mi deseo, que tú también tienes tus planes, y tengo que dejar que las cosas sean como deben ser. Es la historia de las dos. 

Pero es difícil... Me resulta muy difícil... Porque estoy preparada para recibir tus señales con amor, para iniciar el viaje en casa, rodeada de la gente a la que quiero en ese momento... Eso es lo que visualizo. Y me resulta difícil imaginarme regalándote todo ese amor en un ambiente distinto mi vida.

Mas quiero que sepas una cosa, y por eso quiero dirigirme hoy a ti. Sea como sea, pase lo que pase, te amo y te recibiré con todo mi Amor, se den las circunstancias que se den, porque quiero regalarte un nacimiento bello y armonioso, dejando que todo fluya y sintiendo las palabras mágicas muy dentro, TODO ES PERFECTO.


lunes, 30 de mayo de 2011

El nacimiento de Raúl (3ª y última parte) (editado)

(Si no has leído la entrada anterior de este relato y te apetece hacerlo, pincha aquí).

(He editado para incluir en el relato algo más sobre el expulsivo, que no había contado, y el alumbramiento, que se me había quedado en el tintero.)

Y la parte final del relato de mi parto, lo peor, el parto medicalizado y la separación los primeros minutos (que parecieron horas), y lo mejor, el primer contacto piel con piel.

Sin darme cuenta del tiempo que pasaba, me pusieron oxitocina para iniciar de nuevo las contracciones, pero a la tercera contracción artificial, el corazón de Raúl enlenteció sus latidos, así que fuera medicación. Después empezó a dolerme un poco más y me pusieron un poco más de epidural, fue lo peor, porque entonces dejé de sentir, incluso dejé de poder mover mi pierna derecha. Debían ser las 7 y media de la tarde y decidieron romper la bolsa, bueno, digo decidieron, pero yo también lo hice, aunque movida por el miedo, como ya dije en las anteriores entradas sobre el nacimiento de Raúl.

No sé cuánto tiempo pasó, pero estábamos discutiendo que si me sondaban que si no… y sentí ganas de empujar, una presión grande, pero sin dolor. Así que para el potro, y nada, algunos pujos insensibles y dirigidos, cansancio, sin dejarme gritar para que “no perdiera la fuerza por la boca” y la matrona tirando con fuerza de Raúl, porque llevaba tres vueltas de cordón, yo notaba preocupación en su rostro. No dejaban de colocarme el monitor cardíaco fetal para controlar los latidos del bebé (recuerdo que tras el parto sentí que me habían parido como se hace con las vacas...) y tras el cortecito de rigor (digo cortecito, pero no fue tan delicado) Raúl estaba mostrándome su descontento con ese primer llanto que recuerdo vívidamente.

Me lo pusieron encima de la barriga y lo quise traer a mi pecho, pero antes cortaron el cordón (en mi plan de parto también estaba reflejado que no se cortara hasta que dejara de latir…). Tuve que pedir que me quitaran las tallas y las gasas de encima para poder sentir su calor, y Raúl dejó de llorar.

Y recuerdo su carita algo inflamada, intentando abrir sus ojitos para mirarme, su olor que aún llevo impregnado en la nariz, el color azuladito aún de su cuerpo cubierto por una fina capa de vernix y algo de sangre, su calor que era el mío… No podía dejar de mirarle y decir: “madre mía, madre mía, madre mía…”.

Fue un momento para los dos, con miradas cómplices con el papá, pero convirtiéndonos en otra cosa distinta a lo que hasta ese momento habíamos sido Raúl y yo. Había dejado de formar parte de mi cuerpo para estar a mi lado, y ahora solo queríamos mirarnos y sentirnos en ese mundo nuevo para los dos. Todo lo que había pasado hasta entonces dejó de importar, yo fui feliz, nunca antes había sentido algo así, no podía dejar de mirarle y acariciarle. Recuerdo el éxtasis del momento de manera muy vívida, pero muy corto.

