Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma. no vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu Amor, pero no tus pensamientos, pues Ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus Almas, porque Ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en Sueños. Puedes esforzarte en ser como Ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no se detiene en el ayer. Tú eres arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la Felicidad.

Khalil Gibran

jueves, 28 de abril de 2011

Nuestra lactancia materna

Pues hoy escribo porque quisiera contar un poco más en profundidad mi experiencia con la lactancia. En alguna entrada anterior he contado que ha sido difícil, que hemos necesitado ayuda, pero nunca me he puesto de lleno en el tema y es algo que me estaba rondando la cabeza hace días, pero no había tenido tiempo.

Empiezo por contar que yo antes del nacimiento de Raúl tenía muy claro que quería amamantar, pero era una decisión tomada a la ligera. A ver cómo lo explico. Creo que quedará claro si digo que siempre decía: "Yo le daré el pecho si puedo" o "Le daré teta hasta que pueda". Era una mamá convencida de que la teta era lo mejor para mi pequeño, al menos al principio, pero no tenía claro lo que significaba la teta para un bebé, para la mamá, para la familia, ni tampoco estaba realmente informada sobre su fisiología y funcionamiento.

Durante el embarazo, a medida que mi mirada fue virando hacia la crianza natural, encontraba información sobre lactancia, ya que la búsqueda de información sobre el parto te lleva hacia la lactancia de manera "inesperada" para mí en aquel entonces. Me acerqué un par de veces a lo que hoy es "mi tribu", y allí, en el grupo de lactancia, empecé a vislumbrar muchas cosas sobre ello que nunca hubiera imaginado. Yo pensaba que había que estar preparada para el parto, para el postparto, pero no pensaba que la lactancia tuviera que suponer un problema, incluso, en ocasiones, me decía a mí misma que si no podía darle teta no pasaría nada (hoy leo ésto y no me reconozco, mi felicidad va unida a la teta y me apenaría sobremanera tener que dejar de amamantar). Oía que las primeras dos horas son cruciales para el comienzo de un amamantamiento con éxito, pero no creía que lo eran tanto.

En el parto, cuando por fin pude estar con él a mi lado, busqué ayuda en las matronas, en las enfermeras, pero el nene no era capaz de agarrarse y succionar eficazmente, o yo no era capaz de mostrarle el camino. Por suerte tenía un as en la manga, porque desde que Raúl y yo nos miramos a los ojos por vez primera, yo necesitaba con ansia darle mi alimento, darle mi cuerpo, darle mi calor, mi abrigo, mi amor y tantas cosas... a través del cordón invisible que nos une aún hoy, la teta. Y ese as en la manga era mi ángel, Rocío. Ella es asesora del grupo de lactancia, fue mi maestra de yoga en el embarazo, y mucho más que eso para nosotros.

Antes de que llamar a Rocío, estuvimos intentando por todos los medios que se cogiera a la teta, la ayuda del personal ya la he comentado en alguna otra entrada, así que no la menciono de nuevo, solo decir que les hace falta alguna formación en lactancia materna. Yo tenía calostro desde mi embarazo, así que pedimos el sacaleches de la planta y lo saqué para dárselo a Raúl con una cucharilla primero y una jeringuilla después. Yo extraía un montón, según he descubierto después, porque en 5 minutos podía sacar 150 ml de calostro, así que todo lo que quería tomar lo tenía, pero en un envase que no era el adecuado. Me ofrecieron biberón para la noche, porque se suponía que por la noche los niños no confunden la tetina con la tetita... no hay comentarios. Yo seguí con lo que hacíamos, y le ponía al pecho cada rato. Pasaron casi 48 horas hasta que Rocío pudo venir a vernos, horas de miedos, de comentarios sin sensibilidad de muchas personas que pasaron por allí a vernos, de inseguridades, de frustración... Pero en 10 minutos Raúl estaba mamando de manera más o menos eficaz. Yo super feliz, a ver si encuentro la foto y la cuelgo, porque es la imagen de mi felicidad absoluta, del descanso, del poder decirle a todos: "Sí, ya se ha enganchado, así que dejad de preguntar y preocuparos/nos".



Raúl tiene micrognatia, que en cierto grado es normal en los recién nacidos, pero él la tiene un poquito más acusada, y siempre ha estado muy guapo con esa minibarbillita y esa boquita de piñón, pero para la lactancia ha resultado un verdadero fastidio.



Desde ese primer agarre, que fue el día 23 a las 16.30 horas, solo podía darle de mamar en posición de balón de rugby, lo cual les resultaba muy simpático tanto al personal como a las visitas, pero a mí me dolía la episiotomía... Nos fuimos a casa pesando bastante menos pero por suerte en esto del peso se recuperó y no hemos tenido ningún problema. Las posiciones para darle de mamar pudieron variar un poquito, pero siempre sentada, ya fuera a caballito, en balón de rugby o la postura tradicional, y claro, por las noches también sentada, con mi dolor correspondiente, que no cesó hasta que no pasó más o menos un mes. Bueno, a día de hoy aún me molesta al tacto, pero por lo menos a partir del mes pude sentarme como las personas.

Lo que pasó a continuación fue que empecé con el dolor de pezones, y no me he librado del todo de él todavía. Al principio pensábamos que era debido al mal agarre de mi nene, porque con la micrognatia es muy difícil que se cojan perfectamente, así que paciencia hasta que le creciera la boca. Tras dos meses y medio o tres, empezamos a pensar en infección, porque yo no había llegado a hacer grietas pero sí que tenía los pezones lastimados, rojos, doloridos... no podía darme el agua de la ducha. Así que pedí un cultivo, que salió positivo pero el médico dijo que el bicho era muy raro y que no era causante de mastitis habitualmente. ¡Habitualmente! Ahí no sé cómo me dejé convencer... Nada de tratamiento, seguir así o dejar la lactancia.

Seguimos adelante y descubrí otro tipo de medicina. Empecé a emplear arcilla, ¡¡no sabéis lo beneficiosa que es!! Iba a decir que tengo un libro sobre el tema de manera práctica que es fenomenal, pero lo tiene mi mami, que se ha hecho fan, así que he buscado en la red y "voilà" (no sé si es así, jeje) Ángeles Hinojosa. Pinchad y descubrid otro mundo si os apetece. La arcilla ha sido un antes y un después en mi dolor, me calmaba de manera increíble, así pudimos continuar con la lactancia sin llorar... La reflexoterapia podal también nos ayudó (Inciso: Gracias Paula querida, por poner tantas herramientas en mis manitas).

La arcilla me calmaba, me curaba, pero algo más debía estar pasando para que a los 5 meses de Raúl siguiéramos con problemas. En ese momento empezó a acudir al grupo de lactancia una chica que venía de mi tierra, de Barcelona, y formaba parte allí de Albalactanciamaterna. Ella hablaba sobre el frenillo sublingual de los niños, algo que aquí aún no habíamos descubierto que repercutiera en la lactancia, y decidimos que le mirara la boca, por si acaso. Le pareció que Raúl era uno de esos casos, me pidió fotos y tiempo después por fin conseguí hacérselas. La semana pasada expertas en lactancia materna nos han confirmado que Raúl tiene anquiloglosia grado 3. En el link explica lo que es y como se trata. Nosotros estamos aún pensando lo que vamos a hacer o lo que no vamos a hacer.

Seguimos teteando de manera exclusiva prácticamente porque lo de la AC no le hace mucho al bicho, y aunque tengo dolor, disfruto mucho con nuestra lactancia. Es especial, porque no se coge bien, porque tengo que ayudarle casi siempre a coger la tetita, porque mis pechos todavía no saben cuanta leche deben fabricar para un niño que no mama con la técnica adecuada, y aún no se han regulado, pero es nuestra y nos hace felices.

