Como estamos en la semana mundial de la lactancia materna y en muchos de vuestros blogs se habla de ello, no quiero ser menos y os dejo un pequeño tesoro que he encontrado por ahí (tras él dejo el enlace a los blogs de Martina, Muchomamá, y también al de Melina, Biencriando. Las dos lo han compartido con razón de la semana mundial de la lactancia materna). Espero que lo disfrutéis.
La lactancia salvaje por Laura Gutman
La mayoría de las madres que consultamos por dificultades en la lactancia estamos preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y apoyo efectivo por parte de los individuos o las comunidades que favorezcan el encuentro con su esencia personal.
La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.
Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.
Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.
Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.
Esto es todo lo que necesitamos para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser sí misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.
Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.
Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Lamentablemente solemos razonar y leer libros de puericultura, y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.
La insistencia social y en algunos casos las sugerencias médicas y psicológicas que insisten en que las madres nos separemos de los bebés, desactiva la animalidad de la lactancia. Posiblemente la situación que más depreda y devasta la confianza que las madres tenemos en nuestros propios recursos internos, es esta creencia de que los bebés se van a malacostrumbrar si pasan demasiado tiempo en nuestros brazos. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en los moisés o en los cochecitos o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir: si lo bloqueamos, desvía su caudal.
Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.
Dar de mamar es posible si dejamos de atender las reglas, los horarios, las indicaciones lógicas y si estamos dispuestas a sumergirnos en este tiempo sin tiempo ni formas ni bordes. También si nos despojamos de tantas sillitas, cochecitos y mueblería infantil, ya que un pañuelo atado a nuestro cuerpo es suficiente para ayudar a los brazos y las espaldas cansadas. Incluso si trabajamos, incluso si hay horas durante el día en que no tenemos la opción de permanecer con nuestros bebés, tenemos la posibilidad de cargarlos en brazos todo el tiempo que estemos en contacto con ellos.
Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.
Laura Gutman
Es un texto que encontré en el
blog de Martina, y en el de
Melina, y bueno, no podía dejarlo pasar, como muchas otras veces me ha pasado. Y tras haberlo leído, tras haberme empapado de esas hermosas letras, quiero decir que
yo amamanto, que quiero hacerlo así, quiero una LACTANCIA SALVAJE como la que describe. No sé si siempre lo consigo, a veces mi parte de animal racional gana a la otra mitad, al animal salvaje, pero otras veces sé que las cosas son de otra manera. A veces me sumerjo en ese
tiempo sin tiempo ni formas ni bordes del que habla Laura Gutman, qué bonito, ¿verdad?
Porque todo esto que dice es lo que yo siento que es dar de mamar, así debería ser siempre, si nos permitiéramos ser las que queremos ser en ese momento. Yo siento que amamanto, que me dejo llevar por la mamífera salvaje que hay en mí.
Me quedo con el final, porque hay que volverse un poco loca para maternar, para entrar en contacto con la esencia femenina de las mamíferas que somos.
Y edito para incluir otra estupenda recomendación, otra lectura que me ha parecido apasionante, esclarecedora, emotiva y en definitiva, perfecta para que las que no hayáis pasado por allí lo hagáis. Es el post que ha publicado Eloísa en su blog,
Una maternidad diferente, con motivo también de esta semana de promoción de la lactancia. Lo más importante que me ha hecho ver en el post, es que una lactancia frustrada no es un fracaso de la madre, como muchas veces nosotras mismas nos achacamos, o el entorno, o las que lactamos... (es una pena) sino que es un fracaso de la sociedad en su conjunto, porque la lactancia, como explica en su post, depende de muchos factores, culturales, biológicos, instintivos, comunicativos... y todo eso no es cuestión de una misma, sino que se requieren apoyos, se requiere información, se requiere una sociedad preparada para ello... Leed su post, lo merece.
Quería contar una cosa más personal sobre la lactancia, además de lo ya mencionado hasta ahora. En mi casa somos tres hermanos, dos chicas y un chico, y mi madre ha intentado darnos teta a los tres, con más o menos acierto. Yo soy la mayor, la que inició el camino, y me llevé un par de meses de lactancia materna, pero además mezcladita con biberón en las últimas semanas, porque mi madre dice que no cogía mucho peso, porque no me alimentaba su leche, porque desde el pediatra y el entorno le decían que me diera biberón porque se notaba que me quedaba con hambre. Fui de las de 10 minutos en cada pecho y cada 4 horas, no se le ocurra darle antes ¿eh?
Después de esta frustrada experiencia (aunque según lo cuenta mi madre no fue doloroso ni se quedó demasiado apenada), lo intentó dos años después con mi hermana. Ella era más chiquitita y menos comilona que yo. Empezó a perder peso y vomitaba todo lo que tomaba. En el pediatra le dijeron que o le daba biberón o se le iba a quedar en el chasis, así que por supuesto, empezó con la lactancia artificial, alrededor de un mes se llevó de teta.
Mi madre dice no haber tenido dolor en las tomas, pero hace tantos años que no sé si lo recordaría. Ahora, cuando me ve dándole tetita a su nieto con 10 meses sé que está orgullosa. Le gusta que sea así, le gusta que esté informada y siempre me dice que en sus tiempos no existía esa facilidad de buscar información en cualquier parte, y que en el pediatra te daban las pautas muy estrictas. Que si supiera lo que sabe ahora anda que no nos hubiera dado más tiempo...
La tercera experiencia de mi madre fue mejor, mi hermano tomó teta a demanda, bueno, tan a demanda como ella entendía, porque creo que tomaba cada 3 horas, y si un día se adelantaba media hora le daba... Pero vaya, que lo hizo bastante mejor. Él tomó teta hasta los 7 meses, porque la pediatra le dijo que hasta aquí ya le había dado bastante, que no hacía falta que le diera más. ¿Por qué tiene que darle este "consejo"? No lo sé, pero bueno, aquí lo dejó.
Hoy día, ya os digo que mi madre es una buena defensora de la lactancia materna, cosa que se debe en gran parte a la experiencia con su nieto. Y me encanta escuchar como me cuenta que hace unos días se encontró con una vecina y su nieta, que está tomando pecho y le dijo: Está hermosa gracias a la teta, ¿eh? Una señora que estaba también allí le contestó que se crían lo mismo, y ella le soltó todo lo que sabe y más de los beneficios de la teta, muy estudiada ella, jeje. La tengo bien aleccionada ¿eh?
Y nada, seguiremos hablando y leyendo sobre la lactancia materna esta semana, y en España también en octubre. A mí es un tema dentro de la maternidad que me apasiona, por todo lo que os he contado ya, porque es una parte fundamental de la crianza en nuestro caso, porque la disfruto, a pesar de todo, y porque racionalmente sé que es lo mejor que le puedo ofrecer.