Hace tiempo que quería contar un poco nuestra experiencia con el masaje infantil, y ahora que he descubierto por el blog Una maternidad diferente que esta semana está dedicada además de al parto respetado, al masaje infantil, allá voy.
Cuando Raúl nació el papá y yo decidimos que queríamos una semanita para nosotros solos, para hacer nido, como decíamos. Necesitábamos ese tiempo para descubrirnos como padres, como familia, y así se lo hicimos saber a la familia y amigos.
Mis padres, aunque con mucha contención, compraron los billetes para venir a vernos una semana más tarde. Mis amigos esperaron a que yo les avisara para venir a conocer a Raúl a pesar del hecho de que sabían que estábamos allí prácticamente desde el ingreso (es lo que tiene trabajar en el hospital, jeje). Los compañeros de trabajo ni se asomaron por allí, aunque sospecho que sabían que estábamos en la planta. De lo que tenía más miedo era sobre esto último, pensaba que podía haber un carnaval de visitas toooodo el día, porque teníamos experiencias previas de compis que habían parido hacía poco a las que habían visitado todos. Pero no, debe ser por mi temperamento, que les dio miedo pasarse por si acaso... Bueno, quizás es que soy la más borde del mundo, no sé... La cosa es que no vinieron más que los que eran bienvenidos, así que el postparto fue muy bueno en este sentido.
Todo esto era para contar que tras esas primeras semanas empecé a buscar cosas que hacer con mi bebé. Estábamos conociéndonos, aún nuestro vínculo no estaba del todo creado, mis padres ya se habían marchado de casa, mi chico ya estaba trabajando de nuevo tras la baja paternal, yo me encontraba sola con el bebé e insegura. Lo que yo creí que iba a ser lo más fácil, la lactancia, se nos hizo cuesta arriba, y eso hizo que nuestra convivencia fuera complicada los primeros meses. Lloraba bastante con la teta, y yo sentía que estaba haciéndolo mal, no me sentía unida a él en ese momento en absoluto. Y descubrí otra forma de comunicación, otra forma de entenderlo, de vivir un rato maravilloso queriéndonos y tocándonos, el masaje.
Por supuesto con Rocío, que ahora sé que nos ha descubierto, así que te doy las gracias directamente a ti, porque nos has regalado muchas cosas. ¡Gracias de todo corazón!
Iniciamos el curso de masaje con un mes de nacido Raúl, y al principio nos resultó extraño empezar a conocernos de esta manera, pero poco a poco disfrutamos de las caricias, de los mimos, de las miradas, de los gestos compartidos... Nos entendíamos cada día mejor.
Gracias al masaje hemos incluido en nuestras vidas una forma de entendernos muy sencilla, a base de sensaciones, reconozco sus emociones y sus reacciones gracias a las horas de masaje. Nos mimamos mucho piel con piel desde entonces, este verano vamos a masajearnos mutuamente al calorcito del sol, estamos deseándolo.
No lo practicamos a diario actualmente, porque la verdad es que mi ritmo es bastante callejero, cada día más, con esto de que llega el buen tiempo. (Otro día hablo sobre los ritmos y las rutinas). Y bueno, al final no es mi ritmo, sino el de los dos, así que lo masajeo cuando puedo y nos apetece, disfrutándolo siempre.
A Raúl le encanta el masaje, tanto es así que hoy día se deja hacer de todo, cualquier contacto le relaja mucho, y se le nota feliz. En el grupo de lactancia, cuando Rocío necesita a algún voluntario para mostrarle a las mamás alguna técnica, ahí está él, ¡encantado! ¡Si es que se le nota! Además de que pienso que Raúl tiene una especial relación con Rocío, le relaja mucho, se queda mirándola y escuchándola fijamente, como con pasión, jeje. Es que lleva escuchándola y sintiéndola desde que se encontraba en mi vientre...
Me gustaría colgar alguna foto del masaje, pero creo que no tengo ninguna, normalmente estamos solos cuando nos ponemos a ello, y si está el papi, no nos acordamos de la cámara en ese instante mágico de familia...

Me alegro de que hayais encontrado otro modo más de conectar.
ResponderEliminarYo también voy con Minerva a masajitos con mi matrona, aunque últimamente sólo vamos para ver al resto de mamás y de nenes, porque ya sólo quiere estar sentada mirando a todo el mundo y haciendo monerías. Así que disfrútalo, que Raúl se deja.
Por cierto, lo de las visitas me parece genial. Nosotros también pedimos paciencia las dos primeras semanas.
Besitos
Ya ves si lo disfrutamos, aunque ahora que ya gatea toda la casa a veces cuesta un poco ponernos a ello, está descubriendo otros mundos que son más interesantes!!
ResponderEliminar