Hij@s mí@s, quiero que sepáis que disfruto de cada instante de vuestra compañía, que me hacéis FELIZ, que quisiera vivir 100 años más a vuestro lado, y los que hiciera falta. Quiero que sepáis que os amo con toda mi Alma, que sois lo más importante en mi Vida, que sin vosotr@s no sabría caminar. Quiero que sepáis que cada gesto me hace estremecer, cada palabra o sonido que me dedicáis vibran en mi interior como la música más linda, cada caricia de vuestras hermosas manitas sobre mi piel me embriaga aún más... sigo tan enamorada de vosotr@s, de vuestras pequeñeces, de vuestras redondeces, de vuestras miradas... es AMOR lo que siento...
Y a pesar de todo, a veces me descubro siendo cruel e insoportable con vosotr@s... y no me gusta. Me descubro gritando a un niño de apenas 2 años y medio, y me doy miedo. Me descubro mirando con pesadumbre a mi pequeña porque no quiere que la deje mientras yo hago algo, lo que sea, porque ella quiere y necesita mis brazos, de manera prioritaria, los ansía, y a veces no puedo o no quiero ofrecérselos... y mis miradas denotan incluso rabia... Me descubro apretando la mandíbula mientras le digo a mi hijo que no haga algo que yo no quiero que haga... Me descubro ejerciendo violencia hacia tan pequeños seres, indefensos, necesitados de mi Amor, que me entregan su Amor y quieren solo mi cobijo y protección... y yo ofreciéndoles justo lo contrario...
A veces no entiendo porqué es así, pero si lo pienso, si indago un poco en ello, siento lo que pasa. Mi ritmo es otro, mi ritmo no es el que ellos necesitan.
Pierdo la paciencia porque no puedo correr sino andar; pierdo la paciencia porque no llego a hacer todo lo que me gustaría; pierdo la paciencia porque no encuentro el tiempo para mí, solo para ellos; pierdo la paciencia porque cuando lo encuentro, estoy tan sumamente cansada que no soy capaz de hacer nada, y me freno, y me quedo quieta. Y me doy cuenta de que ese frenazo debería darlo junto a ellos, para admirarlos, para disfrutarlos al máximo, porque su infancia está pasando de puntillas por mi vida.
Quiero aprender a vivir el momento pero ahora me está resultando muy muy complicado.
Hace dos días pasé un rato jugando con mi mayor, haciéndole cosquillas, disfrutando de su risa incontenible, mirándole arquear su cuerpecito y decirme más cuando paraba, viendo en su mirada ese gozo que he olvidado. Tengo que buscarlo más, tengo que adorarlo más.
Hoy he pasado un rato sintiendo a mi pequeña, solo mirándola, oliéndola, meciéndola, ofreciéndole mi sostén y mi alimento. Tengo que buscarla más, tengo que adorarla más.
Hoy estoy aquí escribiendo sobre todo esto porque como siempre, ellos me regalan tantas cosas... hoy un ratito para mí, para reflexionar, para escribir, para dedicarlo a este rincón que tenía entre telarañas. Tengo que buscarme más, tengo que adorarme más.
Si hago estas tres cosas, si les dedico el tiempo que necesito a Raúl, a Iara y a mí misma, todo seguirá fluyendo, estoy segura. Así que voy a hacerlo, sin darle más vueltas. Porque los tres nos lo merecemos.

;)
ResponderEliminar;)
EliminarCarol, que sepas que no solo te pasa a tí. En ocasiones yo me encuentro en la misma situación, y solo tengo a Minino (bueno a su padre, que también reclama su parte). Lo de apretar las mandíbulas, a mi me pasa, y también me doy miedo.
ResponderEliminarBesos.
Aixxxxx, tengo otro tema pendiente con su padre...!!! El pobre se está quedando con la parte más chiquitita del pastel... y encima no es la mejor! :( Pero poco a poco voy saliendo de este embrollo!! :)
EliminarUn abrazo fuerte Nereites!!
Me identifico totalmente, incluso lo describes tal cual lo pienso y siento.. eres una mujer muy especial, gracias por transmitir tanto en unas palabras, me contagias de energía y comprensión.. al final.. mujeres tan distantes pero tan semejantes. Gracias por compartir! Besos desde México!
ResponderEliminar