Ahora hemos descubierto una nueva forma de mamar que me apasiona. Yo estirada bocarriba y desnuda en la cama, Raúl a gatas me coge y le ayudo un poquito porque busca la teta con desesperación, y como un animalito abre la boca grande grande, todo lo que puede, y se coge a la tetita con verdadera pasión, sin mi ayuda, cosa antes inviable.

Raúl lloró mucho los primeros meses, porque no era capaz de mamar de manera eficaz y eso le ponía histérico, ahora lo sé. Sólo lloraba con la teta y era difícil para nosotros esa sensación, entre frustrante y de pena, además de que de cara al exterior algo debía pasarle a ese niño con mi teta para que llorase tanto, así que procuraba no darle fuera de casa, para evitar comentarios que aún me hundieran un poquito más en la pena. De todas maneras, tengo un niño muy empático, que cuando estábamos fuera de casa e inevitablemente tenía que mamar, solía hacerlo mucho más tranquilo que de costumbre, sin llorar apenas. ¡Gracias bebé! Si hubiera sabido que era el frenillo, pues hubiera callado a mucha gente.

En fin, tras esta disertación, espero que las que aún no estáis en ello, comprendáis que dar teta no es ponerlo y a mamar, y si es así, ¡enhorabuena! Sino, buscad ayuda y apoyo.

Ojalá en este aspecto Raúl esté dándome una nueva lección para el futuro...

miércoles, 27 de abril de 2011

Madre

Ayer me quedé dormida enredada en familia, con mis dos machos acurrucados, uno en cada brazo.

No puedo explicar cómo me sentía, estaba feliz, fue algo que me embargó. Hubo un momento en que veía la imagen desde arriba, en mi mente, y me vi como la Madre, la que da Vida, envolviendo en un abrazo de calor y amor a los míos, protegiéndolos.

Un placer para el alma.

domingo, 24 de abril de 2011

Algunos cambios en nuestras vidas

Estaba pensando hace días contar un poquito nuestra vida con Raúl a estas alturas, que ya van 7 meses desde que nació, ¡increíble! Hace tres días fue su cumplemes, y estamos la mar de felices con el bicho este que no para de moverse ya, jeje.

Nuestro peque ya tiene dos dientes, los de abajo, y ahora está empezando a machacarme las tetillas otra vez, así que le he mirado la boca y allí están las manchitas blanquecinas en la encía superior, que indican que vienen dos más que romperán en breve. Por eso lo tenemos estos días un poquito más quejoso de lo habitual, pero poco, se le pasa con un par de mimos...

Empezamos con la alimentación complementaria hace unas semanas, y la verdad es que fue bien, cuando descubrió que lo que le dábamos con la cuchara estaba bueno abría la boca como un campeón, pero desde la semana pasada la cosa ha cambiado un poco, y no hay nada qué hacer, aprieta la boca. Así que hemos cambiado la cuchara por trozos de comida, como frutas, zanahoria, apio... así va probando cositas. No nos preocupa, aquí está la teta para salvarnos.

Y ahora su movilidad nos tiene totalmente ¡¡alucinados!! Desde hace dos semanas se mantiene sentado, y ya es capaz de tumbarse desde esa posición, pero es que esta semana ha aprendido a reptar, y llega exactamente adónde quiere llegar, siempre coge el cable del ordenador, del teléfono... le encanta la electricidad. Además se pone a cuatro patas y empieza a moverse hacia delante y atrás, como practicando, es muy gracioso el tío. Así está en la primera foto. En la segunda está moviéndose, es otra manera que tiene a parte de reptar, clava la cabezota en el suelo y ale, palante!

 
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Y bueno, a parte de todos estos cambios, que me tienen todo el día pensando en la de tiempo que ha pasado ya y la de cosas que ha aprendido a hacer ya esta personita que nos tiene el corazón loco. Es que hoy tengo algo muy chulo que contar, y es que esta tarde hemos remodelado el dormitorio, y ¡estoy tan contenta!

Hasta ahora teníamos una minicuna a mi lado de la cama, y cuando está muy dormido y yo necesito espacio en la cama, le pongo unas horas, hasta que se despierta, pero me resulta un poco engorroso. Me doy cuenta de que cuando duerme con nosotros en la cama descanso mucho mejor en cuestión de horas de sueño, porque prácticamente no me despierto para las tomas, aunque él se despierte más veces a mamar. Lo que pasa es que tenemos mucho menos espacio y el papá y yo dormimos mucho más tensos, con lo que ello conlleva por la mañana. Pues bien, ¡¡¡hoy ya no dormiremos mal y Raúl dormirá a mi lado!!! Aunque hemos tenido que cambiar de lado en la cama y nos queda el cuarto sin prácticamente espacio, pero veréis qué bien... Mañana os cuento.

Mirad lo que le gusta a Raúl nuestra nueva "cama", jeje.

 
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Sorteo Amor maternal

Escribo este post porque hace poquito que he descubierto el blog de Amor maternal, y viendo que se hace un sorteo de 4 fulares de Mamá Loba, pues allá que voy, jeje.

Ya he contado en otras entradas que soy una mamá cangura, que desde que nació Raúl bien pocas veces le hemos llevado en el carrito, que nos costó bien caro y guardado en el maletero del coche está desde hace meses... Le porteo a diario, cuando nació porque descubrimos que cuando lloraba mucho y no había manera de calmarle, le colgábamos y se quedaba dormido nada más tocar nuestra piel en el portabebés. Además me di cuenta de que era mucho más cómodo para mí llevarle colgadito que con el carro para las cosas cotidianas, tipo ir a hacer la compra, pasear a nuestras perritas...

A parte de estas cosas prácticas, Raúl siempre ha sido un bebé con dificultades para conciliar el sueño, y con siestas o inexistentes o muuuuy cortas. El día que ya pudimos volver a salir a pasear con nuestras Ciras, tras habernos acostumbrado a nuestra nueva vida, resolví nuestro problema con el sueño diurno. Yo sacaba a pasear a las perris, y Raúl se pegaba unas siestas de hora y media... Eso sí, era entrar por la puerta de casa y despertarse, pero algo es algo, ¿no?

Yo disfruto del calorcito de mi bebé, el disfruta del de mami, y gracias a ello creamos un fuerte vínculo. Un vínculo que quizás nos faltaba por otro lado, y que nos costó encontrar. La teta no fue sinónimo de disfrute, primero, porque tuve mucho dolor (a veces aún algunas tomas son difíciles) y segundo porque cada vez que mamaba era llanto continuo (otro día explico el porqué de estos problemas de lactancia, que ya tenemos diagnóstico) y claro, nos resultaba un momento más de estrés que de felicidad, con lo que mamá y bebé no estaban con ello promocionando su vínculo de amor maternal. Así que el portabebés ha suplido de alguna manera esta falta.

Ahora estamos aprendiendo a llevarlo a la espalda, y a veces incluso, si es un trayecto no muy largo, puedo llevarlo a la cadera y he aprendido que es la mejor manera de darle tetita para mí, sin tener que sacarle del fular.

Lo del porteo es algo que me ha sobrevenido de manera accidental, no sé si de no haber sido así hubiera decidido portearlo, porque si no las cosas habrían sido muy distintas, creo que es la base de la crianza de nuestro bebé. Aunque ahora está mucho más tiempo en el suelo, practicando su arrastre e inicios del gateo, siempre ha pasado muchísimas horas en brazos, porteado, durmiendo encima de sus papás, titos, abuelos... y eso tiene que tener algo que ver con lo feliz que es y lo contento que está siempre, aunque mucha gente de alrededor piense que se debe a su temperamento únicamente.

