Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma. no vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu Amor, pero no tus pensamientos, pues Ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus Almas, porque Ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en Sueños. Puedes esforzarte en ser como Ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no se detiene en el ayer. Tú eres arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la Felicidad.

Khalil Gibran

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viernes, 11 de mayo de 2012

STOP VIOLENCIA OBSTÉTRICA

No, no he visto ninguna de las emisiones de Baby Boom, el reality de la Sexta que nos muestra las historias de partos reales. No he tenido ni curiosidad por verlo. Sabía lo que  nos iban a mostrar, lo que pasa cada día en los hospitales de nuestro país, en los paritorios, y no me parecía ni bonito, ni agradable ni enriquecedor ni que fuera a traer nada positivo para mí. 

Hoy se ha quedado en escribir sobre ello, y sí que es verdad que siento que voy a escribir sobre algo de lo que no sé, pero sí sé. He leído las opiniones de amigas en la red de estas dos últimas semanas, y tengo claro que no me equivoqué cuando decidí que no me apetecía verlo por esos motivos. Hoy voy a escribir sobre algo que me pasó ayer charlando con unas amigas ;) y que tiene relación con el citado programita. 

Ayer en un grupito que tenemos en whatsapp para otros menesteres, pero que ha mutado de un grupo de trabajo exclusivo a un grupo de amigos, de apoyo, de sostén, además de para lo que ya estaba creado, se inició una interesante conversación. Empezamos a hablar sobre partos, sobre nuestros partos, sobre lo que sabemos y lo que no sabemos, sobre planes de parto, sobre hospitales y protocolos... 

Durante el transcurso de la conversación a mí me iba subiendo la tensión, no lo pude evitar. No porque mis amigas (dos de ellas embarazadas) no supieran determinadas cosas, o de repente se dieran cuenta de lo que realmente pasó en sus partos, sino porque los profesionales actúan violentamente de manera impune, sin que ni siquiera muchas de las mujeres que pasan por sus manos se den cuenta... ¡¡Y eso me indigna tantooooo!!

Ya he hablado en muchas ocasiones de ello, pero hoy toca un poco más, porque además en este momento vital de nuestra familia, es más importante que nunca. Se han cambiado muchas cosas, entre ellas que el Ministerio de Sanidad presentó este documento en 2008 como guía para que las mujeres españolas pudieran expresar sus preferencias, necesidades, deseos y expectativas sobre el proceso del parto y el nacimiento. Es decir, lo que se llama Plan de Parto. Porque se supone que se han dado cuenta de que el alto intervencionismo de los partos en nuestro país está muy por encima del de la mayoría de los países europeos, de que el parto es un proceso fisiológico que se desencadena y desenvuelve de manera natural si se respetan los ritmos y las necesidades emocionales de la familia que está naciendo, y que los profesionales de la salud deberían mantenerse alerta por si hubiera complicaciones, que haberlas haylas, pero que no deberían ser tan frecuentes como muestran las estadísticas de la mayoría de los hospitales de nuestro país. 

Pero poco más se ha hecho, porque tengo la sensación de que este documento no se ha presentado ni a la población ni a los profesionales, de que no se han hecho cursos de reciclaje para ellos, de que no se han cambiado los ambientes en el interior de los paritorios. Sí es cierto que hay algunos hospitales que ahora tienen una zona expresamente destinada a los partos de baja intervención, pero yo me pregunto algo sencillo, según lo que ellos mismos presentan como la atención a un parto normal, ¿no es lo lógicos que TODOS los partos fueran catalogados así, como partos de baja intervención? Porque entiendo que hay múltiples posibilidades, variedad de opciones entre las que las parturientas pueden escoger, pero no creo que haya que hacer dos grupos de mujeres, las que quieren epidural y las que no, las que no quieren monitorización contínua y las que sí, las que desean estar acompañadas y ¿las que no? 

Vamos a ver, si nos ofrecieran técnicas de control del dolor, ambientes relajados, actitudes amorosas por parte del personal, información real sobre el proceso y las complicaciones, respeto a los ritmos de cada mujer, poca intervención en el parto, confianza... ¿no creéis que todas estaríamos en el mismo grupo? ¿No pensáis que ya lo estamos? Porque yo siento que tenemos un velo ante los ojos, que hemos perdido el PODER que tenemos porque lo hemos olvidado, pero no, no está perdido, está simplemente olvidado, escondido, y si lo que se propone desde el Ministerio de Sanidad se llevara a cabo en las maternidades de nuestros hospitales, volveríamos a empoderarnos, estoy segura. 

