Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma. no vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu Amor, pero no tus pensamientos, pues Ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus Almas, porque Ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en Sueños. Puedes esforzarte en ser como Ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no se detiene en el ayer. Tú eres arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la Felicidad.

Khalil Gibran

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domingo, 21 de octubre de 2012

Y el viaje terminó de la manera más (in)esperada

Estoy aquí sentada, en el suelo del lugar donde se dieron los últimos minutos de este embarazo, con el vello de punta, recordando sensaciones y emociones, observando las marcas físicas que aún quedan y nos nos atrevemos a borrar por el momento. Empezando a contar ese precioso Viaje que la gran Iara nos ha regalado...

Lo iniciamos sin yo ser consciente del todo, empezó unas tres semanas antes de pasar ese rato en esta habitación desde la que escribo. (Ay, si me concentro aún siento el olor de la Vida aquí...) Las pulsiones llegaron pronto, pero no se quedaban conmigo, me acompañaban un rato, unas horas, y pasaban de largo. Faltaban algunos días para la fecha prevista, y el que llegaran tan pronto me daba ánimos, me hacía creer que no tendría que pasar por el hospital hasta que llegara el final. Pero no fue así, por eso llegué a dudar, por eso me planteaba si debía alargar el proceso o simplemente dejarme llevar por "matrix" e inducir cuando decían que tocaba... 

Hubo al menos dos ocasiones en las que sentí que estaba de parto (porque realmente lo estaba, ahora lo sé) y al final volvía a dormirme sin llegar a más. Pasábamos unas horas entre contracciones, ella y yo solas, disfrutando del momento, gozando enormemente, unidas, conectadas, vibrando, respirando... y después se iban espaciando hasta que cedían. Yo sentía que con ello estábamos haciendo un trabajo, que algo tenía que estar abriendo para que ella iniciara su camino a través de mí, pero hubo momentos de duda que me velaron la mirada hacia adentro, hacia mi pequeña. 

Así llegamos a la fecha probable de parto con Iara aún en mi vientre y decidí no acudir  a la primera cita de monitores creyendo que pariría sin tener que pasar por allí. Pero pasaron los días y concerté una cita, porque en el día de mi cumpleaños me desperté nerviosa, agitada, sintiendo que la cosa no marchaba, que había vuelto a tener contracciones un poco más intensas pero que habían vuelto a abandonarme, así que sentí que tenía que acudir. Todo estaba bien y tenía que volver tres días después. Nada pasó el fin de semana, parecía que todo se había parado, pero yo tenía claro que quería que fuera mi hija la que dijera cuando deseaba nacer, así que cuando me dijeron de inducir el día que cumplíamos 41 + 3, les dije que preferíamos esperar al menos hasta la semana 42. No hubo ningún tacto porque no era mi deseo, así que tampoco sabían si había algún cambio en mi útero, aunque como digo, internamente sentía que sí, pero las dudas me hicieron sentir inseguridades y miedos los últimos días. 

Volvía a sentirme empujada hacia la inducción, como con Raúl, ¡¡mi miedo!! Quedaban tres días para volver y decidir si inducir o esperar... ya no sabía lo que quería, lo hablaba con Paula y ella me infundía confianza, pero yo no era capaz de sentirla del todo. ¿Y si mi niña necesitaba que fuera una inducción? ¿Y si yo lo necesitaba por algún motivo? No sabía qué sentir. Estaba triste y enfadada, me sentía desconectada profundamente de la pequeña, no la entendía, no sabía por qué esas contracciones no ponían en marcha el parto de verdad, ¿y si se debía a que yo lo frenaba por algo emocional, o lo que fuera? ¿Y si lo estaba bloqueando? Ufff, qué difícil, qué de llantos... 

La última noche con Iara en mi vientre la pasé llorando, me desperté llorando el día 26, sintiéndome menos mujer porque no era capaz de escuchar a mi cuerpo y a mi bebé... Pero ese día algo cambió. "¡¡Hoy es mi renacimiento!!" ,me dije cuando mi ángel me despertó, ¡gracias! Y de repente algo hizo click. Unas contracciones muy suaves se iniciaron de nuevo hacia las 10 y media de la mañana, contracciones que me permitían seguir con mi rutina habitual, más suaves que las que había sentido días anteriores. 

Por la tarde llegaron Paula y su familia para cuidar del peque, ya que yo iba a hacer mi segunda sesión de moxibustión con mi amiga Eva, a ver si le dábamos un empujoncito a Iara. Decidí no ir conduciendo, Luis me traería después y listo. Las contracciones no se habían esfumado, llevaba unas 7 horas, pero se habían ido espaciando. Cuando entré en la consulta volvían a ser más intensas y seguidas y a medida que pasaba el tiempo se hicieron más potentes, pero podía mantener mi conversación con ella y mantenerme tumbada en la camilla sin más problemas. Al salir ya fue otro cantar. Me levanté y algo cambió de nuevo. 