Siempre recomiendo el uso de los fulares para el porteo, porque ofrecen muchísimas cosas tanto al bebé como a los papás, así que he estado ojeando la web de mamá loba y claro, hay que echarle un vistazo si sois papás o lo vais a ser pronto, hay un manual de usuario muy útil sobre como usar sus telas y además con las ventajas que nos ofrecen.

Por eso os animo a que participéis en el sorteo, si pincháis en el título de esta entrada os redirecciona al sorteo para que veáis lo que tenéis que hacer. ¡Suerte!

sábado, 23 de abril de 2011

El nacimiento de Raúl (3ª y última parte)

(Si no has leído la entrada anterior de este relato y te apetece hacerlo, pincha aquí).
(Si quieres leer la 3ª parte editada, pincha aquí).

Y la parte final del relato de mi parto, lo peor, el parto medicalizado y la separación los primeros minutos (que parecieron horas), y lo mejor, el primer contacto piel con piel.

Sin darme cuenta del tiempo que pasaba, me pusieron oxitocina para iniciar de nuevo las contracciones, pero a la tercera contracción artificial, el corazón de Raúl enlenteció sus latidos, así que fuera medicación. Después empezó a dolerme un poco más y me pusieron un poco más de epidural, fue lo peor, porque entonces dejé de sentir, incluso dejé de poder mover mi pierna derecha. Debían ser las 7 y media de la tarde y decidieron romper la bolsa, bueno, digo decidieron, pero yo también lo hice, aunque movida por el miedo, como ya dije en las anteriores entradas sobre el nacimiento de Raúl.

No sé cuánto tiempo pasó, pero estábamos discutiendo que si me sondaban que si no… y sentí ganas de empujar, una presión grande, pero sin dolor. Así que para el potro, y nada, algunos pujos insensibles y dirigidos, cansancio, sin dejarme gritar para que “no perdiera la fuerza por la boca”, y tras el cortecito de rigor (digo cortecito, pero no fue tan delicado) Raúl estaba mostrándome su descontento con ese primer llanto que recuerdo vívidamente.

Me lo pusieron encima de la barriga y lo quise traer a mi pecho, pero antes cortaron el cordón (en mi plan de parto también estaba reflejado que no se cortara hasta que dejara de latir…). Tuve que pedir que me quitaran las tallas y las gasas de encima para poder sentir su calor, y Raúl dejó de llorar.

Y recuerdo su carita algo inflamada, intentando abrir sus ojitos para mirarme, su olor que aún llevo impregnado en la nariz, el color azuladito aún de su cuerpo cubierto por una fina capa de vernix y algo de sangre, su calor que era el mío… No podía dejar de mirarle y decir: “madre mía, madre mía, madre mía…”.

Fue un momento para los dos, con miradas cómplices con el papá, pero convirtiéndonos en otra cosa distinta a lo que hasta ese momento habíamos sido Raúl y yo. Había dejado de formar parte de mi cuerpo para estar a mi lado, y ahora solo queríamos mirarnos y sentirnos en ese mundo nuevo para los dos. Todo lo que había pasado hasta entonces dejó de importar, yo fui feliz, nunca antes había sentido algo así, no podía dejar de mirarle y acariciarle. Recuerdo el éxtasis del momento de manera muy vívida, pero muy corto.

Tras pedírmelo en un par de ocasiones, se lo llevaron para la vitamina K, para limpiarlo… y ya no volví a tenerlo en brazos hasta que estuve de nuevo en la cama, y creo que estuvieron al menos 30 minutos cosiéndome, porque Raúl nació a las 23.10 y a las 24.00 estaba en la cama con él de nuevo.

Nos robaron ese tiempo, y en aquel momento no sé porqué no me di cuenta, si estaba demasiado cansada, si era el momento tan grande que estaba viviendo… ufff, no sé. La cuestión es que relaciono ésto con que nos costó muchísimo a partir de ahí que mamara, bueno, tanto que tuve que llamar a mi ángel de la guarda, Rocío, para que nos echara un cable un par de días después del parto, porque en el hospital solo me ofrecían suplementos y pezoneras, y el nene no había manera de que mamara. Había pesado 3,815 kg y por el riesgo de hipoglucemia no paraban de decirme que tenía que comer… y la de pinchazos que se llevó para mirar la glucemia el pobre. Le dimos con cucharita y jeringuilla el calostro que me sacaba con el sacaleches que me prestaron finalmente, hasta que llegó mi amiga y nos mostró cómo. ¡Menos mal!

Después de la primera noche, empezaron mis cavilaciones sobre lo que había sido el parto. Nuestro plan de parto se quedó en agua de borrajas, porque tras ponerme la epidural, muchas de las cosas que no queríamos fueron necesarias, o eso pensamos en aquel momento. Me sentí haber fallado, haber tenido un parto que no era el que queríamos para Raúl, haberle hecho nacer de manera provocada, sin respetar sus tiempos y los de mi cuerpo… A medida que pasaban las horas me decía que había estado a la altura, que era el primer parto, que había sido un aprendizaje para mí después de todo.

Hoy día pienso que el nacimiento de Raúl me ha enseñado algo, que mi cuerpo ha reaprendido lo que llevaba escrito en él, lo ha sacado a la superficie, y ahora soy una mamá canguro, que adora a su bebé y desea sobre todo ser la mejor mami para él.

Tengo que dar las gracias al papá de Raúl, porque estuvo grande durante esas horas, sintiendo mi dolor y acompañándome. Te quiero amor.

Y a mi Rocío, gracias por haber estado ahí cuando te hemos necesitado, eres un ángel.

Y por supuesto, gracias Raúl, por mostrarme el camino, por ser mi luz, porque eres un ser de luz. Te quiero bebé.

miércoles, 20 de abril de 2011

El nacimiento de Raúl (2ª parte)

(Si no has leído la entrada anterior de este relato y te apetece hacerlo, pincha aquí).

Como expliqué en mi anterior entrada sobre el nacimiento de Raúl, el día de mi cumpleaños hablé muchísimo con mi bebé para que me ayudara en ese trance, porque teníamos cita para la inducción dos días después, y yo quería por encima de todo dejar que Raúl decidiera cuando era su momento para cambiar mi vientre por este mundo nuestro. Le pedí una señal........

Y RAÚL RESPONDIÓ.

A las 22.20 del 20 de septiembre, justo la hora de mi nacimiento hacía 28 años, noté un dolor que no había notado antes. Estaba hablando por teléfono con mi padre, que siempre me felicita a esa hora, una bonita tradición, y tuve que colgar deprisa, sin contarle nada, porque están lejos y no quería adelantar acontecimientos.

A partir de ahí las contracciones se sucedieron de manera rápida. Fueron cada 10 minutos hasta las 12 de la noche, y después ya pasaron a ser cada 3 minutos toooooooda la noche. Mi pareja estuvo espectacular.

La verdad es que el recuerdo que tengo es el de una noche de arduo trabajo, emocionante, porque en pocas horas tendríamos a nuestro bebé entre los brazos. Me metía en un rinconcito que había creado en mi interior cada vez que llegaba la contracción, dejaba ir mi voz y a mi cuerpo danzar, probando nuevas posturas porque tumbada era imposible. Mi pareja recuerda la banda sonora perfectamente, era un sonido gutural que salía de muy adentro... Y tras la contracción, la relajación total... No podía imaginarlo hasta que lo sentí, lo que contaban otras mamás que ya habían parido, ese estado de relajación en el que no hay nada que hacer...

