Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma. no vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu Amor, pero no tus pensamientos, pues Ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus Almas, porque Ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en Sueños. Puedes esforzarte en ser como Ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no se detiene en el ayer. Tú eres arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la Felicidad.

Khalil Gibran

sábado, 23 de abril de 2011

El nacimiento de Raúl (3ª y última parte)

(Si no has leído la entrada anterior de este relato y te apetece hacerlo, pincha aquí).
(Si quieres leer la 3ª parte editada, pincha aquí).

Y la parte final del relato de mi parto, lo peor, el parto medicalizado y la separación los primeros minutos (que parecieron horas), y lo mejor, el primer contacto piel con piel.

Sin darme cuenta del tiempo que pasaba, me pusieron oxitocina para iniciar de nuevo las contracciones, pero a la tercera contracción artificial, el corazón de Raúl enlenteció sus latidos, así que fuera medicación. Después empezó a dolerme un poco más y me pusieron un poco más de epidural, fue lo peor, porque entonces dejé de sentir, incluso dejé de poder mover mi pierna derecha. Debían ser las 7 y media de la tarde y decidieron romper la bolsa, bueno, digo decidieron, pero yo también lo hice, aunque movida por el miedo, como ya dije en las anteriores entradas sobre el nacimiento de Raúl.

No sé cuánto tiempo pasó, pero estábamos discutiendo que si me sondaban que si no… y sentí ganas de empujar, una presión grande, pero sin dolor. Así que para el potro, y nada, algunos pujos insensibles y dirigidos, cansancio, sin dejarme gritar para que “no perdiera la fuerza por la boca”, y tras el cortecito de rigor (digo cortecito, pero no fue tan delicado) Raúl estaba mostrándome su descontento con ese primer llanto que recuerdo vívidamente.

Me lo pusieron encima de la barriga y lo quise traer a mi pecho, pero antes cortaron el cordón (en mi plan de parto también estaba reflejado que no se cortara hasta que dejara de latir…). Tuve que pedir que me quitaran las tallas y las gasas de encima para poder sentir su calor, y Raúl dejó de llorar.

Y recuerdo su carita algo inflamada, intentando abrir sus ojitos para mirarme, su olor que aún llevo impregnado en la nariz, el color azuladito aún de su cuerpo cubierto por una fina capa de vernix y algo de sangre, su calor que era el mío… No podía dejar de mirarle y decir: “madre mía, madre mía, madre mía…”.

Fue un momento para los dos, con miradas cómplices con el papá, pero convirtiéndonos en otra cosa distinta a lo que hasta ese momento habíamos sido Raúl y yo. Había dejado de formar parte de mi cuerpo para estar a mi lado, y ahora solo queríamos mirarnos y sentirnos en ese mundo nuevo para los dos. Todo lo que había pasado hasta entonces dejó de importar, yo fui feliz, nunca antes había sentido algo así, no podía dejar de mirarle y acariciarle. Recuerdo el éxtasis del momento de manera muy vívida, pero muy corto.

Tras pedírmelo en un par de ocasiones, se lo llevaron para la vitamina K, para limpiarlo… y ya no volví a tenerlo en brazos hasta que estuve de nuevo en la cama, y creo que estuvieron al menos 30 minutos cosiéndome, porque Raúl nació a las 23.10 y a las 24.00 estaba en la cama con él de nuevo.

Nos robaron ese tiempo, y en aquel momento no sé porqué no me di cuenta, si estaba demasiado cansada, si era el momento tan grande que estaba viviendo… ufff, no sé. La cuestión es que relaciono ésto con que nos costó muchísimo a partir de ahí que mamara, bueno, tanto que tuve que llamar a mi ángel de la guarda, Rocío, para que nos echara un cable un par de días después del parto, porque en el hospital solo me ofrecían suplementos y pezoneras, y el nene no había manera de que mamara. Había pesado 3,815 kg y por el riesgo de hipoglucemia no paraban de decirme que tenía que comer… y la de pinchazos que se llevó para mirar la glucemia el pobre. Le dimos con cucharita y jeringuilla el calostro que me sacaba con el sacaleches que me prestaron finalmente, hasta que llegó mi amiga y nos mostró cómo. ¡Menos mal!

Después de la primera noche, empezaron mis cavilaciones sobre lo que había sido el parto. Nuestro plan de parto se quedó en agua de borrajas, porque tras ponerme la epidural, muchas de las cosas que no queríamos fueron necesarias, o eso pensamos en aquel momento. Me sentí haber fallado, haber tenido un parto que no era el que queríamos para Raúl, haberle hecho nacer de manera provocada, sin respetar sus tiempos y los de mi cuerpo… A medida que pasaban las horas me decía que había estado a la altura, que era el primer parto, que había sido un aprendizaje para mí después de todo.

Hoy día pienso que el nacimiento de Raúl me ha enseñado algo, que mi cuerpo ha reaprendido lo que llevaba escrito en él, lo ha sacado a la superficie, y ahora soy una mamá canguro, que adora a su bebé y desea sobre todo ser la mejor mami para él.