Luis me recogió, yo no sabía cómo ir en el coche, me quité el cinturón porque no podía moverme... al llegar a casa casi no saludé ni a mi niño, ¡necesitaba llegar ya! Empecé a vibrar con las contracciones, no podía dejar de moverme. Ahí empezó todo para mí. Eran las 7 y media de la tarde. 

Iara y yo volábamos como una pluma con cada contracción, éramos suaves como ella, sutiles, nos manteníamos firmes en el aire gracias a mi respiración, no podíamos caer. Éramos una pluma blanca que flotaba libre y ligera, que bailaba, sin peso, sin miedo, sin límites. Y así pasaba una contracción tras otra, así vivimos las pulsiones de Vida. Yo me dejaba llevar, ella se dejaba llevar, todo fluía, mi respiración nos elevaba.

Cada vez eran más seguidas, intentaba sentarme a descansar entre unas y otras pero era imposible, antes de caer en el sofá tenía que volverme a levantar para moverme al son de la música que sólo nosotras escuchábamos, apoyada en la barandilla de la escalera mientras mi chico me ponía calorcito en el sacro. Paula apagó todas las luces y dejó todo en semipenumbra, me trajo agua, sacó a los peques, llenó la bañera cuando la pedí... estaba en todas partes para lo que hiciera falta, y en realidad parecía que no estaba. Y mi chico... mi chico era el sostén más fuerte que pueda existir, siempre ahí para mí/nosotras.

Subimos al baño para meterme en la bañera y ahí me relajé por un segundo, pensando que ahora podría descansar, pero de nuevo contracción, contracción, contracción... yo no sabía porqué iba tan rápido, pensaba que estaba en el principio, el dolor era similar a las primeras pulsiones del parto de Raúl, muy manejable, incluso lo agradecía, era el inicio del viaje para ver a Iara por fin. Ni siquiera puedo llamarle dolor, hasta que llegó una contracción en que perdí el rumbo, no podía respirar bien, mis pensamientos iban hacia el hospital y la epidural, quería que me llevaran para dejar de sentir ese dolor. Cesó y me di cuenta de algo, vi gotas de sangre caer al suelo y dije: Iara ya está aquí. Mis recuerdos me dicen que miré a Paula para decírselo, pero no sé si fue así o es lo que mi mente ha guardado... Quise ir al baño pero supe entonces qué era realmente lo que empujaba por salir, así que toqué mi vulva y me di cuenta de que la cabeza de mi niña ya estaba allí y no lo pude creer. Estábamos preparados para pasar la dilatación en casa y acudir al hospital cuando las cosas estuvieran más avanzadas, pero Iara ya estaba allí. No tuve tiempo de pensar en ello, solo me dejaba llevar...

De repente tuve ganas de pujar, les dije sorprendida aún: "¡¡Tengo ganas de empujar!! ¡¡No puede ser!! ¡¡No puede ser!!" A lo que Luis me dijo muy suave y tranquilo: "Empuja" Y me colgué de él y me abrí, sin dolor, transformando esa sensación en placer. Al primer pujo sentí que la cabeza bajaba pero aún no salía, no sé si rompí la bolsa aquí o antes... Al siguiente sentí la intensidad de mi periné estirando al máximo, y de repente el placer del paso de la cabecita de la pequeña Iara, y la toqué por instinto, blandita, mojadita, calentita... Llené todo de sangre desde entonces, mi cara, la de Luis, el mueble, su ropa... Todo se llenó de olor a Vida.

Paula estaba detrás de mí, agachada, con Edén en el fular, me preguntó si quería recibirla, le dije que no podía, que estaba colgada de Luis y necesitaba seguir así, Luis también dijo que no, y le hizo un gesto para que fuera ella la que la sostuviera para darle la bienvenida. Y al siguiente pujo la tenía en sus manos, sosteniéndola escasos momentos antes de pasarla bajo mis piernas para que pudiera saborearla por fin.

Todo se dio rapidísimo, me llené de emoción en ese instante en que nuestras pieles se tocaron, me tumbé en el suelo con ella sobre mi vientre, sintiendo su calor, su humedad, su olor, esa dulzura que me regalaba. No había lágrimas, me sentía explotar por dentro... ¿cómo era posible sentir tanto Amor? Pasamos minutos tiradas en el suelo, entre toallas, mirándonos, abrazándonos, sonriendo y Sintiendo. Estaba en un estado de hiperconsciencia, ¡¡¡estaba repleta de la hormona del Amor!!! La verdad, no pensé en Raúl, pero de repente Paula lo trajo consigo, y era justo lo que quería en ese momento, qué maravilla que te anticiparas a mis pensamientos... Nos miró y aunque algo asustado, por la situación, la sangre, su madre hiperamorosa, siento que recibió a su hermana con Amor.