Fuimos al hospital porque estaba cansada, no porque hubiera notado que era el momento, y las contracciones se habían hecho más fuertes desde las 6 de la mañana. Al verme sólo estaba de 1 cm, así que decidí volver a casa. A las 12 ya no podíamos más, llevaba casi 14 horas en casa y volvimos a irnos. A la una del mediodía estábamos entrando por urgencias, estaba de 2 cm, me pusieron los monitores solo unos minutos para ver que todo iba bien y después me llevaron a la habitación de la planta.

Ahí ya me desconecté de mí misma y de mi bebé. Dejé de controlar el dolor, porque salí de ese mundo interior que en mi casa tan bien me había funcionado. Estábamos en una habitación con una chica recién parida y su familia, yo con contracciones cada 3 minutos, y no podía dejarme llevar por lo que me pedía el cuerpo, que era danzar y cantar… (lágrimas).

Pedí que me subieran al paritorio a las 4 de la tarde. Estaba de 4 cm y medio, y decidí ponerme la epidural nerviosísima. Cuando me la pusieron me relajé y mi novio se durmió. También relajado. Pero el parto se paró por completo… y desde ahí ya una vorágine de intervenciones que no pude controlar porque tenía miedo, porque me metieron miedo de que al final acabara siendo sometida a una cesárea.

El hospital no es el lugar para parir, no me cansaré de decirlo, hace falta un cambio para que los partos sean lo que en realidad son, para que los dejen ser ese proceso fisiológico dentro de la vida sexual de una mujer.

Dejamos lo que queda para otra entrada, esperando a Raúl.

(Si quieres seguir leyendo sobre el nacimiento de Raúl y mi parto, pincha aquí).

martes, 19 de abril de 2011

Amor maternal

 
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El tacto de tu piel es lo que no me esperaba, sí las noches en vela, pero no de esta manera. Nunca imaginé que a pesar de despertarme a medio sueño a las 2 o las 3 de la mañana porque quieres tu tetita, un gesto tuyo podría hacerme sentir la mujer más feliz en ese momento. Sentir tu manita en mi mejilla mientras te nutres de mi cuerpo, sentir la suavidad de tu palma en mi piel, despierta en mí un sentimiento de amor enorme, nunca antes experimentado. Adoro tus deditos, tus manos, ese surco en la muñeca, tus regordetes brazos... Me siento unida a ti de una manera muy especial en ese momento nocturno, en que solo estamos tú y yo en el mundo.

Te quiero bebé.

lunes, 18 de abril de 2011

En Mi Otra Vida


Pues me uno a la iniciativa del blog de Ana,
así que allá va lo que yo hice en mi otra vida.

Siempre quise se madre, y desde que conocí a mi pareja sé que él sería el padre para mis hijos. Me quedé embarazada una primera vez que desembocó en un aborto y al poco tiempo volvía a estar embarazada. La verdad es que ni por un segundo se me había planteado la duda de qué tipo de madre sería, pensaba que solo había una "buena" manera de criar a los hijos... La verdad es que la maternidad en mi entorno cercano era la que suele ser habitual, el niño a la cuna, cochecito para salir a pasear, a su cuarto con pocos meses, teta más o menos hasta los 4 meses, rutinas...

No sé, esa era mi idea de lo que era criar a un bebé antes de quedarme embarazada. Una de mis amigas había sido madre hacía poco, y lo que ella hacía con su hijo me parecía lo normal. Ella es una persona muy amorosa con su bebé, pero también es verdad que se ha dejado llevar por métodos demasiado conductistas en la mayoría de las situaciones, y a decir verdad, nunca me pareció mal, la tenía como un buen ejemplo. Me regaló el libro del dr.Spock cuando le conté el embarazo y yo me puse a ojearlo durante los primeros meses.

En mi vida antes de dejarme llevar por el impulso de Raúl decidí que tenía que preparar la habitación más bonita para él, le hice pintar el cuarto al papi con emoción, decoré las paredes con pinturas hechas por nosotros, preparé la ropita que me habían regalado en su armario... Todo esto pensando en que dormiría allí más o menos desde los 4 meses, ¡qué ilusa la mente humana!

Compramos dos cunas, a falta de una, la de su cuarto, y la minicuna que metí en el nuestro, un cambiador, una bañera, el carrito más armatoste que había en el mercado, y el más moderno, ¡si es que tiene hasta freno de disco!, la trona, la hamaca, la sillita para el coche, la sillita para cuando comiésemos fuera de casa... Bueno, si no compré más cosas es porque no las había en el mercado o porque me han prestado otras... Todo esto sería a falta de 3 meses para el parto.

Todo estaba listo...y ahí siguen muchas cosas. La habitación tan bonita de Raúl, la usamos para cambiarle, a veces, porque es más cómodo encima de la cama que en el cambiador(aunque haya riesgo de fugas); la cuna que hay en nuestro cuarto, pues la usa cuando estoy tan hecha polvo que necesito estirarme un poco más (en espera de colocar por fin la cuna sidecar) porque la mayoría del tiempo duerme con nosotros en la cama, aunque apretujadillos; el carrito... pues nos sirvió para llevarlo en coche por lo del capazo, pero ahora que ya le llevo en silla grande, en el maletero está. Creo que lo he metido en casa unas dos veces. La verdad es que siempre o casi siempre le porteo, excepto si vamos a comer o a cenar, en que es cómodo poder dejarlo un ratito sentado en el carro. Todos estos cambios nos sobrevinieron cuando aún me quedaban unas semanas de embarazo, dándome cuenta de que no era lo que yo quería para nosotros.

Antes no era la mujer que soy ahora, incluso veía el mundo de la crianza natural como algo extraño, y un poco de hippies... pero algo dio un vuelco en mi interior, y mucho más claramente cuando nació Raúl. En el hospital estuvo en la cuna un par de ratitos, cuando tenía que ir al baño y estaba sola, porque me daba cosa dejarlo en la cama. Durmió conmigo en esa camita estrecha de los hospitales. Estamos aún disfrutando del colecho a sus 7 meses. Lo porteo a diario. Duerme las siestas en mis brazos. La teta es su principal alimento de momento, puesto que lo de otros alimentos aún se le hace raro. Estoy preparando un arsenal de leche congelada para cuando me incorpore a trabajar, pienso seguir con la teta hasta que él decida...

Sentí la llamada de la selva...

El nacimiento de Raúl (1ª parte)

(Si no has leído la entrada anterior de reflexiones sobre el nacimiento de Raúl y mi parto y te apetece hacerlo, pincha aquí).

Cuando descubrimos que estaba embarazada fue una situación extraña, puesto que ya había estado embarazada antes, y no había funcionado. Así que aunque estábamos felices, la verdad es que había algo en mí que me hacía contener este sentimiento.

Tras las primeras semanas, al ver que iba creciendo, y sobre todo, cuando empecé a notar sus movimientos, que fue pronto, me dejé llevar, y viví un embarazo muy feliz (a pesar de haber sufrido algunos contratiempos físicos típicos sobre todo los primeros meses). Me sentí plena como nunca lo había sentido, estaba acompañada siempre, le sentía moverse y comunicarse conmigo, sabía que estaba dándole todo de mí, mi sangre, mi cuerpo, mis emociones, mis pensamientos… Y él me lo daba todo también. Compartimos unos meses preciosos, en los que me preparé para recibirle a través del yoga, la relajación, las visualizaciones… Empecé a ver el mundo de la maternidad de otra manera gracias a unas mujeres-madres maravillosas que dedican su vida al mundo de la maternidad.

