Pues allá voy, a ver si Raúl me regala unos minutos para poner al día mis ideas y plasmarlas en la entrada.
El último día en el grupo de lactancia había una parejita con un bebé recién nacido, de una semanita y poco, que estaban bastante agobiados, sobre todo ella. Estaban hablando sobre la lactancia (yo llegué tarde, como casi siempre) y me imagino que habían comentado algo sobre cambiar la lactancia materna por la artificial, porque le estaba superando el tema.
Ella decía que su vida de antes le gustaba mucho, que no quería dejarla a un lado, pero que veía que por culpa de la lactancia iba a tener que ser así, porque tenía al bebé todo el día a la teta, y eso era más de lo que ellos esperaban cuando pensaban en lo que suponía tener un bebé y amamantarlo. Ellos comentaban que si pasaran al biberón sentían que lo iban a compartir y ella no se encontraría tan atada al bebé, tan superada por la situación.
Ese es el principio de la historia, y lo que a mí me ha hecho pensar. No sé si puedo ponerme en la situación de la gente que ha alimentado a sus hij@s con biberón, pero lo intentaré.
Yo decidí que quería dar teta a mi hijo antes de que naciera, pero muchas veces he comentado que no era una decisión del todo consciente, meditada y analizada, simplemente pensaba en darle si era posible. Después de nacer, también he dicho que todo cambió en mi cabeza, o en mi cuerpo, no lo sé, pero en aquel momento la teta se hizo imprescindible, no sé si porque el parto no había sido lo que yo quería, si se despertó en mí el Instinto Materno, si porque me convertí en Madre de verdad. La cosa es que nos costó instaurarla, y no me planteé en ningún momento que hubiera nada mejor para mi bebé, que pudiéramos haberle dado algún biberón, otra leche, simplemente, no era posible.
Pero a lo que iba, el hecho de que aquella pareja que acababan de convertirse en padres se sintiera superada, no creo que fuera por la lactancia, pero no puedo estar del todo segura, porque solo he vivido una maternidad, y ha sido amamantando. Aquellos chicos llevaban una semana con un bebé en sus brazos, tenían unas expectativas creo que equivocadas de lo que iba a suponer la llegada a sus vidas de su hijo, y tal y como estaban explicando, no tenían alrededor una tribu que pudiera ayudarles, sino al contrario, las personas de su familia, los amigos, los conocidos, no parecían entender la transformación que supone la llegada de un niño.
A veces, dejándonos llevar por lo que se dice que es tener un niño, pensamos que simplemente vamos a tener un bebé por unas horas al día, que va a dormir mucho, sobre todo de noche, que le alimentaremos cada 3 o 4 horas, que se quedará saciado y se dormirá rápidamente, que cuando queramos hacerle mimos estará despierto y feliz, dejándose hacer, que no llorará más que cuando tenga hambre, fácilmente reconocible el motivo del llanto, que el momento de amamantarle será feliz, sin dolor, que se cogerá de manera espontánea y nosotras sabremos qué tenemos qué hacer... Eso es la maternidad idílica que nos enseñan en los medios de comunicación, en la publicidad, en nuestro ambiente cercano cuando se habla de ello... Es una pena que no se trate el tema de manera mucho más realista, para que las nuevas familias sepamos que lo que nos pasa es normal, que esos primeros días, semanas, son un acostumbrarse a la nueva vida que se nos une. Estamos descubriéndonos, conociéndonos.
Pienso que aunque se alimente a un bebé con leche artificial, la situación de esos primeros días debe ser más o menos la misma, porque la base es el crecimiento personal que supone convertirse en padres, sobre todo cuando durante el embarazo han visto la maternidad/paternidad de manera idílica. Es un proceso, es un cambio grande, grande, es un renacimiento. Que requiere fuerza, confianza en ti mismo, y sobre todo, requiere ayuda, de esa tribu de la que he hablado en tantas ocasiones.
Los grupos de lactancia, de crianza, de madres, son un buen punto de partida para esas familias que se encuentran perdidas esos primeros días... Y después, ¿quién sabe? Quizás encuentren a personas y familias como las que nosotros hemos encontrado, que nos hacen la vida más feliz.