Tras ese rato de gozo llamamos a la ambulancia y todo siguió fluyendo fácilmente, fuimos al hospital sabiendo que volveríamos a casa en un rato, y allí todo fue sencillo, nos vieron a las dos, todo estaba bien y regresamos a casa felices para pasar nuestra primera noche en familia, otra vez.

Y sí, aunque aún hoy me resulte increíble, Iara nació en el baño de nuestra casa, sin haberlo preparado, en un ambiente cálido, acogedor, a la luz de las velas, tranquilas, rodeadas de la gente a la que queremos... fue PERFECTO. Nunca sentí que estuviera tan cerca, pero Iara lo tenía muy claro, ya me había mostrado que era una bala antes...

Fue un parto intenso, hermoso, bello, íntimo, rodeada de Amor. Fue Mágico. Era el nacimiento que ella ansiaba y me regaló el parto que yo necesitaba. Siento que fueron tres semanas de Viaje, aunque el final se dio en apenas 45 minutos. Disfruté enormemente del parto, desde el principio hasta el fin, lo sentí, ella me guió y yo fui su canal. Nunca pude imaginar un parto tan perfecto, con tanta conexión. Mi cuerpo se abrió con la sabiduría que está escrita en sus células, confié, estuve inmersa en el planeta parto...

Gracias mi pequeña belleza, por haberme regalado taaaaaaanto.

Gracias a mi pequeño monito, por ser tú, por abrir caminos.

Gracias mi Amor, por haber sido ese pilar, por tu entrega, por tu tranquilidad.

Gracias Paula, por haber estado sin estar, por haber hecho que todo terminara de girar, por haber recibido a nuestra hija en tus amorosas manos.

Gracias a la familia de Paula, por habernos acompañado también, por haber cuidado tan bien de nuestro pequeño en esos momentos.

Gracias a mis amigas, a mis "ángeles", por haberme acompañado en la distancia, por haber estado con nosotras de esa forma tan especial, por habernos insuflado Confianza y Fuerza, y sobre todo, Amor.

Doy gracias a la Vida...
































viernes, 7 de septiembre de 2012

Transformando (me)

Suelto, suelto, suelto...

Qué maravillosa sensación la de dejar atrás el lastre que llevábamos a la espalda, ella a mi lado lo hace también. Yo cargaba muchas cosas que quedaron grabadas en algún momento y que no nos permitían avanzar ahora. Cosas que Iara no quería para ella tampoco. 

Ahora somos más libres, nos sentimos más ligeras y capaces. Ahora eso a lo que temía ya no me da miedo. Incluso pienso en que si tengo que pasar más tiempo del que me gustaría en el hospital, ¿qué importa? Yo voy a parir, es un momento sagrado se dé donde se dé, y soy capaz, juntas somos poderosas. Juntas somos fuertes. Juntas, juntas, juntas... 

Y siento muy dentro de mí la Confianza. ¡Qué feliz me hace haber disfrutado de esos momentos finalmente! Si es que todo sucede por algo, aunque en principio no seamos capaces de verlo... 

Toda esta transformación que hemos hecho se debe a que hace dos días tuvimos que pasar una mañana entera en el hospital, el último lugar al que me hubiera gustado acudir en estos últimos días. La matrona no estaba demasiado convencida de que todo fuera bien debido a la altura uterina, así que nos mandó a hacer un control de monitorización del registro cardíaco de Iara y una ecografía. Si tengo que ser sincera, estuve a punto de decirle que no, que yo sentía que todo estaba bien, que no había ningún problema, pero decidí hacerlo por esa pequeña duda que ella tenía. 

No fui con miedo de que a Iara le pasara nada, todo estaba bien, pero la situación... me recordaba demasiado a esos últimos días pasados con Raúl, en que nos sentimos tan presionados. Lloré la tarde antes, me daba rabia tener que pasar por ello cuando casi me había convencido de que si llegamos a la semana 40 no voy a ir a monitores. El hospital de lejos hasta que sea necesario de verdad. 