Hicimos un taller sobre el embarazo y parto consciente, y desde ahí mi pareja estuvo mucho más cerca de mí, de nosotros; conseguimos acercarnos el uno al otro mucho más, ver las cosas del mismo modo. Nos preparamos para un parto que sería en el hospital, pero esperando y deseando que fuera un parto respetado. Presentamos copia de nuestro plan de parto, el día se iba acercando…

El 11 de septiembre de 2010 era la fecha probable de parto, antes de ello empecé a tomar infusión de hoja de frambuesa a diario, para ayudar a la dilatación, seguí con el yoga y las visualizaciones, y el día marcado llegó, pero no ocurrió nada. Sin embargo, a partir de ahí empezaba una cuenta atrás que yo no podía controlar.

Yo me encontraba genial, y no tenía ninguna sensación de que a Raúl le apeteciera salir todavía de su bolsita… Pero los ginecólogos se encargaron de meternos el miedo en el cuerpo (suspiro largo). Así empezamos a ir al hospital en sucesivas visitas a María, la enfermera de los monitores, y al gine que estuviera ese día en la consulta. El día 13 fue el primero, y ahí ya intentaron, sin preguntar, una maniobra de Hamilton…¡estaba de 40+2! Me indigna, porque además en mi plan de parto estaba claro que no queríamos maniobras de ese tipo, con lo cual descubrimos que ni se lo leen (suspiro enorme). Pues no me la hizo porque pregunté, porque estaba informada, porque conozco el medio y porque cerré las piernas, todas y cada una de esas cosas tuve que hacer.

Yo me dedicaba a andar, seguía con la frambuesa, y bueno, disfrutamos de las relaciones en los últimos días de embarazo, que las prostaglandinas no vienen nada mal, jeje.

El día 20 estaba de 41+2, era el día de mi 28 cumpleaños, y yo ya veía negro eso de que dejaran a Raúl nacer cuando él lo decidiera, sin correr riesgos, claro. Fui a mis últimos monitores y me dijeron que había que ingresar al día siguiente para la inducción, ¡qué horror! Que los protocolos del hospital eran inducir en la 41+3 porque los estudios demostraban que esperar solo traía cosas negativas para mamá y bebé. La ginecóloga que estaba aquel día me tachó de mala madre e irresponsable, puesto que yo no deseaba ingresar al día siguiente, pensaba que había tiempo hasta la 42 al menos, pero me asustó un poco y decidí que si Raúl no había dado señales al día siguiente, ingresaríamos el 22.

Hay que decir que no había tenido contracciones dolorosas, simplemente las de Braxton Hicks y de manera no continuada.

Esa tarde vi a Rocío, mi maestra de yoga y mucho más, y le conté lo que había ocurrido. Me aconsejó disfrutar de lo que me quedaba de embarazo, que hablara mucho con mi bebé, que le contara lo que estaba pasando…y que mirara en mi interior. Que aunque me hubiera comprometido, podía echarme atrás si era lo que sentía, que la decisión era mía al fin y al cabo. Que me dejara llevar por mi instinto, vamos… Había cambiado el instinto por el miedo, esa es la verdad.

Llegué a casa por la tarde y mi amor me había preparado un altarcito con una orquídea preciosa y unas palabras que me llegaron al corazón, por mi cumpleaños. Me di un baño y hablé mucho con Raúl. Le dije que si él deseaba decidir, tenía que darme alguna señal, que necesitaba su apoyo para saber que debía esperar, que era feliz de tenerle conmigo, pero que supiera que lo sería de la misma manera cuando decidiera venir, que le esperábamos con los brazos abiertos. Le dije muchas cosas en ese largo baño, y sobre todo le pedí que me diera alguna señal para sentirme acompañada en la decisión que tomase.

(Si quieres seguir leyendo sobre el nacimiento de Raúl y mi parto, pincha aquí).

sábado, 16 de abril de 2011

La felicidad

Solo quería compartir una cosilla antes de terminar el día.

Hoy hemos disfrutado de una siesta en familia... Bueno, más bien yo he disfrutado de verlos dormir a mi lado. Me hacen feliz de maneras que antes de ser papás ni siquiera hubiera podido imaginar. La felicidad se encuentra en muchas cosas de nuestro día a día, es un sentimiento que me llena de tal manera que no puedo hacer otra cosa que sonreír y dejarme llevar por ello.

Ahora, tras mucho rato intentándolo, por fin Raúl se ha quedado dormido, que el pobre estaba tan muerto de sueño de todo el día por ahí de paseo, que no era capaz de dormirse. Tengo su cuerpecito encima de mi pecho dándome su calor, tan a gustito que me hace cerrar los ojos de placer cada ratito. No dejo de mirarle. No dejo de amarle un poco más cada minuto. Sí, desde luego, SOY FELIZ.

viernes, 15 de abril de 2011

Medicina y lactancia materna, ¿aprenderemos a promocionarla?

Aquí dejo un artículo que he encontrado en el blog de Cayetana, en el que la autora explica con algo de guasa lo difícil que es el inicio de la lactancia materna en los primeros días en el hospital si lo que esperas son consejos por parte del personal...


Toda la vida se ha dicho que ser madre es muy difícil. Es verdad, una verdad como la copa de un pino. Lo que nadie había explicado es que la dificultad no radica en la relación misma entre la madre y el hijo. No, señor. La relación entre una madre y su bebé es clara, pulcra y limpia como el agua del riachuelo de Heidi. El auténtico problema de la maternidad son los demás, todos los demás, el resto de seres racionales bípedos con boca y, por lo tanto, con capacidad de emitir una opinión.
Por lo visto, tener un bebé es como ser un personaje público: da carta blanca a cualquier desconocido para decirte lo que piensa en el momento en el que le parezca bien.En la última semana he tenido el honor de escuchar la inestimable opinión pediátrica de una vendedora de la ONCE, dos ancianos de parque, una adolescente con gafas y un frutero. Afortunadamente, supe ignorarles a todos con elegancia. Lo difícil de verdad fue lidiar con el tropel de ginecólogos, matronas y pediatras que pasaron por la habitación del hospital después del parto. ¿De verdad nadie les ha dicho que estaría bien que se pusieran de acuerdo? Por caridad. Estás recién parida. Sujetas a tu bebé como si fuera de cristal caro, completamente aturdida por su llanto, e intentas que coma de tu pecho. Un señor de bata blanca entra y te dice que los primeros días refuerces su alimentación con biberones para que no pase hambre. Tú dudas; habías oído que el biberón no era recomendable, pero confías en el médico y acabas por claudicar. Tres minutos después, feliz y relajada, le das el biberón a tu bebé. Crees que has hecho lo correcto.Entonces entra en la habitación otra mujer de bata blanca. Se lleva la mano a la boca con horror y te mira como si el biberón fuera una navaja suiza. Te recomienda enérgicamente evitar los biberones para que el bebé no se vicie y acabe rechazando tu pecho. Así que sueltas el biberón como si estuviera lleno de cianuro, y le vuelves a enchufar el pezón otra vez. Antes de salir, la mujer de bata blanca aconseja que le des siempre diez minutos de cada pecho.Después, como en una obra de teatro mala, entra otro médico. Te ordena darle sólo un pecho en cada toma, porque la grasa del final de cada teta es lo más importante para el crecimiento del bebé. Aconseja, si eso, darle un poco de biberón después de que el bebé se haya acabado el pecho. Tú le miras, como intentando entender el chiste. Pero no hay chiste. El señor se va y tú no sabes qué hacer. Tienes al niño llorando desconsoladamente en el regazo, una teta en una mano y un biberón en la otra. Y lo único que piensas es que necesitas un ordenador inmediatamente para buscar más opiniones por Internet.

