Ayer tuvimos una prueba de fuego mi bebé y yo. Él porque es la primera vez que está malito y yo porque tenía que descubrir qué tipo de mami era ante estas situaciones después de haberme dispuesto a desmarcarme del camino.
Bueno, la cosa es que pasamos el día fuera y llegamos bastante tarde. Mientras estábamos cenando los papis, que él estaba jugando con sus juguetes un rato (es muy considerado y casi siempre nos deja un ratito para comer y cenar juntos, jeje), de repente se puso a quejarse y finalmente a llorar a moco tendido. Nunca lo había escuchado llorar así. Se me pasaba por la cabeza una amiga, que dice que su bebé lloraba sin motivo desde que nació hasta los 2 meses, y que no importaba lo que hicieran ellos, que seguía llorando. Pues eso, que me veía en una situación en que mi bebé lloraba y aunque lo cogiéramos en brazos, aunque le cantara o le meciera, incluso aunque le diera su tetita, seguía llorando muchísimo... Yo pensaba que eso no era normal, que algo debía pasarle. Me puse en los dientes, en la barriga, en que tenía mocos... No sé...
Después de muchos trasiegos, paseos, cantos guturales, cancioncillas y demás, consiguiendo que se durmiera pero tan poco profundamente que no podía mover ni un músculo que ya estaba otra vez despierto, me acordé de una técnica que me habían enseñado en el grupo de lactancia al que voy habitualmente, el "envolvimiento", y chica, mano de santo!
Le puse encima de la manta y empecé a enrollarlo aunque él seguía llorando, pero fue levantarme con él enrolladito en brazos, susurrarle un poquito y ni me dio tiempo a sacar la teta, se quedó dormido. Así que estuve con él en brazos (como siempre hago cuando se duerme durante el día) hasta que nos fuimos a dormir. La cosa pintaba mal, porque algo debía haber causado tal llanto en un niño que siempre que llora es cogerlo en brazos y callar, porque quiere a sus papis cerca...
Estuvo en brazos del papá hasta que hizo su primer despertar nocturno, y resulta que volvió a llorar muchísimo pero esta vez sí quería su tetita, así que muy dispuesta me puse a ello. En ese momento me di cuenta de lo que pasaba, el nene estaba calentito, así que le tomé la temperatura y sí, fiebre al canto! La relaciono con que nosotros dos hemos estado resfriados estos días y aunque parecía haberse librado parece que no.
Las mamis que conozco se preocupan, le dan el dalsi o el apiretal, lo bañan y si no le baja, para urgencias. Pero yo decidí hacer lo que me había propuesto para esa eventualidad: reflexología y confianza en mi pequeño. He pasado la noche entre despertares llorosos, teta y reflexología, cambiando pañales y confiando en la naturaleza, entregada a ella, sabiendo que estaba haciéndolo bien para él, enseñándole a confiar en sí mismo y en su capacidad de sanar. Su cuerpo estaba haciéndolo bien, haciendo que subiera la temperatura para poder atacar más eficazmente con su sistema inmune a los microbios. "La fiebre es parte del proceso", me decía. Porque la fiebre es una parte de la defensa del cuerpo contra los intrusos, aunque nos hagan pensar lo contrario cuando nos dicen que le bajemos la fiebre a la mínima. HE CONFIADO, le decía que confiara él también, y ha dado resultados. Esta mañana mi niño no tenía fiebre y lo mejor de todo, volvía a sonreir.
Gracias Paula querida! Por enseñarme el camino!

No hay comentarios:
Publicar un comentario