Hay muchas cosas que me gustaría recordar sobre el nacimiento de Iara, cosas que me decían tanto... por eso he decidido escribir una entrada sobre ello, porque ¿qué es un blog al final si no un diario? Así podré recordar siempre esas cositas que me rondan estos días, que con la cabeza que tengo...
El parto de Iara fue belleza en sí mismo, pura esencia de Vida. Nosotros no lo habíamos planeado, así pues, esta puede ser la primera entrada de una serie denominada "Los regalos de Iara".
Fue tan rápido que creía que aún estaba en la dilatación cuando se presentó su cabecita pujando por conocer la cara de su mamá, así que sin más, la pequeña decidió que nacería en casa, ¿qué mejor lugar?
Fue tan rápido que creía que aún estaba en la dilatación cuando se presentó su cabecita pujando por conocer la cara de su mamá, así que sin más, la pequeña decidió que nacería en casa, ¿qué mejor lugar?
Cuento esto porque durante el embarazo, planeando ese día, muchas cosas iban apuntando hacia lo que pasaría, pero cosas que pasan, una no es capaz de Escuchar y Ver todo lo que ocurre a su alrededor...
He tenido una Doula maravillosa, que es mi Hermana, que es la Madrina de Iara desde luego, que nos ha acompañado durante este tiempo de crecimiento. Una de las cosas que hoy regresa a mí es un sueño que ella tuvo sobre el nacimiento de la pequeña, en ese sueño había una frase que se suponía que los profesionales decían en un hospital tras haber parido, algo así como "¡Ha sido un parto domiciliario!", perdona no recordarlo mejor... y era como una señal... Pero es que hubo otro sueño, en este caso mío, en que paría en casa de mis padres, en el baño, junto a mi madre. Nunca o casi nunca recuerdo los sueños, así que recordar este, además con mil detalles, me pareció curioso en su momento, y me parece hoy que ella me enviaba señales de alguna manera.
Otra cosilla que recuerdo hoy, es que siempre que hablaba de mi parto con alguien cercano, alguien que sabía que no pariría en casa a pesar de quererlo intensamente (porque mi chico no sentía lo mismo que yo), le decía que yo llegaría al hospital con mi niña en brazos, porque pensaba esperar hasta el último momento, ¡si hacía falta nacería en el coche! Todo esto lo contaba en tono de broma, nunca pensaba que eso se daría, creía que llegaría avanzada la dilatación, no como con el primer parto, que ingresé de 2 cm quedándome aún muchas horas por delante. Pues entrando a urgencias tumbadas ambas en la camilla de la ambulancia, no podía dejar de pensar en ello, que al final lo que decía se cumplió, ¡vaya tela! Eso deben pensar ahora los que me escuchaban en aquellos días...
Más cosas, más recuerdos, más pistas. Por ejemplo, como estuve tres semanas más o menos sintiendo contracciones, y digo más, contracciones de parto, hablábamos a menudo (con nuestra doula) sobre qué podía estar pasando. No lo sabíamos, yo ya estaba con la cabeza loca y no entendía nada, pero sí es cierto que notaba que algo debía estar trabajando, avanzando. Un día le dije a Paula, aún embarazada, que si podía contarle a la gente que mi parto había durado 5 semanas, entre risas. Porque al final era lo que parecía, no eran días completos de contracciones, pero yo sentía que estaba de parto en esos momentos, así que mi cuerpo no podía estar engañándome tanto ¿no? Aunque dudé, lo reconozco, disfrutaba de cada rato, pero cuando terminaba me sentía descorazonada, como "jo, otra vez no". Mi doulita nos dijo que creía que el parto iba a ser muy rápido porque con todas esas contracciones estábamos preparándonos, acercándonos, yo le dije, "sí, parto express", y me reía, Hoy me río de nuevo de esa conversación.
Algo más que me ha quedado marcado, aunque no es exactamente lo mismo que lo que he contado antes, está relacionado con las afirmaciones que preparé para el parto. Durante el embarazo estuve trabajando en ello, frases que me dijeran algo para ese momento, frases que me ayudaran y me acompañaran, que nos acompañaran a las dos. Cuatro afirmaciones llegaron a mí. Las escribí y las colgué en distintas partes de la casa, pensando o sintiendo dónde deberían estar... Pues pasé parte de las contracciones en el salón, dónde había varias de ellas, pero una me llegaba bien fuerte, Yo, Carol, Siento que Respirar es Amar. Y con cada contracción respiraba amándome a mí misma y a mi cuerpo, amándonos a las dos.