Y ese día, ese día TODO se transformó. Ese día llegué allí pero en realidad Iara y yo no estábamos allí, estábamos conectadas, conectadísimas, respirando, cantando, danzando... Traspasamos el lugar en el que nos hallábamos y conseguimos volar a otro lugar, un lugar que me recordó a ese ansiado planeta parto del que salí al llegar al hospital cuando Raúl y yo estábamos de viaje. Anteayer me relajé estando en ese sitio que me daba miedo... Las dos conseguimos relajarnos. A pesar de las dificultades, que las hubo, porque cuando salimos del registro la ginecóloga se me acercó y me dijo que había algo que no le gustaba, que Iara estaba demasiado taquicárdica y quería que volviéramos a pasar por ello pero mucho más relajada. Y aunque en ese momento no era capaz de ver cómo relajarnos más, lo hicimos, nos hicimos más fuertes, cantamos mucho, visualizamos, y disfrutamos de un rato más de conexión profunda que nos llevó a bajar la frecuencia del corazoncito de Iara. Todo se puede transformar.

Bufff, ¡cuánto le agradezco a mi doula! Nos ha dado la conciencia sobre muchas cosas, pero sobre todo sobre la respiración. Cada vez estoy más convencida de que Respirar es Amar, lo siento muy adentro, y me ayuda taaaaaanto.

Mi Iara se mostró como es, una bala, con ese corazón latiendo a tope. Y mi hijo que todo fluye, como siempre. Se quedó más de 4 horas con Paula y sus niños, nunca lo había dejado con ellos, y estuvo disfrutando del momento. Solo lo había dejado una vez, una mañana hace tres meses con otra amiga y su peque. Y estuvo bien, pero con algún momento de buscar a mami. Ahora sentía que podía ser peor porque a estos peques no los ve tan a diario, pero ¡¡están tan en sintonía!! ¡Qué tranquila me quedé de que pasaran tan buena mañana!

SÍ, ESTAMOS LISTAS, VOY A PARIR LIBRE. Pase lo que pase, sea donde sea, sea como sea.

Para terminar, os dejo unas palabras que escribí para Iara en algún rato de espera que hubo en medio de esas cinco horas:

<< Pequeña Iara,
Aquí me tienes escribiendo sobre mis rodillas para contarte el día de hoy. Estamos en el hospital, el último lugar al que contigo quería acudir, pero así es. Controlaremos tu corazón de nuevo porque dicen que vas rápido como el rayo y les gustaría que fueras más tranquila, más relajada... pero tú eres lo que eres y siento que eso no lo pueden cambiar. 

Más aquí sigo, por ti, porque todo esto está suponiendo un trabajo interno que siento que tengo que hacer, suelto, suelto, suelto... Me dejo llevar... Vuelo, respiro, canto, te mezo. Te cuento que todo está bien, porque pase lo que pase, todo es y será perfecto. Te siento tanto, tan conectadas Madre e Hija, haciendo juntas un trabajo  que necesitábamos antes de tu nacimiento. 

Sigo a tu lado, no te dejo, y siento que tú a mí tampoco. No nos puede la ansiedad, somos fuertes y podemos con todo, aunque a veces decaigamos, pero seguimos unidas, llenas de Vida y de Amor. 

Respiro, respiro, respiro. Respiras, respiras, respiras. NOS RESPIRAMOS... Qué placer es sentirte así, llenarnos de energía con cada inhalación, llenándonos de Luz.

5 de septiembre de 2012>>

Por cierto, todo está bien. 

lunes, 13 de agosto de 2012

Sintiéndonos

Hace semanas que quiero escribir, contar, mostrarme, mostrarnos... Sin más preámbulos...



Somos dos bajo la misma piel, nos quedan pocas semanas de sentirnos de esta manera, estoy disfrutándote pero a la vez casi estoy oliéndote y saboreándote, deseando el momento en que nuestras miradas se crucen por vez primera. Te amo tanto Iara... te siento tanto... 

Nos ha costado llegar hasta aquí... sobre todo a mí, mi Amor. Siento que haya sido así, siento no haber disfrutado más de este tiempo de conexión, pero la verdad es que así ha sido, y bueno, repito unas palabras que me llegaron bien hondo desde la primera vez que las escuché, porque siento que TODO ES PERFECTO y había muchas cosas que aprender, que sanar, que superar, con lo que no puedo hacer más que darte las gracias mi Vida, porque me has hecho crecer, de nuevo sorprendiéndome a mí misma siguiendo un camino que no era el que yo hubiera trazado, guiada de nuevo por esa Luz tan bella que vosotros, mis hijos, me habéis mostrado, cada uno a su manera.