Tengo que dar las gracias al papá de Raúl, porque estuvo grande durante esas horas, sintiendo mi dolor y acompañándome. Te quiero amor.

Y a mi Rocío, gracias por haber estado ahí cuando te hemos necesitado, eres un ángel.

Y por supuesto, gracias Raúl, por mostrarme el camino, por ser mi luz, porque eres un ser de luz. Te quiero bebé.

9 comentarios:

  1. Hola Carol.
    Llevo un tiempo pensando en contar mi parto en el blog, y de repente me encuentro con este relato de 4 capítulos, de los 3 he leido con lágrimas. Mi experiencia en el hospital tampoco fue lo que tenía en la mente. Cuando se curen algunas heridas (figuradas, pero que todavIa duelen) me lanzo a escibirlo.

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  2. Nereites, anímate a escribir, aunque no sea para publicarlo, a mí me ha venido muy bien.
    Lo sé Albertina, me emocionas, ojalá tus heridas sanen... lo mejor, tu pequeña leona!!
    Ahora, después de haber pasado el tiempo suficiente en mi caso, pienso que las experiencias que cada uno vive le enseñan cosas que son necesarias en su continuo de vida, son cosas que por unas razones o por otras tenías que vivir así, aunque hayan sido duras. Yo he aprendido mucho, y sobre todo he comprendido muchas cosas de mí misma tras el parto.
    Gracias por comentar. Un abrazo enorme!

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  3. Ay, Carol, no puedo parar de llorar... cuánto sentimiento en tus palabras! Sabes parir, como toda mujer, de hecho ¡Pariste! Definitivamente el hospital no es el sitio, lamentablemente, arruinan los partos, metiendo miedo, metiendo mano... pero pudiste parir, conciente, y podrás cerrar la herida, aprender de ello, encontraste ese rinconcito sagrado dentro tuyo, y abrazaste a tu hijo hasta la vida!!
    Gracias por compartirlo
    Un abrazo enorme!

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  4. Melina, con lágrimas en los ojos me tienes, gracias de verdad por tus palabras. Me encanta... abracé a mi hijo hasta la vida... qué bonito...

    Gracias infinitas, porque estos comentarios me llegan muy dentro.

    Un abrazo grande para ti!!

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  5. Me he leido los 4 post del tirón...
    Gracias por compartir tu historia, me anima a contar la mía un día de estos.
    Si te sirve de algo, creo que en el momento del parto una mujer esta para parir, no para negociar con el personal sanitario (para eso está el plan de parto). Los que se aprovechan de ese momento de ese momento de vulnerabilidad para meter miedo y prisa, han perdido toda empatia con la Humanidad.
    Me encanta tu blog, intimo, sincero, colorido. Así te imagino ;-)
    Besos!

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  6. Magia del momento, me alegra que te haya gustado el blog, a mí me gusta mucho lo que escribes!! Y me encanta cómo me imaginas, jejeje. Así soy por dentro, jijijiji.

    Y si compartir mi historia de parto ha servido para que te animes, genial!!

    Un abrazo!!

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  7. Hola Carol, empecé por el primero, he leído los cuatro seguidos... no sabes cómo te entiendo. Mi peque tiene 7 meses, hace uno que empecé un blog para escribirlo todo y aún no he sido capaz de pasar del primer trimestre del embarazo, porque nos lo pusieron muy difícil. Me llega lo que cuentas porque yo también caí en la trampa del 41+3, sabiendo que no era aún nuestro momento. También nos metieron mucho miedo, y también nos separaron al nacer. Lo recuerdo triste, y se me pone un nudo en la garganta. Quiero escribirlo pero voy muy despacio, me cuesta, me cuesta haber preparado todo con tanto cariño, nuestro parto en casa, nuestros primeros momentos... para haber acabado así, parecido a cómo tú lo cuentas. En mi caso hubo una complicación real, mi niño traía una cardiopatía, y me metieron tanto miedo... y ahora, 7 meses después, me doy cuenta de que no hubiera hecho falta tanta intervención, y me enfado conmigo por haber dejado que me la liaran, sí, porque yo fui quien entró en el hospital para la inducción, llorando muerta de miedo pero ahí fui. Quiero pensar que la próxima será diferente. Gracias por escribir todo esto, otro empujoncito más para arrancarme con el mío, que ya lo necesito.
    De todas formas, y traumas aparte, no dudes ni por un momento que hiciste todo lo mejor que pudiste, y bastante fue teniento en cuenta las circunstacias... eres una campeona!
    Un beso, guapa!

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  8. Muchas gracias María, por lo que me dices y por pasarte. Me alegra que te haya servido de algo leer mi relato de parto. Ahora creo que también gracias a nuestra historia soy otra mujer, era necesario quizás que pasáramos por ello? Ha sido otro aprendizaje, desde luego.
    Nos leemos guapa!! Aún no he tenido tiempo de darme una vuelta larga por tu blog... ;)

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