Y donde Iara nació, en el baño, ahí había otra afirmación que me llena de emoción, porque justo tenía que ser esa... La Fuerza y el Poder están en mí y en Iara. Mi chico me decía que parecía una afirmación de las guerra de las galaxias, pero era justo la que necesitaba en ese momento, porque Iara y yo fuimos fuertes, Iara y yo pudimos. Todo estaba en nosotras, en nuestros cuerpos, en nuestros corazones. Se me eriza el vello al volver a recordarlo...
El otro día escribí a mi bella Cayetana, porque recuerdo muy claramente el día que la encontré buceando por la red, los días que pasé leyéndome su blog de cabo a rabo, y sobre todo, la emoción que sentí al leer el relato sobre el nacimiento de Carlota, su segunda hija. En ese momento deseé con todas mis fuerzas haber podido vivir un parto tan intenso, darle la bienvenida a mi hijo de forma tan bella y amorosa... Ni siquiera sé explicarlo, me faltan las palabras para contar que en aquel momento algo en mi interior se encendió, para permanecer ahí latente hasta resurgir el día en que supe que Iara había anidado en mí. Cuando nació mi pequeña Edén, mi ahijadita, volví a sentir lo mismo, las ganas de vivir el parto como algo sagrado, rodeada de amor, sin más. Ya es casualidad que las dos parieran a sus hijas en casa, solas (sin asistencia sanitaria), como mamíferas, puro instinto, y en el baño.
Quise parir en casa pero somos dos en esta historia, y como tendría que ser en el hospital, escribía un día una entrada sobre mi parto respetado. El otro día lo leía de nuevo, es tan emocionante haber vivido justo eso... Hoy no sé si fui yo la que lo pedía o era Iara la que se expresaba a través de mí, incluso mucho antes del embarazo.
Ella lo tenía bien claro. La pequeña Iara, nacida en casa, junto a su familia, en un rinconcito tenuemente iluminado, nuestro baño, demostrándonos a ambas el poder que tenemos.
Algo más que me ha quedado marcado, aunque no es exactamente lo mismo que lo que he contado antes, está relacionado con las afirmaciones que preparé para el parto. Durante el embarazo estuve trabajando en ello, frases que me dijeran algo para ese momento, frases que me ayudaran y me acompañaran, que nos acompañaran a las dos. Cuatro afirmaciones llegaron a mí. Las escribí y las colgué en distintas partes de la casa, pensando o sintiendo dónde deberían estar... Pues pasé parte de las contracciones en el salón, dónde había varias de ellas, pero una me llegaba bien fuerte, Yo, Carol, Siento que Respirar es Amar. Y con cada contracción respiraba amándome a mí misma y a mi cuerpo, amándonos a las dos.
Y donde Iara nació, en el baño, ahí había otra afirmación que me llena de emoción, porque justo tenía que ser esa... La Fuerza y el Poder están en mí y en Iara. Mi chico me decía que parecía una afirmación de las guerra de las galaxias, pero era justo la que necesitaba en ese momento, porque Iara y yo fuimos fuertes, Iara y yo pudimos. Todo estaba en nosotras, en nuestros cuerpos, en nuestros corazones. Se me eriza el vello al volver a recordarlo...
El otro día escribí a mi bella Cayetana, porque recuerdo muy claramente el día que la encontré buceando por la red, los días que pasé leyéndome su blog de cabo a rabo, y sobre todo, la emoción que sentí al leer el relato sobre el nacimiento de Carlota, su segunda hija. En ese momento deseé con todas mis fuerzas haber podido vivir un parto tan intenso, darle la bienvenida a mi hijo de forma tan bella y amorosa... Ni siquiera sé explicarlo, me faltan las palabras para contar que en aquel momento algo en mi interior se encendió, para permanecer ahí latente hasta resurgir el día en que supe que Iara había anidado en mí. Cuando nació mi pequeña Edén, mi ahijadita, volví a sentir lo mismo, las ganas de vivir el parto como algo sagrado, rodeada de amor, sin más. Ya es casualidad que las dos parieran a sus hijas en casa, solas (sin asistencia sanitaria), como mamíferas, puro instinto, y en el baño.
Quise parir en casa pero somos dos en esta historia, y como tendría que ser en el hospital, escribía un día una entrada sobre mi parto respetado. El otro día lo leía de nuevo, es tan emocionante haber vivido justo eso... Hoy no sé si fui yo la que lo pedía o era Iara la que se expresaba a través de mí, incluso mucho antes del embarazo.
Ella lo tenía bien claro. La pequeña Iara, nacida en casa, junto a su familia, en un rinconcito tenuemente iluminado, nuestro baño, demostrándonos a ambas el poder que tenemos.

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