Hoy estoy recordando días y sentimientos pasados, en días como hoy de hace un año yo me encontraba en la recta final de un embarazo mágico, que supuso una catarsis en mí. La que era se perdió tras la explosión que se dio en mi interior al crear y portar vida conmigo.
Siempre deseé ser madre, y el momento iba llegando, hasta que finalmente nos decidimos a embarcarnos en la que pensábamos era una aventura, pero no tan enorme, la más importante sin duda de nuestras vidas. Cuando me quedé embarazada no era consciente, quiero decir que no busqué, no me informé, no indagué, simplemente quería ser mamá y no me planteé nada más al respecto. A mi alrededor había otras madres que lo habían sido hacía poco, amigas a las que veía hacer y no pensaba en si lo que hacían con sus hijos me parecía bien o no, simplemente no me fijaba. Entonces, cuando Raúl llegó a mí, cuando se aposentó en mi interior, cuando le notaba... TODO CAMBIÓ.
Acabo de leer un par de relatos de Una nueva maternidad y me he quedado pensando en ellos, me vienen al pelo hoy porque lo que estoy contando es algo que a sus autoras les sonará, y puede que a alguna de vosotras también. Los relatos en cuestión son Crianza natural o como salir de matrix, cuya autora es MªJose García, y Escojo el equilibrio, escrito por Raquel Tasa. Aprovecho para agradeceros a las dos las joyas que me habéis prestado en forma de letras, las disfruto cada día. A las que me leéis, os recomiendo leer a estas dos mujeresmadres, que emocionan.
Siguiendo con el hilo, mi maternidad ha sido un renacer en toda regla, en el texto de Raquel ella misma dice: "Me da hasta vergüenza decir que esto era lo que pensaba, incluso estando embarazada". Y yo podría firmar estas frases, aunque no me dijera directamente las cosas que ella cuenta, yo estaba convencida, porque así lo había visto a mi alrededor, que las cosas eran de esa manera. Que los hijos se crían con "métodos estivilleros", que la teta era si se podía y además eso de un niño andando y tomando teta era raro al menos, que las guarderías les venían muy bien a los niños porque se socializan...
Y me da vergüenza encontrarme con estos pensamientos antes de que naciera Raúl, porque no eran decisiones tomadas de una manera consciente, tomando las riendas de mi maternidad, de la crianza de mi propio hijo. Eran más bien un dejarme llevar por lo que me rodeaba, sin pensar si todas esas cosas iban conmigo y sobre todo si iban con mi hijo. Hoy tengo la sensación extraña de que aquella que veía esa manera de crianza y la aceptaba como buena para sí misma y su familia no era yo misma, puesto que hoy lo que me define es justo lo contrario...
Quiero hacer un inciso para decir que abogo por una crianza respetuosa para nuestros hijos, que creo que deberíamos siempre criar con apego porque con amor siempre es mejor, porque los brazos amorosos de unos padres dedicados y acompañantes siempre serán más positivos para el crecimiento de cualquier niño que cualquier chupete sin más, meneo de carrito o muñeco para ir a dormir. Pero cada uno practica la crianza como buenamente puede, sabe o quiere, no critico a nadie por ello, simplemente explico lo que a mí me sucedió, respetando las decisiones de los demás siempre que no se dañe a los niños.
Un hijo te cambia siempre, a veces más y a veces menos, y en mi caso ha sido renovador. Mi hijo me ha enseñado tantas cosas en este poco tiempo juntos que parece hasta mentira, es mi maestro, un maestro lleno de vida.
Por casualidades empecé a ir a yoga prenatal y desde aquí hasta hoy no ha habido freno al torbellino que ha cambiado mi vida por completo. Y siento que algo dentro de mí estaba ahí a punto para despertar y desmontar, y crear, y revolucionar, porque las bases sobre las que estaba anclada no eran tan fuertes como las que hoy me sostienen, porque las de hoy las he escogido de manera consciente, responsable.
En las últimas semanas de mi embarazo esos pilares estaban aún en construcción, pero eran unos pilares sólidos, que se convirtieron tras el nacimiento de Raúl en una construcción potente que durará millones de años, porque la esencia está impregnada en mis células.
Crío a mi hijo con apego, con todo el amor que me sale del corazón, sin miedo a hacerlo mal, porque con amor todo puede solucionarse. La crianza corporal es nuestra bandera. Si no lo hiciera de esta manera creo firmemente que sí tendría de qué arrepentirme.