Tetas y biberones
ESTIBALIZ GABILONDO 13/02/2011

Y bueno, en la primera parte del artículo se habla de lo expertos que somos todos respecto a la maternidad y al cuidado de los hijos cuando no los tenemos (me incluyo en esa bolsa) o teniéndolos (porque lo que nosotros hacemos es lo correcto), y lo fácil que es aconsejar, cuando no abroncar, sobre el tema. La cosa está clara, hay que hacer oídos sordos "al resto de seres racionales bípedos con boca", jejeje, y solamente escuchar a nuestro propio corazón.

Apenada por la vuelta al trabajo

Hoy me quedan 15 días para la incorporación al trabajo, tras muchos meses de baja, vacaciones, lactancia... y todo lo que he podido juntar, la verdad. Ahora, y hasta que acabe el año, no tengo ni un día más para poder pedir libre... pero bueno, la verdad es que pienso trabajar poco, puesto que he pedido una reducción de jornada del 50%, así que mis compañeros me verán poco por allí.

No es que no tenga ganas de ir a trabajar, porque me encanta mi trabajo, pero desearía poder quedarme en casa a dedicarme simplemente a criar a mi hijo. Aunque haya mamis que piensen que no podrían vivir así, que desean fervientemente volver a la vida laboral, yo no. Estoy disfrutando al máximo los días que paso junto a mi pequeño, no me canso de ello, no me canso de su divertida compañía.

Muchas de mis amistades me dicen que me va a venir bien, que cuando empiece a trabajar lo voy a notar, que voy a descansar... pero no se dan cuenta de que probablemente cuando esté allí mis pensamientos vuelen a mi casa, pensando qué estará haciendo mi bebé, si me echará de menos, si necesitará su tetita...

Raúl se va a quedar con su papá, y nadie mejor que él para cuidarle, pero no me siento así porque me de miedo cómo va a estar él, sé que va a estar fenomenal con papá. Lo que me pasa es que yo no voy a estar tan bien lejos de su compañía, porque lo voy a añorar muchísimo. Somos uno desde hace tantos meses... me he separado unas pocas horas de él, que creo que contando no pasan de los dedos de una mano, y porque era estrictamente necesario. Y ahora pienso en la cantidad de horas que me voy a perder, aunque la mayoría serán de sueño nocturno, y me da mucha penita.

Voy a descansar mucho menos que hasta ahora, pero disfrutaré mucho más del tiempo a su lado tras unas horas de separación, estoy segura. Me quedan 15 días en que no quiero separarme de él ni un segundo, y si antes lo porteaba con asiduidad, ahora lo llevaría todas las horas del día cerquita de mí, para mezclar bien nuestros olores y besarlo hasta desgastarle un poquito esa cabecita pelona.

Abogo por una baja maternal mayor de la que tenemos, en que las mamás tienen que separarse de sus bebés a las 16 semanas de nacido, porque muchas veces no tienen otras posibilidades laborales. La mujer se ha liberado desde que se incorporó al mundo laboral, pero realmente muchas de nosotras echamos de menos la supuesta conciliación de la vida familiar con la laboral. Yo he podido pedir una reducción de jornada, porque soy empleada pública, pero tengo que renunciar a la mitad de mi sueldo para cuidar a mi hijo y no tener que dejarlo en una guardería con una cuidadora que legalmente puede tener a su cargo a 7 bebés además de a Raúl. Yo he optado por la crianza de mi hijo, pero muchas madres tienen que renunciar a ello porque no tienen opciones. Así es difícil plantearse el tener hijos, ¿no?

miércoles, 13 de abril de 2011

Naturaleza instintiva

Los momentos más importantes de la vida de un animal son los primeros días después de su nacimiento... Esta frase podríamos cambiarla un poco para los seres humanos, puesto que no somos realmente autónomos hasta bastante después que otros muchos animales. Así que decimos que además de esos primeros días, las primeras horas son primordiales para crear el vínculo afectivo entre la madre y el hijo, para asentar las bases de la lactancia materna y para iniciar la andanza de ese bebé en un mundo muy distinto al del vientre materno. Los primeros meses son también muy importantes para la maduración psicomotriz, emocional y afectiva de las personas que ya son, a pesar de ser tan pequeños. La primera infancia y la forma en la que ésta se viva es sumamente importante para la evolución de la personalidad.

Todos los mamíferos empiezan mamando la leche materna. El amamantamiento se puede decir que es el mayor invento de la naturaleza. Sirve para nutrirles y también para crear un fuerte vínculo con la madre. ¿Por qué privar a los bebés humanos de ello no dejando que las hormonas y los instintos hagan su trabajo? Muchos de los problemas que surgen sobre todo con la lactancia en los primeros días de conocimiento mutuo y de autoconocimiento, son debidos a esas primeras horas en que el bebé debería estar pegado a su madre, haciendo eso que sabe hacer porque está grabado en todas las células de su cuerpo. Es la química primaria que surge entre madres y crías de manera natural. Las hormonas que se segregan durante el parto y tras él son las responsables de la creación de ese vínculo, del reconocimiento mutuo por el olor, del inicio de la lactancia...

Pero en los partos de las mujeres en los hospitales, eso a veces se queda en segundo plano. Nos olvidamos de que los niños están preparados para subir hasta el pecho para mamar, y de que la mamá está preparada para dar amor en ese primer momento, en esa primera hora. Es contraproducente quitar a la cría del pecho de su madre para limpiarla o cualquier otra maniobra, y después de media hora, o una hora, dársela vestida y decirle que la ponga al pecho...

¿Cómo quieren que tras haber roto el lazo invisible que la naturaleza nos ha dado sea fácil que el bebé y la madre puedan retomar ese primer contacto?

Las emociones son la voz de nuestros genes y de nuestro pasado, dicen que son los instintos conscientes. Una madre nunca estará tan abierta a su hijo, tan disponible, tan receptiva ni tan amorosa como en ese primer momento tras el nacimiento, cuando recibe a su cría tras haberla ayudado en el proceso del parto, cuando le da la bienvenida a la vida tal y como la conocemos, cuando es el ser más feliz de la tierra, así que dejémosla ser mujer, dejémosla hacer lo que sabe que tiene que hacer, dejemos a su bebé ir hacia ella y nutrirse de su pecho, formando ese lazo primordial para su supervivenvia tras haber roto el que físicamente les mantenía unidos durante los últimos nueve meses.

martes, 12 de abril de 2011

Parto respetado

Lo que aún no entiendo es que el presidente de la Sociedad Española de Ginecólogía y Obstetricia siga siendo ese señor, que piensa, y lo ha dicho, que el parto natural es "una solemne tontería, porque es un parto que puede ir bien, puede ir mal, y que puede acabar como el rosario de la aurora, un parto inherente a la naturaleza y en el que el hombre no interviene. Pues ya sabemos lo que depara la naturaleza cuando se deja el parto evolucionar de forma natural".

Son palabras textuales de un señor que ya era presidente de dicha sociedad en 2006, en el documental "De parto" de Documentos TV. ¡Qué miedo da escucharle! Por lo menos a mí me pone la carne de gallina pensar que algunas mujeres habrán pasado por sus estupendas manos en sus experiencias de parto, y que muchos bebés han tenido que nacer de manera forzada por culpa de profesionales como éste, que no creen en la naturaleza de la mujer, que no es otra que la de crear y dar vida, ser el canal a través del que los bebés vienen a este mundo.

El otro día volvió a dar su opinión al respecto de cómo se trata el parto en los hospitales en la actualidad... Pues ya podemos esperar que nos dejen parir y confíen en nuestra capacidad para ello con señores como este de máximo exponente de los ginecólogos en España, que piensa que si no interviene un médico la cosa se va a "DESMADRAR", ¿no sería justo al contrario? Me pregunto yo. Porque según él la naturaleza nada tiene que ver con parir...



