Ahora que las fiestas han pasado, ahora que estamos más tranquilos y de (casi) vuelta a la rutina, me gustaría hacer balance de este pasado año, de todas las cosas que han ocurrido en nuestras vidas, que son muchas. Aunque esté blog se inició en 2010, antes de que naciese nuestra pequeña cría, en realidad la que escribe y suscribe no es la misma, siento que soy otra yo, que esas primeras entradas de 2010 fueron escritas por la otra, la que ya nunca más seré. Las personas siempre vamos cambiando, y está claro que lo que dirías o escribirías en determinado momento no es lo que dirías o escribirías en otro, pero en este caso en particular, siento que me he deshecho de muchas capas de Carol, capas que me resultaban innecesarias aunque no lo descubriera hasta más tarde. He ido mudando y desnudándome hasta quedar en la esencia de lo que soy, en la Madre, en la Mujer, en la Persona.
Hay una cosa que siempre me ocurre, y es que suelo quedarme con lo positivo de la vida, del resto voy olvidándome, no sé si será mejor o peor, solo sé que mi subconsciente así lo hace por mí, así que mis recuerdos están llenos de cosas buenas, y no me quejo.
A inicios de este 2011, me doy cuenta de que trampas de mi subconsciente a parte, ha habido tantas cosas positivas que algunas veces me abruma pensarlo... Hoy me voy a emocionar, es lo que ocurre cuando una se pone a echar mano de un tiempo tan bonito y tan enriquecedor.
El año comenzó con un bebé de 3 meses escasos en los brazos, un bebé que nos ha llenado tanto la vida desde que llegó que a veces lo hablamos y no podemos creernos que hayamos podido vivir sin él tantos años antes. Esos primeros meses fueron de cambio, de adaptación, de descubrimiento, de enamoramiento, de refusión... Y tras ellos, ya sin ninguna duda sintiéndonos una familia, se inició el que ha sido el mejor año de nuestras vidas, aunque me pareciera imposible que eso fuera posible dado lo que el 2010 trajo para nosotros.
Desde marzo o abril, no lo recuerdo con exactitud, surgieron los paseos que lo cambiaron todo. Ahí empezó a resurgir la Tribu perdida. Desde el grupo de lactancia una mamá, Alba, comentaba que le gustaría salir a pasear con su peque y otras mamás, que no tenía aquí a nadie puesto que llevaba poco tiempo en la isla, y se sentía un poco sola. Nos apuntamos la segunda semana, era un paseo semanal para hablar y conocernos. Para mí era la oportunidad de estar con gente que veía la maternidad de manera similar a como yo lo hacía, ya que
mi entorno empezó a chirriarme. Nos conocimos, hicimos migas y poco a poco fue surgiendo una amistad entre algunas mamás con sus bebés.
De aquellos paseos, que hoy están en standby (aunque es una pena) fueron surgiendo otras cosas como quedadas para comer con las familias, algunas quedadas en casa, en el campo o en la playa, cumpleaños de los papás, mamás y pequeños... Proyecto de asociación para la crianza (que finalmente quedó un poco en el olvido), el proyecto del huerto, que al final ha sido hecho realidad (tengo que colgar las fotos de nuestras habas, las lechugas, los guisantes, las patateras, las acelgas... ;) ) , actividades varias que han ido surgiendo en relación a nuestra nueva vida, como la construcción de la compostadora, el horno solar o el domo...
Poco a poco nos hemos ido uniendo en pequeños grupos, debido al feeling personal que surge con unos más que con otros, y ahora mi familia son otros dos núcleos familiares y nosotros. Vivimos super cerca y la unión que ha surgido entre nosotros es tan bonita y tan sincera... Me siento agradecida a la vida por haberme acercado a ellos. Estoy aprendiendo muchísimo, sobre alimentación, sobre agricultura, sobre ecología, sobre bioconstrucción, sobre terapias alternativas... pero sobre todo estoy aprendiendo sobre mí misma. Compartimos muchas cosas, nos sentimos en una intimidad que ha surgido de manera natural, algo que nunca antes me había pasado con nadie de forma tan inesperada, rápida y espontánea. Y claro, me hacen feliz. Me permitís que haga una pausa para decirles: GRACIAS FAMILIA.