De nuevo me encuentro en este dulce momento en el que estaría mil días más sintiendo tus movimientos, tus braceos y pataleos, tu energía sutil, que me hace ir justo hasta donde necesitamos, pero a la vez me siento deseosa de mirarte y olerte... mmmmm, qué placer cuando llegue ese momento... Con Raúl me ocurrió exactamente lo mismo, las últimas semanas fueron pura emoción, con esa dicotomía en mis emociones, pero tranquila, dejándome fluir, sin prisa, porque el momento llegaría, y esta vez también, mi bella sirena, queda tan poco... y a la vez me siento tan plena...

Empiezo a sentir esos cambios físicos que me hacen sentir que mi cuerpo sabe, que siempre ha estado preparado para esto, poco a poco va definiéndose esa línea que hará de camino hasta mi pecho cuando llegues, tornándose oscuros mis pezones para recibirte rebosantes de calostro y de mamá, va apareciendo también un cansancio diferente, haciéndome frenar del todo para prepararme para el viaje que ha de llegar pronto. A otro nivel, más emocional, siento que aunque durante todo el embarazo me he embarcado en un viaje interior, en una marea de sentimientos que a veces me ha mecido y a veces casi me han hecho zozobrar, hoy es aún más evidente ese cerrar puertas y mirar hacia tu ombligo y hacia el mío, recordando el viaje que un día yo también transité hacia la primera respiración. Esa respiración que llegado el momento será nuestra aliada. Es algo mágico que contemos con nuestra Paula, que nos ha mostrado tanto y que aún nos mostrará tantas cosas, eres una bendición, gracias por querer acompañarnos con tantas ganas y tanto Amor. Me siento tan querida por tu familia, tan abrazada...

Iara, visualizo las horas que pasaremos en conexión con la Vida, con la sabiduría que nuestros cuerpos de mujeres esconden, y me maravillo y me lleno de placer. No sé cómo será, ni dónde ni cuándo, pero yo voy a estar abrazándote suavemente con cada contracción, sintiendo como centímetro a centímetro vas acercándote a mis brazos que terminarán de envolverte en ese aura de Amor. Una Luz intensa estará con nosotras, una Luz que nos llenará de energía cada vez que respiremos, porque respiraremos juntas, y voy a tratarte y a tratarme amorosamente en cada instante, sintiendo todo ese Amor que nos rodea a ambas, dejándonos llevar como si fuéramos una pluma que vuela con una leve brisa, con esa suavidad. Papá estará para sostenernos como solo él puede hacerlo, regalándonos su fuerza para que no nos sintamos desfallecer, haciéndonos sentir grandes cuando no veamos más allá, cubriéndonos de besos cuando estemos piel con piel... Gracias papá por acompañarnos, por dejarme sentir.

En estas últimas semanas estoy preparándome para ello, probando, sintiendo, descubriendo sensaciones y emociones junto a nuestra Doula, pero ¿sabes qué? Corazón, ya estoy lista, cuando desees, aquí está mamá deseando acompañarte en el viaje.


domingo, 7 de agosto de 2011

Los regalos de Raúl (IV). Seguridad en mí misma



No es que antes fuera una mujer de bandera de las que siempre van perfectas de los pies a la cabeza, porque nunca he conseguido según qué cosas... siempre se me olvida algo que quería ponerme, no he sabido nunca maquillarme de la manera que me gustaría, no sé si sé conjuntar demasiado bien, el pelo siempre de la misma manera, porque no sé hacerme nada más espectacular que una cola o un moño cutre... Bueno, como veis, siempre he sido una insegura con mi imagen, nunca he estado contenta conmigo misma, más bien no he sabido sacarme partido, como dicen, y eso me generaba un poco de estrés antes de salir de casa, sobre todo para las ocasiones, pero en realidad para todo.

Salir de casa para ver a alguien suponía una de vueltas y de cambios de vestuario, de peinarme y despeinarme, de mirarme al espejo y cambiar el color de los labios... que no os lo podéis imaginar. El papá de la criatura se mosqueaba siempre porque terminábamos llegando tarde adonde fuera, porque me veía de una manera y finalmente salía de otra, porque daba mil vueltas y tardaba muchísimo, de verdad que tenía razón. Nunca estaba contenta. 

Solo hubo un momento en el cual saliera con lo que saliera me encontraba divina, y ese momento fue estando embarazada. Muy al contrario que muchas de mis conocidas mientras estuvieron embarazadas, cuando estaba embarazada de Raúl me veía pletórica, feliz, y esa felicidad se traducía en verme estupenda de la muerte con cualquier cosilla. Es que estaba guapa ¡leches! Bueno, al menos yo me veía así, hasta el último día.

Y después del parto, pues eso, que te dejas, que no tienes tiempo ni para mirarte al espejo, y no sé, estás cansada, con ojeras, el pelo ya no lustra como en el embarazo, se te empieza a caer... Y aunque teniendo en cuenta mis inseguridades se supone que en estos momentos debería sentirme aún más insegura, la verdad es que no es así. 