Hoy la actitud de gran parte de los profesionales en los paritorios deja mucho que desear, y no solo eso, sino que en la mayoría de los partos hay una violencia algunas veces más camuflada que en otras, pero que está presente. Ayer, en la conversación con mis amigas, descubrimos que en nuestros partos ha habido cosas de las que no hemos sido informadas, cosas que no eran necesarias, actitudes que nos "infantilizaban", que nos hacían perder el poder y el control... 

Y estamos cada vez más cansadas, y cada vez más mujeres salimos del círculo y queremos otro trato, otra actitud. Pero ahora nos vienen con estas, con un programita en el que aparecen mujeres que son vejadas, maltratadas y encima sin ser conscientes de todo ello... Por eso estos posts, por eso esta cadena para protestar por lo que no queremos que sea lo normal, porque un parto es bello, es hermoso, es Vida, y no queremos que sea un trámite, que nos hagan parir, no ser las coprotagonistas del mayor acontecimiento en la vida de nuestros hijos.

No quiero tener que pelear, no quiero tener miedo, quiero ofrecerle el nacimiento que se merece a mi hija, sin presiones, sin prisas, a su ritmo y en un ambiente acogedor para que cuando llegue. Y apuesto a que todas las mujeres desearían lo mismo, si cayera la venda de sus ojos.




El carnaval de blogs sobre Baby Boom ha sido organizado a través de twitter por un grupo de madres
cansadas de ver como la violencia obstétrica se ha normalizado en nuestra sociedad hasta el punto de que
sea considerada la práctica "normal" y deseable.
Quienes queráis uniros a la iniciativa y expresar vuestra opinión podéis hacerlo tanto a través de entradas
en vuestros blogs como a través de twitter o facebook usando el HT propio del programa #Babyboom o el
alternativo #babibun

miércoles, 7 de marzo de 2012

Mi parto respetado



Hoy escribo sobre algo a lo que últimamente estoy dando vueltas, porque además hace pocos días leía la entrada de mi amiga Marta, que volvió a ponerme a cavilar.

Algunas veces antes he dicho esta frase, pero vuelvo a repetirla porque es así como lo siento ahora, "el hospital no es el lugar para parir". Podría añadir una coletilla a la frase, por ejemplo, "al menos para mí", pero no es exactamente lo que quiero decir. Siento que las mujeres hemos perdido el poder, cada día lo veo a mi alrededor, veo lo difícil que se me hace explicar lo que me gustaría, veo mujeres embarazadas que no viven la magia de ese momento, que son felices pero sin ser realmente conscientes, que hablan del futuro parto como algo negativo y doloroso. Me veo a kilómetros de distancia de dichas mujeres ahora, aunque he de confesar que hubo un momento en que yo creía lo mismo, antes de mi transformación. 

Las mujeres, las familias, la sociedad, nos hemos acomodado a lo que nos ofrecen en el medio sanitario, nos parece lo "normal" y les dejamos hacer. No sentimos, no experimentamos, no vivimos, no conectamos. Y cuando intentas salir de ese bucle, un poco solamente, eres la "rara" y la "hippie" que incomoda a los profesionales e incluso a tu familia y amigos, que te ves una y otra vez dando explicaciones sobre lo que quieres, sin recibirlas para lo que ellos quieren hacer, ¿no es una pena?

Afortunadamente me muevo en otro ambiente que me hace paladear la esperanza de que las cosas de alguna manera, poco a poco, están cambiando. Desde el blog, leyéndoos, siento que somos muchas las que peleamos porque la Mujer se empodere y sea capaz de decidir, de vivir intensamente esta experiencia de su vida, la maternidad. Tengo amigos, mi comunidad, que sienten lo que yo siento, que están cerca de mi corazón y de mis planes, de mis emociones, de mis pensamientos. Por ello estoy tranquila dándome cuenta que no todos nos dejamos guiar sin más por la vida, que en algunas ocasiones nos reunimos para pedir que las cosas cambien, y eso, ciertamente, me da esperanza. 