Voy a hacer lo posible porque los paseos con el resto de familias se reanuden, a medida que empiece el buen tiempo será más sencillo, seguro, y así volver a tener esa gran familia siempre cerca, que se les echa en falta un montón.
En lo personal, en mi interior, estoy intentando hacer un cambio que creo que poco a poco va surgiendo. No es que quiera ser otra, sino que quiero ser capaz de ser la que escribe, la que siente, la que tantas veces se queda con ganas de dar un abrazo y un beso, de decir te quiero cuando lo siente así. Por ello, quiero dejarme ser, quiero dejar que las emociones que siento por dentro puedan salir libres, sin miedo. Aunque no lo he conseguido, estamos en el camino, poco a poco la ternura y sensibilidad que siento por dentro brotará en cada palabra y gesto, ¡eso espero!
Este año me ha traído algo muy bello, algo en lo que al menos yo no pensaba cuando pensaba en tener un hijo, al menos de manera consciente. Y es que verle crecer me está suponiendo un proceso mágico, un aprendizaje. No es lo que te cuentan antes de que nazca, no es educarle, no es formarle como persona... es verle hacer todo eso a él solito, solo con tu apoyo, con tu acompañamiento, con tu amor. Es magia, pura magia. Porque desde que Raúl nació he descubierto que tengo que hacer poco, bien poco, y mucho a la vez, es cierto, pero realmente me sale así, no es premeditado, y me está resultando fácil, para desconcierto de los que me auguraban un futuro negro. Es cierto que hay momentos en que te tirarías de los pelos y te los arrancarías todos, pero son cosas puntuales. Yo soy capaz de ver que los niños son buenos, que lo que les tuerce de alguna manera es la sociedad en la que vivimos, e intento que mi nene esté en un ambiente cercano, el íntimo, que esté repletito de amor, porque pienso que es la base para todo.
Este año la vida me ha traído personas maravillosas, además de estas familias guapas. Me ha acercado a una persona muy especial, a la que me unía ya un sentimiento pero que no era capaz de poner en ningún lugar, algo intangible, como si no fuera del todo cierto. Siempre la llevo en el pensamiento, siempre la tengo en el corazón, un trocito de mi alma se va con ella. Es Paula,
mi Paula querida. La conocí el año pasado, estando embarazada de Raúl, y me ha aportado tantísimo... Tengo una gran confianza depositada en ella, la quiero con todo el corazón, es tan bella que creo que no es capaz de intuirlo siquiera.
También me ha traído tantas cosas el blog... Sí, desde un montón de amigas que están ahí cada día, al otro lado, hasta CRYA, que ha derivado también en una amistad arcoiris, ¿verdad? Sois bellas y bello también nuestro chico del grupo. Me siento tan acompañada por este (en principio)frío mundo virtual. Lo he dicho muchas veces, pero repito: ¡¡hay tanto amor en la red!!
Y por último me gustaría nombrar algo más. Siento que el ser madre, que el ser la mamá de Raúl, ha hecho brotar algo que no sabía que estaba en mí. Años y años de sabiduría ancestral, años y años de mujeres que sabían lo que tenían que hacer, que tenían despierto su útero y sus hormonas, su cuerpo, y lo escuchaban, sin miedo. Yo no fui capaz de hacerlo en
el nacimiento de Raúl, pero mi instinto dormido se ha avivado y ahora escucho más a esa parte, como lo hacen nuestro niños en su pureza, ¿no es así? Ahora me dejo llevar más por esa sabiduría de Mujer que llevo dentro.
Y bueno, la vida ha sido en especial buena conmigo este año, espero seguir haciendo las cosas al menos tan bien como para poder seguir sintiendo este Amor que me rodea y me abraza cada día.