No es que me vea guapísima, ni que me arregle, que no sé la de tiempo que no me compro nada, ni me maquillo, ni me peino, ni voy a la peluquería, pero tengo otra visión de las cosas. No me preocupa mi imagen. 

Lo escribo y me siento rara. No es que me haya dejado y vaya echa un fantoche, pero no le doy tantas vueltas, abro el armario y cojo lo primero que veo, en plan: Esto mismo está bien. Y me sorprendo a mí misma con ello. Me siento a gusto conmigo misma, no necesito sentirme la mujer más bella del mundo, porque sé que soy bella, de una manera u otra lo soy. 

Desde que parí a Raúl me he dado cuenta de que veo a las mujeres de otra manera, muchas veces os lo he comentado, las mujeres somos grandes, fuertes, bellas, porque somos vida. Y ahora no necesito conjuntar mi ropa, ni llevar adornos si no es que me apetece colgarme alguna "alhaja" para que Raúl disfrute cogiéndola mientras le amamanto, ni necesito esconder mi rostro bajo una capa de color, aunque a veces me maquille porque me apetezca en ese momento. No necesito verme perfecta, esa es la clave, porque la perfección es otra cosa ahora para mí. 

Soy la madre perfecta para Raúl, soy la mujer perfecta para mi chico, soy la amiga perfecta para los míos, soy la hija perfecta para mis padres, la hermana perfecta para mis hermanos, la nieta perfecta para mis abuelos, porque soy yo, soy la que soy. Con mis imperfecciones también, que intento mejorar, pero soy perfecta para ellos, porque me quieren tal cual soy. 

Así que yo he aprendido a quererme como soy, sin darle importancia capital a la fachada, porque no la tiene, soy como soy, soy YO, y no importa de qué me disfrace, simplemente tengo que sentirme cómoda en mi piel, en cada momento, en cada lugar. ¿No es eso la felicidad también? 

Siempre he sido una persona insegura, siempre me ha costado mucho hacer las cosas por esas inseguridades, no es solo una cuestión de imagen, es una cuestión de falta de confianza, que quizás tiene que ver con mi crianza, no lo sé, tendría que planteármelo a fondo, pero siempre he sentido esa necesidad de que todo fuera perfecto, y esa sensación de que por mucho que hiciera no lo conseguía, pero hoy todo es distinto. Raúl me ha aportado templanza, seguridad, amor propio incluso. Hay gente que me ve con él y dice que nunca habían visto a una madraza tan segura de lo que hace pese a ser joven, bueno, no soy tan joven, ni me siento tan tan segura, porque necesito de apoyos también. Pero sé que transmito una seguridad en mí misma, una confianza que quizás antes no encontraba y que la madre que soy me ha descubierto.

Raúl me está haciendo descubrir tantas cosas... en mi interior y a mi alrededor, y siempre, siempre, voy a sentirme agradecida a lo que mi hijo está regalándome. Gracias bebé. Te quiero.

lunes, 4 de julio de 2011

La clave de la maternidad


Hoy tengo un mal día, ayer trabajé de noche y encima estoy mala. tengo décimas de fiebre y mi cuerpo me está diciendo que tengo que centrarme en luchar contra algún bichillo. Estoy haciéndome a mí misma reflexoterapia, y bueno, cuidando de Raúl, así que como veis, tengo un mal día. Pero me apetece escribir algo, bueno, reciclo algo que tenía medio escrito, ahí va.

Me doy cuenta ahora, tras haber leído algunos de vuestros post de estos días, de lo que me inspiráis. Gracias a vosotras y a vuestros blogs soy capaz de cuestionarme cosas que quizás de otra manera no haría. Puede que la palabra no sea cuestionarme, sino reflexionar.

Porque a pesar de todo lo que he leído, me he informado, he indagado y he aprendido, pienso que lo fundamental en la crianza de Raúl lo tengo muy claro. No me hacen falta métodos, no me hacen falta libros, ni documentales, ni vídeos... Aunque los lea o los vea porque me interesan los distintos temas relacionados con l@s niñ@s, sé lo que estoy haciendo de alguna manera mucho más instintiva, sin tener que plantearme muchas cosas. No quita que en determinado momento haya lecturas que me hayan impactado, que hayan cambiado algo en mi interior y me hayan hecho "clic", pero las cosas+-5 como madre están funcionando de una manera mucho más fluida de lo que en principio pueda parecer.