Pero por otro lado, como contaba antes, hay tantas y tantas mujeres que ni siquiera se informan, que se dejan hacer, que son pacientes en el sistema sanitario (con lo que este término significa), que siguen inmersas en el sistema paternalista en el que ellas no saben nada y se dejan llevar sin plantearse nada más... Mi parto, el nacimiento de mi hij@, es un momento transcendental en mi vida, en nuestras vidas, y QUIERO que los que estén a nuestro lado lo entiendan de esta manera también, que nos respeten y apoyen. Y de momento, en el hospital no es esa la dinámica. 

Yo tengo una disyuntiva, sinceramente me sentiría más segura en mi hogar, aunque no sea la casa preciosa en el campo con la que sueño, pero somos dos en esta decisión, y mi chico no se siente seguro en casa, así que volveremos a acudir al hospital, de una u otra manera, aunque esta vez mucho más preparada. Os cuento en un momentito lo que a mí me gustaría, solo para ponerlo sobre la mesa (sé que me lees de vez en cuando, así que así te asomas un ratito a mi Alma :) ). 

A mí me gustaría parir tranquila, sin prisas, disfrutando cada contracción y cada ratito de descanso posterior.
Me gustaría sonreír al visualizar el trabajo que nuestro bebé está haciendo con cada una de ellas, viendo el trayecto tan importante que tiene que cubrir con mi ayuda.
Me gustaría sentirme segura, viendo los rostros de las personas que deseo que estén a mi lado, ninguno más.
Me gustaría poder moverme con libertad, tal y como me dicte el cuerpo.
Me gustaría poder oír la música que desee, si lo deseo, y si es el caso, me gustaría estar en silencio, para poder escuchar a la vez al bebé que nace y a la criatura instintiva que sale de mi interior.
Me gustaría que Raúl pudiera estar a nuestro lado si es lo que quiere, sin miedos, sin prohibiciones absurdas.
Me gustaría estar siempre en la misma estancia, o al menos en las que yo decida.
Me gustaría no tener que hablar con nadie, porque la conversación más importante será sin palabras.
Me gustaría parir donde y como quiera, sin miedos a instrumentos quirúrgicos.
Me gustaría que las luces estuvieran ténues si lo deseara en aquel momento.
Me gustaría que nadie me dijera ni como ni cuanto ni cuando tengo que pujar, porque eso debo sentirlo yo y nadie más que yo.
Me gustaría permitirme gritar.
Me gustaría permitirme llorar.
Me gustaría permitirme reír.
Me gustaría ser la primera en tocar a ese bebé precioso, que la primera piel que tocara su piel fuera la mía, que nos dejaran ser felices juntos, como tiene que ser.
Me gustaría que no lo separaran de mí para nada en esos primeros momentos(horas), NO HACE FALTA.
Me gustaría poder transformar esta familia en algo nuevo sin prisas, en soledad, los cuatro.
Me gustaría descansar y reposar mi parto tras ello.
Me gustaría que pudiéramos disfrutarlo a nuestra manera, simplemente eso.

Y de momento, por mucho plan de parto que hagamos, la cosa en el hospital no va a poder ser así, por las instalaciones, por los protocolos, por los profesionales, por las prisas, por los miedos, por el dolor... Todo lo que necesito en casa saldría por sí solo, en el hospital tendremos que pelearlo más, para que poco a poco todas las mujeres se den cuenta del poder que tienen, y puedan escoger. Esperemos que esta lucha sea fácil, porque yo pienso entrar en el planeta parto y no quiero salir. 

lunes, 18 de abril de 2011

El nacimiento de Raúl (1ª parte)

(Si no has leído la entrada anterior de reflexiones sobre el nacimiento de Raúl y mi parto y te apetece hacerlo, pincha aquí).

Cuando descubrimos que estaba embarazada fue una situación extraña, puesto que ya había estado embarazada antes, y no había funcionado. Así que aunque estábamos felices, la verdad es que había algo en mí que me hacía contener este sentimiento.