El último día en el grupo de lactancia había una parejita con un bebé recién nacido, de una semanita y poco, que estaban bastante agobiados, sobre todo ella. Estaban hablando sobre la lactancia (yo llegué tarde, como casi siempre) y me imagino que habían comentado algo sobre cambiar la lactancia materna por la artificial, porque le estaba superando el tema.
Ella decía que su vida de antes le gustaba mucho, que no quería dejarla a un lado, pero que veía que por culpa de la lactancia iba a tener que ser así, porque tenía al bebé todo el día a la teta, y eso era más de lo que ellos esperaban cuando pensaban en lo que suponía tener un bebé y amamantarlo. Ellos comentaban que si pasaran al biberón sentían que lo iban a compartir y ella no se encontraría tan atada al bebé, tan superada por la situación.
Ese es el principio de la historia, y lo que a mí me ha hecho pensar. No sé si puedo ponerme en la situación de la gente que ha alimentado a sus hij@s con biberón, pero lo intentaré.
Yo decidí que quería dar teta a mi hijo antes de que naciera, pero muchas veces he comentado que no era una decisión del todo consciente, meditada y analizada, simplemente pensaba en darle si era posible. Después de nacer, también he dicho que todo cambió en mi cabeza, o en mi cuerpo, no lo sé, pero en aquel momento la teta se hizo imprescindible, no sé si porque el parto no había sido lo que yo quería, si se despertó en mí el Instinto Materno, si porque me convertí en Madre de verdad. La cosa es que nos costó instaurarla, y no me planteé en ningún momento que hubiera nada mejor para mi bebé, que pudiéramos haberle dado algún biberón, otra leche, simplemente, no era posible.
Pero a lo que iba, el hecho de que aquella pareja que acababan de convertirse en padres se sintiera superada, no creo que fuera por la lactancia, pero no puedo estar del todo segura, porque solo he vivido una maternidad, y ha sido amamantando. Aquellos chicos llevaban una semana con un bebé en sus brazos, tenían unas expectativas creo que equivocadas de lo que iba a suponer la llegada a sus vidas de su hijo, y tal y como estaban explicando, no tenían alrededor una tribu que pudiera ayudarles, sino al contrario, las personas de su familia, los amigos, los conocidos, no parecían entender la transformación que supone la llegada de un niño.
A veces, dejándonos llevar por lo que se dice que es tener un niño, pensamos que simplemente vamos a tener un bebé por unas horas al día, que va a dormir mucho, sobre todo de noche, que le alimentaremos cada 3 o 4 horas, que se quedará saciado y se dormirá rápidamente, que cuando queramos hacerle mimos estará despierto y feliz, dejándose hacer, que no llorará más que cuando tenga hambre, fácilmente reconocible el motivo del llanto, que el momento de amamantarle será feliz, sin dolor, que se cogerá de manera espontánea y nosotras sabremos qué tenemos qué hacer... Eso es la maternidad idílica que nos enseñan en los medios de comunicación, en la publicidad, en nuestro ambiente cercano cuando se habla de ello... Es una pena que no se trate el tema de manera mucho más realista, para que las nuevas familias sepamos que lo que nos pasa es normal, que esos primeros días, semanas, son un acostumbrarse a la nueva vida que se nos une. Estamos descubriéndonos, conociéndonos.
Pienso que aunque se alimente a un bebé con leche artificial, la situación de esos primeros días debe ser más o menos la misma, porque la base es el crecimiento personal que supone convertirse en padres, sobre todo cuando durante el embarazo han visto la maternidad/paternidad de manera idílica. Es un proceso, es un cambio grande, grande, es un renacimiento. Que requiere fuerza, confianza en ti mismo, y sobre todo, requiere ayuda, de esa tribu de la que he hablado en tantas ocasiones.
Los grupos de lactancia, de crianza, de madres, son un buen punto de partida para esas familias que se encuentran perdidas esos primeros días... Y después, ¿quién sabe? Quizás encuentren a personas y familias como las que nosotros hemos encontrado, que nos hacen la vida más feliz.