Tras pedírmelo en un par de ocasiones, se lo llevaron para la vitamina K, para limpiarlo… y ya no volví a tenerlo en brazos hasta que estuve de nuevo en la cama, y creo que estuvieron al menos 30 minutos cosiéndome, porque Raúl nació a las 23.10 y a las 24.00 estaba en la cama con él de nuevo.

Nos robaron ese tiempo, y en aquel momento no sé porqué no me di cuenta, si estaba demasiado cansada, si era el momento tan grande que estaba viviendo… ufff, no sé. La cuestión es que relaciono ésto con que nos costó muchísimo a partir de ahí que mamara, bueno, tanto que tuve que llamar a mi ángel de la guarda, Rocío, para que nos echara un cable un par de días después del parto, porque en el hospital solo me ofrecían suplementos y pezoneras, y el nene no había manera de que mamara. Había pesado 3,815 kg y por el riesgo de hipoglucemia no paraban de decirme que tenía que comer… y la de pinchazos que se llevó para mirar la glucemia el pobre. Le dimos con cucharita y jeringuilla el calostro que me sacaba con el sacaleches que me prestaron finalmente, hasta que llegó mi amiga y nos mostró cómo. ¡Menos mal!

Bueno, antes de todo esto, contar lo que pasó con la placenta. No respetaron tampoco la parte del alumbramiento, la sacaron extrayéndola manualmente, no esperaron el tiempo necesario para que mi propio cuerpo se encargara de ello. Me pusieron además oxitocina en la vía, a lo que no me negué porque tenía a mi bebé en los brazos y no me importaba nada más en el mundo. Pero yo no la quería, y nadie me lo preguntó. Sé que solo con dejar a mi bebé que se enganchara a la teta, que mamara, mi sabio cuerpo hubiera puesto en marcha la cascada hormonal necesaria para la contracción del útero, pero no supe decir que no en aquel momento.

Después de la primera noche, empezaron mis cavilaciones sobre lo que había sido el parto. Nuestro plan de parto se quedó en agua de borrajas, porque tras ponerme la epidural, muchas de las cosas que no queríamos fueron necesarias, o eso pensamos en aquel momento. Me sentí haber fallado, haber tenido un parto que no era el que queríamos para Raúl, haberle hecho nacer de manera provocada, sin respetar sus tiempos y los de mi cuerpo… A medida que pasaban las horas me decía que había estado a la altura, que era el primer parto, que había sido un aprendizaje para mí después de todo.

Hoy día pienso que el nacimiento de Raúl me ha enseñado algo, que mi cuerpo ha reaprendido lo que llevaba escrito en él, lo ha sacado a la superficie, y ahora soy una mamá canguro, que adora a su bebé y desea sobre todo ser la mejor mami para él.

Tengo que dar las gracias al papá de Raúl, porque estuvo grande durante esas horas, sintiendo mi dolor y acompañándome. Te quiero amor.

Y a mi Rocío, gracias por haber estado ahí cuando te hemos necesitado, eres un ángel.

Y por supuesto, gracias Raúl, por mostrarme el camino, por ser mi luz, porque eres un ser de luz. Te quiero bebé.

sábado, 23 de abril de 2011

El nacimiento de Raúl (3ª y última parte)

(Si no has leído la entrada anterior de este relato y te apetece hacerlo, pincha aquí).
(Si quieres leer la 3ª parte editada, pincha aquí).

Y la parte final del relato de mi parto, lo peor, el parto medicalizado y la separación los primeros minutos (que parecieron horas), y lo mejor, el primer contacto piel con piel.

Sin darme cuenta del tiempo que pasaba, me pusieron oxitocina para iniciar de nuevo las contracciones, pero a la tercera contracción artificial, el corazón de Raúl enlenteció sus latidos, así que fuera medicación. Después empezó a dolerme un poco más y me pusieron un poco más de epidural, fue lo peor, porque entonces dejé de sentir, incluso dejé de poder mover mi pierna derecha. Debían ser las 7 y media de la tarde y decidieron romper la bolsa, bueno, digo decidieron, pero yo también lo hice, aunque movida por el miedo, como ya dije en las anteriores entradas sobre el nacimiento de Raúl.