Tras las primeras semanas, al ver que iba creciendo, y sobre todo, cuando empecé a notar sus movimientos, que fue pronto, me dejé llevar, y viví un embarazo muy feliz (a pesar de haber sufrido algunos contratiempos físicos típicos sobre todo los primeros meses). Me sentí plena como nunca lo había sentido, estaba acompañada siempre, le sentía moverse y comunicarse conmigo, sabía que estaba dándole todo de mí, mi sangre, mi cuerpo, mis emociones, mis pensamientos… Y él me lo daba todo también. Compartimos unos meses preciosos, en los que me preparé para recibirle a través del yoga, la relajación, las visualizaciones… Empecé a ver el mundo de la maternidad de otra manera gracias a unas mujeres-madres maravillosas que dedican su vida al mundo de la maternidad.

Hicimos un taller sobre el embarazo y parto consciente, y desde ahí mi pareja estuvo mucho más cerca de mí, de nosotros; conseguimos acercarnos el uno al otro mucho más, ver las cosas del mismo modo. Nos preparamos para un parto que sería en el hospital, pero esperando y deseando que fuera un parto respetado. Presentamos copia de nuestro plan de parto, el día se iba acercando…

El 11 de septiembre de 2010 era la fecha probable de parto, antes de ello empecé a tomar infusión de hoja de frambuesa a diario, para ayudar a la dilatación, seguí con el yoga y las visualizaciones, y el día marcado llegó, pero no ocurrió nada. Sin embargo, a partir de ahí empezaba una cuenta atrás que yo no podía controlar.

Yo me encontraba genial, y no tenía ninguna sensación de que a Raúl le apeteciera salir todavía de su bolsita… Pero los ginecólogos se encargaron de meternos el miedo en el cuerpo (suspiro largo). Así empezamos a ir al hospital en sucesivas visitas a María, la enfermera de los monitores, y al gine que estuviera ese día en la consulta. El día 13 fue el primero, y ahí ya intentaron, sin preguntar, una maniobra de Hamilton…¡estaba de 40+2! Me indigna, porque además en mi plan de parto estaba claro que no queríamos maniobras de ese tipo, con lo cual descubrimos que ni se lo leen (suspiro enorme). Pues no me la hizo porque pregunté, porque estaba informada, porque conozco el medio y porque cerré las piernas, todas y cada una de esas cosas tuve que hacer.

Yo me dedicaba a andar, seguía con la frambuesa, y bueno, disfrutamos de las relaciones en los últimos días de embarazo, que las prostaglandinas no vienen nada mal, jeje.

El día 20 estaba de 41+2, era el día de mi 28 cumpleaños, y yo ya veía negro eso de que dejaran a Raúl nacer cuando él lo decidiera, sin correr riesgos, claro. Fui a mis últimos monitores y me dijeron que había que ingresar al día siguiente para la inducción, ¡qué horror! Que los protocolos del hospital eran inducir en la 41+3 porque los estudios demostraban que esperar solo traía cosas negativas para mamá y bebé. La ginecóloga que estaba aquel día me tachó de mala madre e irresponsable, puesto que yo no deseaba ingresar al día siguiente, pensaba que había tiempo hasta la 42 al menos, pero me asustó un poco y decidí que si Raúl no había dado señales al día siguiente, ingresaríamos el 22.

Hay que decir que no había tenido contracciones dolorosas, simplemente las de Braxton Hicks y de manera no continuada.

Esa tarde vi a Rocío, mi maestra de yoga y mucho más, y le conté lo que había ocurrido. Me aconsejó disfrutar de lo que me quedaba de embarazo, que hablara mucho con mi bebé, que le contara lo que estaba pasando…y que mirara en mi interior. Que aunque me hubiera comprometido, podía echarme atrás si era lo que sentía, que la decisión era mía al fin y al cabo. Que me dejara llevar por mi instinto, vamos… Había cambiado el instinto por el miedo, esa es la verdad.

Llegué a casa por la tarde y mi amor me había preparado un altarcito con una orquídea preciosa y unas palabras que me llegaron al corazón, por mi cumpleaños. Me di un baño y hablé mucho con Raúl. Le dije que si él deseaba decidir, tenía que darme alguna señal, que necesitaba su apoyo para saber que debía esperar, que era feliz de tenerle conmigo, pero que supiera que lo sería de la misma manera cuando decidiera venir, que le esperábamos con los brazos abiertos. Le dije muchas cosas en ese largo baño, y sobre todo le pedí que me diera alguna señal para sentirme acompañada en la decisión que tomase.

(Si quieres seguir leyendo sobre el nacimiento de Raúl y mi parto, pincha aquí).

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