Pues vamos bien, sí.

Afortunadamente hay otro tipo de profesionales con una visión más actual de la medicina, que comprenden la fisiología de un proceso que es y ha sido siempre natural, porque cualquier hembra de cualquier especie está preparada para parir. La medicina y sus avances deberían entrar en escena sólo cuando son estrictamente necesarios, que a veces ayudan muchísimo, no digo que no, por supuesto que es necesario que te atiendan en determinadas situaciones, pero no creo que en esos porcentajes.

Me encanta ver cómo hay hospitales en lo que se trata el parto de manera humana, sin intromisiones técnicas, con materiales adecuados a un parto, a lo que la mujer desea para ese momento, a lo que le pide su cuerpo instintivamente. Que se nos permita movernos libremente durante la dilatación, que la monitorización no sea continua, que se respeten los tiempos, que se nos permita elegir la posición que deseemos en el momento del expulsivo...

Deseo que en esta pequeña isla las cosas mejoren, que cambiemos la visión de la maternidad que tenemos los profesionales sanitarios, dejándonos llevar por lo que las mujeres, cada vez más, están/estamos pidiendo, UN PARTO RESPETADO.

Despedida

Pues de eso va la cosa, de despedida, queremos decirte muchas cosas, que se escriben y sintetizan en una sola palabra: GRACIAS.





Porque has estado con nosotros estos 6 primeros meses de vida de nuestro tesoro.

Te agradecemos el acompañamiento, el apoyo, el cariño, los consejos, el saber estar, las sonrisas, los pinchazos indoloros, el tacto y el contacto, el respeto hacia mi forma de ver la maternidad, los favores de última hora porque la mami está preocupada por el ombliguillo (cosas de mamás primerizas...), tu tranquilidad y sosiego, tu interés... no sé por donde seguir, porque son muchas cosas.

No me equivoqué al elegir pediatra, porque has sido el acompañamiento perfecto. Aunque de nuevas en un mundo que poco conocías (ni yo tampoco), me ha encantado que hayas estado ahí con nosotros para todas las visitas.

Todo esto es a título personal, pero seguro que si Raúl pudiera hablar te diría que no te fueras, que está encantado de haberte conocido y que no sabe si la que venga tras de ti va a estar a tu altura. Todo esto lo traduce su mami que lo conoce bien.

Esperamos saber muchas cosas de ti, de cómo te va todo en tu nueva andadura profesional y personal, y que en breve estés mostrándome una pancita creciente, que signifique una bienvenida a la vida. Y si quieres... estaremos encantados de mostrarte la maternidad desde este lado que aún no conoces...al otro lado de la mesa en la consulta.

Ya sabes, nuestra manera de ver la crianza es un poco distinta de la de mayoría, pero a mí, ¿qué quieres que te diga? Me ha cautivado porque me llena, nos llena, a los tres. Así que si cuando llegue el momento te apetece saber algo más, aquí estamos Raúl y yo, que no somos expertos, pero la experiencia es un grado, eso dicen.

Muchos besos y un abrazo grande que te llene de energía para ese cambio deseado aunque lleno de pena por otro lado. ¡Que te vaya bonito Ana!

viernes, 8 de abril de 2011

La importancia de la tribu

Las madres durante los siglos que nos preceden no han estado solas, somos animales de manada, y tal y como hacen las leonas, las crías han sido cuidadas por sus madres, pero a la vez por sus tribus. Hoy en día nos hemos separado tanto de nuestra propia naturaleza que la "tribu" consta de una familia nuclear, padre-madre e hijos, incluso en ocasiones, madre o madre e hijos, que no reciben prácticamente ayuda del resto de la familia. Bien porque se piensa que la crianza de los hijos tiene que recaer en exclusiva sobre los padres; bien porque cada uno tiene sus propias responsabilidades, horarios, poco tiempo...; bien porque ni siquiera existe tal unión entre las mismas familias.

Cuando nos planteamos tener hijos, me daba miedo estar lejos de mis padres, mis hermanos, mis abuelos, mis tíos... mi familia. Precisamente por esa falta de la ayuda de la tribu en la crianza de los hijos, no solo para brindarnos esa ayuda, sino para crear ese ambiente de apoyo emocional, físico, psíquico y espiritual. Deseábamos tener hijos, así que Raúl llegó a mí haciéndose un hueco en mi interior, y poco a poco fue creciendo. A medida que pasaba mi embarazo fui descubriendo un mundo distinto, una forma de ver la maternidad de forma más natural, y me di cuenta de que era lo que me estaba pidiendo mi propio ser y mi bebé. Leí y leí, pero sobre todo me empapé de experiencias y fui conociendo a personas llenas de luz que me alumbraron ese camino hasta aquí, junto con la guía en la que se convirtió Raúl desde mi embarazo.

Así creamos esa "tribu", que descubrí no tenía porqué ser la familia, convirtiéndose en los pilares sobre los que me sostengo cuando estoy un poco desequilibrada. Mi familia está conmigo, pero al no poder estar físicamente a diario, es difícil buscar algunas cosas con ellos, así que aquí estoy, formando un círculo de apoyo a nuestro alrededor, un círculo que me encanta y que poco a poco ha ido tomando forma.

Tengo que dar las gracias, gracias a Rocío, a Thaïs, a Paula, a todas y cada una de las chicas (también a los chicos, vaaaa) que conforman ese grupo maravilloso de lactancia que tanta ayuda y apoyo aportan a las mujeres de esta isla.

Como ya les he dicho en alguna ocasión, gracias a ellas aún estamos teteando Raúl y yo, ¡¡no sé qué hubiera sido de este mamífero sin vosotras chicas!! Habría tenido que alimentarse de leche de otra especie...qué cosas tan raras hacemos los humanos... ¡¡Gracias!!

Y además tengo que agradecerles otras muchas cosas, por ejemplo el amor infinito que se respira en nuestras reuniones, hacia los niños, porque se les respeta como personas que son, aunque solo estén dando los primeros pasos en la vida; y hacia las mamis y los papis, porque cada uno tiene una forma de hacer pero no por ello menos respetable. Consuelo y compañía son otros "servicios" de este excepcional grupo que no deja que nos sintamos solas nunca, porque sabemos que siempre tendremos un sitio entre ell@s.

Ahora algunas mamás nos reunimos para pasear y charlar, para disfrutar de nuestros hijos y de nosotras mismas en un ambiente que nos apetece para nuestros hijos, así que ahora La maternidad según mi entorno es mucho más similar a La maternidad según mi instinto, jeje.

¡Gracias de nuevo chicas! Gracias de corazón.

La leche materna, el principio más activo

-Nombre comercial:
Teta

-Principio activo:
Leche materna humana

-Composición:
Variable. Varía de mujer a mujer, de pecho a pecho, de toma a toma y a lo largo de la misma toma, pero siempre se ajusta a lo que el bebé necesita en cada momento.

-Excipientes:
Contacto físico, contacto visual, calor, olor a mamá, latidos cardíacos, sonrisas, caricias, amor

-Indicaciones:
Como alimento exclusivo durante los seis primeros meses de vida de todos los bebés: sanos, enfermos, nacidos a término, prematuros, adoptados, etc. Como base alimenticia y tratamiento de primera línea ante cualquier caída, llanto, enfermedad o cuadro de insomnio hasta los dos años de edad o más .