No sé cuánto tiempo pasó, pero estábamos discutiendo que si me sondaban que si no… y sentí ganas de empujar, una presión grande, pero sin dolor. Así que para el potro, y nada, algunos pujos insensibles y dirigidos, cansancio, sin dejarme gritar para que “no perdiera la fuerza por la boca”, y tras el cortecito de rigor (digo cortecito, pero no fue tan delicado) Raúl estaba mostrándome su descontento con ese primer llanto que recuerdo vívidamente.

Me lo pusieron encima de la barriga y lo quise traer a mi pecho, pero antes cortaron el cordón (en mi plan de parto también estaba reflejado que no se cortara hasta que dejara de latir…). Tuve que pedir que me quitaran las tallas y las gasas de encima para poder sentir su calor, y Raúl dejó de llorar.

Y recuerdo su carita algo inflamada, intentando abrir sus ojitos para mirarme, su olor que aún llevo impregnado en la nariz, el color azuladito aún de su cuerpo cubierto por una fina capa de vernix y algo de sangre, su calor que era el mío… No podía dejar de mirarle y decir: “madre mía, madre mía, madre mía…”.

Fue un momento para los dos, con miradas cómplices con el papá, pero convirtiéndonos en otra cosa distinta a lo que hasta ese momento habíamos sido Raúl y yo. Había dejado de formar parte de mi cuerpo para estar a mi lado, y ahora solo queríamos mirarnos y sentirnos en ese mundo nuevo para los dos. Todo lo que había pasado hasta entonces dejó de importar, yo fui feliz, nunca antes había sentido algo así, no podía dejar de mirarle y acariciarle. Recuerdo el éxtasis del momento de manera muy vívida, pero muy corto.

Tras pedírmelo en un par de ocasiones, se lo llevaron para la vitamina K, para limpiarlo… y ya no volví a tenerlo en brazos hasta que estuve de nuevo en la cama, y creo que estuvieron al menos 30 minutos cosiéndome, porque Raúl nació a las 23.10 y a las 24.00 estaba en la cama con él de nuevo.

Nos robaron ese tiempo, y en aquel momento no sé porqué no me di cuenta, si estaba demasiado cansada, si era el momento tan grande que estaba viviendo… ufff, no sé. La cuestión es que relaciono ésto con que nos costó muchísimo a partir de ahí que mamara, bueno, tanto que tuve que llamar a mi ángel de la guarda, Rocío, para que nos echara un cable un par de días después del parto, porque en el hospital solo me ofrecían suplementos y pezoneras, y el nene no había manera de que mamara. Había pesado 3,815 kg y por el riesgo de hipoglucemia no paraban de decirme que tenía que comer… y la de pinchazos que se llevó para mirar la glucemia el pobre. Le dimos con cucharita y jeringuilla el calostro que me sacaba con el sacaleches que me prestaron finalmente, hasta que llegó mi amiga y nos mostró cómo. ¡Menos mal!

Después de la primera noche, empezaron mis cavilaciones sobre lo que había sido el parto. Nuestro plan de parto se quedó en agua de borrajas, porque tras ponerme la epidural, muchas de las cosas que no queríamos fueron necesarias, o eso pensamos en aquel momento. Me sentí haber fallado, haber tenido un parto que no era el que queríamos para Raúl, haberle hecho nacer de manera provocada, sin respetar sus tiempos y los de mi cuerpo… A medida que pasaban las horas me decía que había estado a la altura, que era el primer parto, que había sido un aprendizaje para mí después de todo.

Hoy día pienso que el nacimiento de Raúl me ha enseñado algo, que mi cuerpo ha reaprendido lo que llevaba escrito en él, lo ha sacado a la superficie, y ahora soy una mamá canguro, que adora a su bebé y desea sobre todo ser la mejor mami para él.

Tengo que dar las gracias al papá de Raúl, porque estuvo grande durante esas horas, sintiendo mi dolor y acompañándome. Te quiero amor.