Siento que la crianza de Raúl me sale de dentro, tanto a mí como a mi chico, y es así porque las células de nuestro cuerpo lo tienen grabado desde hace milenios. Y sin menospreciar el papel del padre, creo que en el caso de las madres, que portan la vida, que la cobijan en su propio vientre, que la paren, que la nutren de su ser, que la protegen con su cuerpo y su calor, que la aman, es mucho más intenso. Siento que mis células tienen grabado el papel fundamental que me toca ahora, y surge de manera natural, porque no hay nada tan natural como ser madre. Y claro, no hay que olvidar que la mejor escuela para ello es simplemente la maternidad en sí misma, y el mejor maestro, siempre mi niño.

Lo que me ocurre con la información que voy descubriendo entorno a este tema es que al leerla se me enciende una luz dentro y me doy cuenta de que siempre ha sido así, de que no podría ser de otra manera, de que lo que se dice ahí es exactamente lo que yo hago o quiero hacer, porque es lo que está escrito en mí, mi propio instinto dormido que despierta con las palabras que le llegan.

Acabo de leer el post de María, de Reeducando a mamá, y a parte de haberme emocionado, porque es precioso... me he sentido cerca de esas palabras, porque sé que lo más importante en la crianza de nuestr@s pequeñ@s es simplemente la confianza. Tan sencillo y tan lejano a veces...

En la última entrada comentaba el caso de unos chicos que llegaron a abam con un bebé recién nacido en los brazos, y estaban luchando contra sus propios instintos, contra su propio yo, sin saberlo. La velocidad a la que funcionamos en esta sociedad no nos permite parar a maravillarnos de la llegada de una nueva vida, darnos cuenta de la necesidad que tiene de nosotros, de sus padres. No entendemos el crecimiento personal que supone ser padres, convertirnos en una familia. Es un proceso, no es algo que pase de un día para otro, hay que adaptarse a nuestra nueva vida, a nuestro nuevo yo, hay que olvidarse del egoísmo en el que estamos acostumbrados a vivir para poder cuidar de ese ser que necesita todo de ti, al que le das tu cuerpo y tu alma, y aún necesita más. Pero si te dejas llevar, si de verdad confías en ti mismo, en tu bebé, en tus deseos más profundos y verdaderos (tal y como dice María), todo es mucho más sencillo, más bello, más liberador, mejor, en definitiva.

La confianza es la clave.

Lo veo todo tan claro que me parece imposible que sea tan difícil de ver para algunos, que esos primeros días se hagan tan duros... Y es porque no nos dejamos llevar, porque no tenemos una tribu maravillosa para ayudarnos a ver el mundo nuevo que se ha abierto ante nuestros ojos, porque no hay mucha gente que te quite la venda que no te deja ver.

Sé que las cosas no son ni blancas ni negras, que hay una paleta de colores amplia, que no todo es maravilloso solo por ver esto que cuento, pero sé que eso haría que supiéramos ver las cosas con otra perspectiva, y sería mucho más fácil pasar esos momentos que son más duros, en que ves como todo ha cambiado y tú aún no lo has hecho.

He leído también el post de Myriam, de en minúsculas, que me ha hecho estremecer, claro, poniendo en palabras lo que siento, lo que muchas otras mamás sienten hacia sus hij@s. ¡Qué bonito es leerla! Gracias Myriam.

Y he leído muchos más pero no hay tiempo para más, Raúl me reclama...

Desde luego todo lo que me da por pensar gracias a vosotras... Besos y abrazos.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Pequeños/grandes cambios

Pues solo quería explicar cómo lo que para unos es GRANDE para otros es pequeño, es normal en definitiva, y no es motivo de celebración.

Mi niño el día 7 de marzo se dio la vuelta por vez primera, su mami estaba delante, y lo celebramos con alegría. Hasta aquí normal. Lo que me sorprende es la reacción de la gente cuando se lo cuento.

Yo lo explico como un gran logro de mi pequeño, porque le ha costado días y semanas de prácticas, lo que en su corta vida supone mucho tiempo y mucho esfuerzo, y yo celebré el logro como tal, a lo que él me contestó con sus radiantes sonrisas que me iluminan el alma. Pues lo que le debe llegar a la gente a la que se lo he contado es que es algo normal, que hacen todos los niños, y como es la evolución natural, pues les parece raro que para mí sea tan importante. Y no es que sea importante para mí, sino que lo es para mi bebé, que ahora es capaz de ver el mundo desde otra perspectiva siempre que quiera, que ha ganado en autonomía y en destreza y fuerza, preparándose para el resto de tareas que tendrá que llevar a cabo en su vida.