-Contraindicaciones:
Ninguna

-Posología:
- Administración por vía oral y a demanda, en lugar de o antes de cualquier otra comida. Préstese atención a cómo el bebé se engancha al pecho. Si tiene dudas al respecto, consulte con el grupo de apoyo a la lactancia materna más cercano a su domicilio.

-Intoxicación o sobredosis:
La leche materna es atóxica, no puede producir intoxicación. Tampoco se han descrito casos de sobredosis. Por su naturaleza y forma de administración, la madre puede administrarla en tantas dosis como desee a lo largo del día.

-Efectos adversos:
No se han descrito

-Presentación:
Envase de dos pechos autorrecargables

-Precio:
Gratuito. No se vende en farmacias

-Condiciones de prescripción:
Sin receta médica

-Advertencia:
Déjese siempre al alcance de los niños.


Lo escribió una mami en un foro, y me encantó!!

Si existiera un producto en el mercado con semejantes características, los padres irían de cabeza a comprarlo, estaría agotado siempre, y si fuera muy caro, mejor todavía. Pero es que lo tenemos todas las mujeres a nuestro alcance, podemos dárselo a nuestros hijos de manera gratuita y sencilla, ¿por qué no lo hacemos?

Y ahora uno de los favoritos, para mostrárselo a todos los que dudan...

jueves, 7 de abril de 2011

Reflexiones sobre el nacimiento de Raúl

Después de algo más de seis meses me he decidido a empezar a contar la historia que aún no expliqué, la historia de mi parto y a la vez el nacimiento de Raúl. Pero antes, algunos sentimientos y pensamientos escondidos.

Hay tantas cosas dando vueltas en mi cabeza...no me atrevía a dejarlas ir de forma libre, a pesar de que las siento dentro pujando por salir.

A veces siento que debí hacerlo antes. Miro a mi bebé y me siento feliz, pero al leer en la red cosas que me interesan sobre el embarazo, el parto y la crianza, al escuchar las experiencias de mis compañeras del grupo de lactancia... siento un poquito de pena, noto esa espinita que se clava un poquito para recordarme que aún sigue ahí, que no hemos conseguido desenquistarla a pesar de haberme repetido en infinidad de ocasiones que la experiencia tuvo que ser de aquella manera, que lo hice lo mejor que supe dentro de las circunstancias hospitalarias, que me anularon de alguna manera.

Si hubiera escrito antes esta historia, puede que hubiera sido muy distinta a lo que ahora plasmaré, porque a pesar de que tras el parto sentí un poco que había fallado, que no había sido lo que yo quería que fuera para él, me convencí en las horas y días posteriores que había sido valiente, que me tenía que sentir orgullosa de haber pasado tantas horas en casa antes de acudir al hospital, sintiendo a mi bebé sin miedos, sabiendo que estábamos haciéndolo bien los dos. Bueno...las cosas a veces son distintas en función de desde qué perspectiva las mires.

Cada vez me doy más cuenta de que el nacimiento de Raúl no fue ni de lejos lo que quería, el acto de amor que deseaba, y tengo una herida que escuece, aunque no sangra. ¿Por qué? No me di cuenta y me da rabia, porque pude parar la cadena, creo que pude, y quizá el miedo me frenó, o el cansancio, o el dolor, no lo sé. ¿Fue de manera inconsciente, o no? Pero así fue. ¿Mi bebé nació cómo quiso? ¿Por qué no pude dejar salir a la Mamá Leona, al instinto enorme que sé que crece dentro de mí? Necesitaría haberme escondido en una madriguera pequeñita que no supe crear dentro de mí, porque desde luego el hospital definitivamente, no es el lugar para parir.

Quizás me hacía falta la experiencia, la apertura del camino, para acercarme más al mundo que quiero para él, para mí, para nosotros. Quizá mi cuerpo necesitó ese empujón que Raúl me dio para sentir de verdad, desde ese momento. Nunca pensé llegar a ser quién soy hoy, pero sé que todo lo que ahora hago estaba dentro de mí y quizá Raúl lo ha ayudado a salir mediante su nacimiento y mi parto. Finalmente, mi cuerpo se abrió, a pesar de todo, a pesar de lo medicalizado que fue. ¿Mi bebé me ha enseñado que puedo parir? ¿De alguna manera yo no sabía que puedo parir y por eso me dejé llevar por todo ese ambiente? Las experiencias de mi propio nacimiento se impregnaron en mí, y tal vez por fin las he abrazado y aceptado.

Desde luego, a pesar de todo, mi parto fue un acto de amor, con dificultades que superamos, los dos juntos. Dándole finalmente ese abrazo que solo se puede dar pariendo, el abrazo primigenio del canal del parto.

(Si quieres seguir leyendo sobre el nacimiento de Raúl y mi parto, pincha aquí).

domingo, 3 de abril de 2011

De lo que ahora sé sobre el agarre espontáneo



Después de 6 meses del nacimiento de mi hijo, y ahora que me estoy dedicando a leer en la red muchas cosas acerca de la crianza natural, me doy cuenta de que a pesar de que me creía informada para mi parto, no lo estaba del todo. Además de que finalmente el instinto fue enterrado por la asistencia hospitalaria de una manera que en aquel momento no alcancé a comprender pero de lo que ahora me doy cuenta con un poco de perspectiva y algo más de información.

A pesar de todo, soy feliz y me siento satisfecha porque mi bebé y yo hemos cumplido ya seis meses de lactancia materna. Pero no puedo evitar pensar que si nos hubiéramos dejado llevar más por el instinto... ¿qué hubiera pasado? Todo hubiera sido un poco más sencillo. Si no hubiera pensado que no pasaba nada por dejarnos algunas cosas de mi plan de parto en el tintero, ya que creía que se trataba de negociar con el personal, no podía ser todo como nosotros queríamos que fuera. Pero ¿por qué? Tuve que renunciar a algunas cosas por otras, o eso pensé yo en ese momento... más importantes para mí en el lugar y momento, sin darme cuenta de que me estaba quedando sin algunas cosas muy muy importantes para la relación con mi hijo, para la lactancia, para su salud... No sé, si volviera a parir cambiaría tantas cosas, que ahora mismo haría una lista extensa que tengo clarísima en alguna parte de mí.

Después de las experiencias las cosas se ven de otra manera, yo era primeriza y me dejé llevar por la vorágine que significa parir entre monitores, potros, vías y sueros. Soy enfermera, y en aquel momento las cosas que me contaban para cambiar la idea que llevábamos en la mente de lo que queríamos que fuera el nacimiento de Raúl me parecían bien, porque olvidé mi parte instintiva y me dejé llevar en exceso por mi parte consciente, por la enfermera que soy en esa parte de mí. Debí dar rienda suelta a la madre leona que ahora sé que soy y que llevaba dentro, debí apartar los pensamientos racionales y conectarme muchísimo más con mi bebé. No sé si fue el ambiente hospitalario, el cansancio o el dolor, pero los pasos que dimos fueron erróneos en algunos casos.

Nuestra lactancia ha sido dura, me emociono al escribir sobre ello, porque no es simplemente que lo haya sido, sino que a veces sigue siéndolo. Sinceramente creo que el nacimiento de Raúl y los momentos posteriores tienen mucho que ver en ello, por eso cuelgo este vídeo, porque me ha ayudado a liberar cosas que estaban encerradas en mí y necesitaba sacar fuera, para digerirlas y aprender de ellas.

Esta herida que llevo dentro se abre para mostrarme algo, para enseñarme a sanarla, y no hay otra forma que dejar las ataduras y vestimentas sociales y dejarme llevar. Ahora estamos en el camino, y los errores serán restituidos con tiempo y amor, sobre todo con amor... Hasta la próxima.

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