Y a mi Rocío, gracias por haber estado ahí cuando te hemos necesitado, eres un ángel.

Y por supuesto, gracias Raúl, por mostrarme el camino, por ser mi luz, porque eres un ser de luz. Te quiero bebé.

miércoles, 20 de abril de 2011

El nacimiento de Raúl (2ª parte)

(Si no has leído la entrada anterior de este relato y te apetece hacerlo, pincha aquí).

Como expliqué en mi anterior entrada sobre el nacimiento de Raúl, el día de mi cumpleaños hablé muchísimo con mi bebé para que me ayudara en ese trance, porque teníamos cita para la inducción dos días después, y yo quería por encima de todo dejar que Raúl decidiera cuando era su momento para cambiar mi vientre por este mundo nuestro. Le pedí una señal........

Y RAÚL RESPONDIÓ.

A las 22.20 del 20 de septiembre, justo la hora de mi nacimiento hacía 28 años, noté un dolor que no había notado antes. Estaba hablando por teléfono con mi padre, que siempre me felicita a esa hora, una bonita tradición, y tuve que colgar deprisa, sin contarle nada, porque están lejos y no quería adelantar acontecimientos.

A partir de ahí las contracciones se sucedieron de manera rápida. Fueron cada 10 minutos hasta las 12 de la noche, y después ya pasaron a ser cada 3 minutos toooooooda la noche. Mi pareja estuvo espectacular.

La verdad es que el recuerdo que tengo es el de una noche de arduo trabajo, emocionante, porque en pocas horas tendríamos a nuestro bebé entre los brazos. Me metía en un rinconcito que había creado en mi interior cada vez que llegaba la contracción, dejaba ir mi voz y a mi cuerpo danzar, probando nuevas posturas porque tumbada era imposible. Mi pareja recuerda la banda sonora perfectamente, era un sonido gutural que salía de muy adentro... Y tras la contracción, la relajación total... No podía imaginarlo hasta que lo sentí, lo que contaban otras mamás que ya habían parido, ese estado de relajación en el que no hay nada que hacer...

Fuimos al hospital porque estaba cansada, no porque hubiera notado que era el momento, y las contracciones se habían hecho más fuertes desde las 6 de la mañana. Al verme sólo estaba de 1 cm, así que decidí volver a casa. A las 12 ya no podíamos más, llevaba casi 14 horas en casa y volvimos a irnos. A la una del mediodía estábamos entrando por urgencias, estaba de 2 cm, me pusieron los monitores solo unos minutos para ver que todo iba bien y después me llevaron a la habitación de la planta.

Ahí ya me desconecté de mí misma y de mi bebé. Dejé de controlar el dolor, porque salí de ese mundo interior que en mi casa tan bien me había funcionado. Estábamos en una habitación con una chica recién parida y su familia, yo con contracciones cada 3 minutos, y no podía dejarme llevar por lo que me pedía el cuerpo, que era danzar y cantar… (lágrimas).

Pedí que me subieran al paritorio a las 4 de la tarde. Estaba de 4 cm y medio, y decidí ponerme la epidural nerviosísima. Cuando me la pusieron me relajé y mi novio se durmió. También relajado. Pero el parto se paró por completo… y desde ahí ya una vorágine de intervenciones que no pude controlar porque tenía miedo, porque me metieron miedo de que al final acabara siendo sometida a una cesárea.

El hospital no es el lugar para parir, no me cansaré de decirlo, hace falta un cambio para que los partos sean lo que en realidad son, para que los dejen ser ese proceso fisiológico dentro de la vida sexual de una mujer.

Dejamos lo que queda para otra entrada, esperando a Raúl.

(Si quieres seguir leyendo sobre el nacimiento de Raúl y mi parto, pincha aquí).

lunes, 18 de abril de 2011

El nacimiento de Raúl (1ª parte)

(Si no has leído la entrada anterior de reflexiones sobre el nacimiento de Raúl y mi parto y te apetece hacerlo, pincha aquí).