No sé si me explico, pero no entiendo que la gente lo tome como: "¿Ah, sí? Bueno, y ya pronto gateará". Pues bien, cuando gatee haremos otra fiesta, porque la ocasión lo merece y estoy convencida que a medida que vamos felicitando a nuestros hijos por sus pequeños logros ganan en autoestima y en confianza, a pesar de que lo que han hecho sea lo que se espera de ellos por la evolución natural del ser humano.

Considero muy importante cada pequeño avance que hace, cada destreza que va adquiriendo, tanto física como afectiva, emocional, psíquica... es la base sobre la que se está formando su persona, aunque sea pasito a pasito, cada cosa a su tiempo. Ya le felicitaremos cuando vaya a la universidad (si decide ir) o cuando encuentre un trabajo o cuando decida formar una familia; cosas que seguramente esa gente que no ha dado importancia a que mi niño se da la vuelta sí pensará que son importantes y dignas de orgullo, y lo serán, pero aunque ahora ellos crean que un bebé no tiene conciencia, sí la tiene, y se merece nuestro orgullo, nuestra felicitación y nuestro cariño.

Porque mi niño día a día crece y va adquiriendo nuevos matices en su vida, que son los que en el futuro conformarán su personalidad, estoy segura y orgullosa se sus grandes cambios.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Confianza

Ayer tuvimos una prueba de fuego mi bebé y yo. Él porque es la primera vez que está malito y yo porque tenía que descubrir qué tipo de mami era ante estas situaciones después de haberme dispuesto a desmarcarme del camino.

Bueno, la cosa es que pasamos el día fuera y llegamos bastante tarde. Mientras estábamos cenando los papis, que él estaba jugando con sus juguetes un rato (es muy considerado y casi siempre nos deja un ratito para comer y cenar juntos, jeje), de repente se puso a quejarse y finalmente a llorar a moco tendido. Nunca lo había escuchado llorar así. Se me pasaba por la cabeza una amiga, que dice que su bebé lloraba sin motivo desde que nació hasta los 2 meses, y que no importaba lo que hicieran ellos, que seguía llorando. Pues eso, que me veía en una situación en que mi bebé lloraba y aunque lo cogiéramos en brazos, aunque le cantara o le meciera, incluso aunque le diera su tetita, seguía llorando muchísimo... Yo pensaba que eso no era normal, que algo debía pasarle. Me puse en los dientes, en la barriga, en que tenía mocos... No sé...

Después de muchos trasiegos, paseos, cantos guturales, cancioncillas y demás, consiguiendo que se durmiera pero tan poco profundamente que no podía mover ni un músculo que ya estaba otra vez despierto, me acordé de una técnica que me habían enseñado en el grupo de lactancia al que voy habitualmente, el "envolvimiento", y chica, mano de santo!

Le puse encima de la manta y empecé a enrollarlo aunque él seguía llorando, pero fue levantarme con él enrolladito en brazos, susurrarle un poquito y ni me dio tiempo a sacar la teta, se quedó dormido. Así que estuve con él en brazos (como siempre hago cuando se duerme durante el día) hasta que nos fuimos a dormir. La cosa pintaba mal, porque algo debía haber causado tal llanto en un niño que siempre que llora es cogerlo en brazos y callar, porque quiere a sus papis cerca...

Estuvo en brazos del papá hasta que hizo su primer despertar nocturno, y resulta que volvió a llorar muchísimo pero esta vez sí quería su tetita, así que muy dispuesta me puse a ello. En ese momento me di cuenta de lo que pasaba, el nene estaba calentito, así que le tomé la temperatura y sí, fiebre al canto! La relaciono con que nosotros dos hemos estado resfriados estos días y aunque parecía haberse librado parece que no.

Las mamis que conozco se preocupan, le dan el dalsi o el apiretal, lo bañan y si no le baja, para urgencias. Pero yo decidí hacer lo que me había propuesto para esa eventualidad: reflexología y confianza en mi pequeño. He pasado la noche entre despertares llorosos, teta y reflexología, cambiando pañales y confiando en la naturaleza, entregada a ella, sabiendo que estaba haciéndolo bien para él, enseñándole a confiar en sí mismo y en su capacidad de sanar. Su cuerpo estaba haciéndolo bien, haciendo que subiera la temperatura para poder atacar más eficazmente con su sistema inmune a los microbios. "La fiebre es parte del proceso", me decía. Porque la fiebre es una parte de la defensa del cuerpo contra los intrusos, aunque nos hagan pensar lo contrario cuando nos dicen que le bajemos la fiebre a la mínima. HE CONFIADO, le decía que confiara él también, y ha dado resultados. Esta mañana mi niño no tenía fiebre y lo mejor de todo, volvía a sonreir.

Gracias Paula querida! Por enseñarme el camino!

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