Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma. no vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu Amor, pero no tus pensamientos, pues Ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus Almas, porque Ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en Sueños. Puedes esforzarte en ser como Ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no se detiene en el ayer. Tú eres arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la Felicidad.

Khalil Gibran

miércoles, 20 de abril de 2011

El nacimiento de Raúl (2ª parte)

(Si no has leído la entrada anterior de este relato y te apetece hacerlo, pincha aquí).

Como expliqué en mi anterior entrada sobre el nacimiento de Raúl, el día de mi cumpleaños hablé muchísimo con mi bebé para que me ayudara en ese trance, porque teníamos cita para la inducción dos días después, y yo quería por encima de todo dejar que Raúl decidiera cuando era su momento para cambiar mi vientre por este mundo nuestro. Le pedí una señal........

Y RAÚL RESPONDIÓ.

A las 22.20 del 20 de septiembre, justo la hora de mi nacimiento hacía 28 años, noté un dolor que no había notado antes. Estaba hablando por teléfono con mi padre, que siempre me felicita a esa hora, una bonita tradición, y tuve que colgar deprisa, sin contarle nada, porque están lejos y no quería adelantar acontecimientos.

A partir de ahí las contracciones se sucedieron de manera rápida. Fueron cada 10 minutos hasta las 12 de la noche, y después ya pasaron a ser cada 3 minutos toooooooda la noche. Mi pareja estuvo espectacular.

La verdad es que el recuerdo que tengo es el de una noche de arduo trabajo, emocionante, porque en pocas horas tendríamos a nuestro bebé entre los brazos. Me metía en un rinconcito que había creado en mi interior cada vez que llegaba la contracción, dejaba ir mi voz y a mi cuerpo danzar, probando nuevas posturas porque tumbada era imposible. Mi pareja recuerda la banda sonora perfectamente, era un sonido gutural que salía de muy adentro... Y tras la contracción, la relajación total... No podía imaginarlo hasta que lo sentí, lo que contaban otras mamás que ya habían parido, ese estado de relajación en el que no hay nada que hacer...

Fuimos al hospital porque estaba cansada, no porque hubiera notado que era el momento, y las contracciones se habían hecho más fuertes desde las 6 de la mañana. Al verme sólo estaba de 1 cm, así que decidí volver a casa. A las 12 ya no podíamos más, llevaba casi 14 horas en casa y volvimos a irnos. A la una del mediodía estábamos entrando por urgencias, estaba de 2 cm, me pusieron los monitores solo unos minutos para ver que todo iba bien y después me llevaron a la habitación de la planta.

Ahí ya me desconecté de mí misma y de mi bebé. Dejé de controlar el dolor, porque salí de ese mundo interior que en mi casa tan bien me había funcionado. Estábamos en una habitación con una chica recién parida y su familia, yo con contracciones cada 3 minutos, y no podía dejarme llevar por lo que me pedía el cuerpo, que era danzar y cantar… (lágrimas).

Pedí que me subieran al paritorio a las 4 de la tarde. Estaba de 4 cm y medio, y decidí ponerme la epidural nerviosísima. Cuando me la pusieron me relajé y mi novio se durmió. También relajado. Pero el parto se paró por completo… y desde ahí ya una vorágine de intervenciones que no pude controlar porque tenía miedo, porque me metieron miedo de que al final acabara siendo sometida a una cesárea.

El hospital no es el lugar para parir, no me cansaré de decirlo, hace falta un cambio para que los partos sean lo que en realidad son, para que los dejen ser ese proceso fisiológico dentro de la vida sexual de una mujer.

Dejamos lo que queda para otra entrada, esperando a Raúl.

(Si quieres seguir leyendo sobre el nacimiento de Raúl y mi parto, pincha aquí).

2 comentarios:

  1. Ufff, qué angustia me ha entrado al imaginarte pasando tan mal rato, después de lo bien que estabas en casa... en fin, los hospitales no son para parir, como tú bien dices, qué te voy a contar yo...

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  2. Gracias por leerme Albertina. Siempre pienso que debí volver a casa a la segunda también, pero mi marido ya estaba un poco ansioso...y yo cansada, la verdad, eso me pudo.
    En fin, tendremos que seguir pidiendo para que las cosas cambien en los hospitales, ¿no? Yo he aprendido de ésto, y ahora tengo mucha más confianza en mí y en mi propio cuerpo, no tengo miedo, y sé que soy otra pero la misma, aunque antes no lo sabía.

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