Cuando descubrimos que estaba embarazada fue una situación extraña, puesto que ya había estado embarazada antes, y no había funcionado. Así que aunque estábamos felices, la verdad es que había algo en mí que me hacía contener este sentimiento.

Tras las primeras semanas, al ver que iba creciendo, y sobre todo, cuando empecé a notar sus movimientos, que fue pronto, me dejé llevar, y viví un embarazo muy feliz (a pesar de haber sufrido algunos contratiempos físicos típicos sobre todo los primeros meses). Me sentí plena como nunca lo había sentido, estaba acompañada siempre, le sentía moverse y comunicarse conmigo, sabía que estaba dándole todo de mí, mi sangre, mi cuerpo, mis emociones, mis pensamientos… Y él me lo daba todo también. Compartimos unos meses preciosos, en los que me preparé para recibirle a través del yoga, la relajación, las visualizaciones… Empecé a ver el mundo de la maternidad de otra manera gracias a unas mujeres-madres maravillosas que dedican su vida al mundo de la maternidad.

Hicimos un taller sobre el embarazo y parto consciente, y desde ahí mi pareja estuvo mucho más cerca de mí, de nosotros; conseguimos acercarnos el uno al otro mucho más, ver las cosas del mismo modo. Nos preparamos para un parto que sería en el hospital, pero esperando y deseando que fuera un parto respetado. Presentamos copia de nuestro plan de parto, el día se iba acercando…

El 11 de septiembre de 2010 era la fecha probable de parto, antes de ello empecé a tomar infusión de hoja de frambuesa a diario, para ayudar a la dilatación, seguí con el yoga y las visualizaciones, y el día marcado llegó, pero no ocurrió nada. Sin embargo, a partir de ahí empezaba una cuenta atrás que yo no podía controlar.

Yo me encontraba genial, y no tenía ninguna sensación de que a Raúl le apeteciera salir todavía de su bolsita… Pero los ginecólogos se encargaron de meternos el miedo en el cuerpo (suspiro largo). Así empezamos a ir al hospital en sucesivas visitas a María, la enfermera de los monitores, y al gine que estuviera ese día en la consulta. El día 13 fue el primero, y ahí ya intentaron, sin preguntar, una maniobra de Hamilton…¡estaba de 40+2! Me indigna, porque además en mi plan de parto estaba claro que no queríamos maniobras de ese tipo, con lo cual descubrimos que ni se lo leen (suspiro enorme). Pues no me la hizo porque pregunté, porque estaba informada, porque conozco el medio y porque cerré las piernas, todas y cada una de esas cosas tuve que hacer.

Yo me dedicaba a andar, seguía con la frambuesa, y bueno, disfrutamos de las relaciones en los últimos días de embarazo, que las prostaglandinas no vienen nada mal, jeje.

El día 20 estaba de 41+2, era el día de mi 28 cumpleaños, y yo ya veía negro eso de que dejaran a Raúl nacer cuando él lo decidiera, sin correr riesgos, claro. Fui a mis últimos monitores y me dijeron que había que ingresar al día siguiente para la inducción, ¡qué horror! Que los protocolos del hospital eran inducir en la 41+3 porque los estudios demostraban que esperar solo traía cosas negativas para mamá y bebé. La ginecóloga que estaba aquel día me tachó de mala madre e irresponsable, puesto que yo no deseaba ingresar al día siguiente, pensaba que había tiempo hasta la 42 al menos, pero me asustó un poco y decidí que si Raúl no había dado señales al día siguiente, ingresaríamos el 22.

Hay que decir que no había tenido contracciones dolorosas, simplemente las de Braxton Hicks y de manera no continuada.

Esa tarde vi a Rocío, mi maestra de yoga y mucho más, y le conté lo que había ocurrido. Me aconsejó disfrutar de lo que me quedaba de embarazo, que hablara mucho con mi bebé, que le contara lo que estaba pasando…y que mirara en mi interior. Que aunque me hubiera comprometido, podía echarme atrás si era lo que sentía, que la decisión era mía al fin y al cabo. Que me dejara llevar por mi instinto, vamos… Había cambiado el instinto por el miedo, esa es la verdad.

Llegué a casa por la tarde y mi amor me había preparado un altarcito con una orquídea preciosa y unas palabras que me llegaron al corazón, por mi cumpleaños. Me di un baño y hablé mucho con Raúl. Le dije que si él deseaba decidir, tenía que darme alguna señal, que necesitaba su apoyo para saber que debía esperar, que era feliz de tenerle conmigo, pero que supiera que lo sería de la misma manera cuando decidiera venir, que le esperábamos con los brazos abiertos. Le dije muchas cosas en ese largo baño, y sobre todo le pedí que me diera alguna señal para sentirme acompañada en la decisión que tomase.

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jueves, 7 de abril de 2011

Reflexiones sobre el nacimiento de Raúl

Después de algo más de seis meses me he decidido a empezar a contar la historia que aún no expliqué, la historia de mi parto y a la vez el nacimiento de Raúl. Pero antes, algunos sentimientos y pensamientos escondidos.

Hay tantas cosas dando vueltas en mi cabeza...no me atrevía a dejarlas ir de forma libre, a pesar de que las siento dentro pujando por salir.

A veces siento que debí hacerlo antes. Miro a mi bebé y me siento feliz, pero al leer en la red cosas que me interesan sobre el embarazo, el parto y la crianza, al escuchar las experiencias de mis compañeras del grupo de lactancia... siento un poquito de pena, noto esa espinita que se clava un poquito para recordarme que aún sigue ahí, que no hemos conseguido desenquistarla a pesar de haberme repetido en infinidad de ocasiones que la experiencia tuvo que ser de aquella manera, que lo hice lo mejor que supe dentro de las circunstancias hospitalarias, que me anularon de alguna manera.

Si hubiera escrito antes esta historia, puede que hubiera sido muy distinta a lo que ahora plasmaré, porque a pesar de que tras el parto sentí un poco que había fallado, que no había sido lo que yo quería que fuera para él, me convencí en las horas y días posteriores que había sido valiente, que me tenía que sentir orgullosa de haber pasado tantas horas en casa antes de acudir al hospital, sintiendo a mi bebé sin miedos, sabiendo que estábamos haciéndolo bien los dos. Bueno...las cosas a veces son distintas en función de desde qué perspectiva las mires.

Cada vez me doy más cuenta de que el nacimiento de Raúl no fue ni de lejos lo que quería, el acto de amor que deseaba, y tengo una herida que escuece, aunque no sangra. ¿Por qué? No me di cuenta y me da rabia, porque pude parar la cadena, creo que pude, y quizá el miedo me frenó, o el cansancio, o el dolor, no lo sé. ¿Fue de manera inconsciente, o no? Pero así fue. ¿Mi bebé nació cómo quiso? ¿Por qué no pude dejar salir a la Mamá Leona, al instinto enorme que sé que crece dentro de mí? Necesitaría haberme escondido en una madriguera pequeñita que no supe crear dentro de mí, porque desde luego el hospital definitivamente, no es el lugar para parir.

Quizás me hacía falta la experiencia, la apertura del camino, para acercarme más al mundo que quiero para él, para mí, para nosotros. Quizá mi cuerpo necesitó ese empujón que Raúl me dio para sentir de verdad, desde ese momento. Nunca pensé llegar a ser quién soy hoy, pero sé que todo lo que ahora hago estaba dentro de mí y quizá Raúl lo ha ayudado a salir mediante su nacimiento y mi parto. Finalmente, mi cuerpo se abrió, a pesar de todo, a pesar de lo medicalizado que fue. ¿Mi bebé me ha enseñado que puedo parir? ¿De alguna manera yo no sabía que puedo parir y por eso me dejé llevar por todo ese ambiente? Las experiencias de mi propio nacimiento se impregnaron en mí, y tal vez por fin las he abrazado y aceptado.

Desde luego, a pesar de todo, mi parto fue un acto de amor, con dificultades que superamos, los dos juntos. Dándole finalmente ese abrazo que solo se puede dar pariendo, el abrazo primigenio del canal del parto.

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